“Sabes por qué se caen las estrellas? Es culpa de Dios. Es Dios, que las pega mal…”
EG
“La alambrada”
A la media noche llegó, súbita, violenta, la orden de formar. Aquélla era la noche más helada de ese año y de muchos años, y una niebla enemiga enmascaraba todo.
A los gritos, a los culatazos, los presos fueron puestos cara contra el cerco de alambre que rodeaba las barracas. Desde las torretas los reflectores atravesaban la niebla y lentamente recorrían la larga hilera de uniformes grises, manos crispadas y cabezas rapadas a cero.
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