Robert Francis Kennedy, nació el 20 de noviembre de 1925 en Brookline, Massachussets
Bobby Kennedy, era el septimo de los nueve hijos de Joseph y Rose Kenndey y hermano del que fuera Presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy.
Fue uno de sus mejores consejeros y trabajó codo a codo con su hermano durante toda la carrera política de este.
Su legado más importante fue su contribución y apoyo al Movimiento Afro-Estadounidense por los Derechos Civiles. En el momento del asesinato de John, era Fiscal General del Estado, cargo al que renunció en 1964, para presentarse al Senado, escaño que obtuvo en las elecciones de noviembre, por el estado de Nueva York, tras haberse desmarcado de la politica de Lindon B. Johnson, por discrepancias con la politica de este referente a la Guerra de Vietnam.
En 1968, inició su campaña para la presidencia y tras derrotar a McCarthy en las primarias, fue tiroteado momentos despues de pronunciar su discurso tras este triunfo… era media noche del 5 de junio de 1968.
Murió el 6 de junio de 1968 en Los Ángeles, California
Algunas de sus frases:
El futuro no es un regalo, es una conquista.
Cada sociedad tiene el tipo de criminal que se merece.
Hay quienes miran a las cosas como son y preguntan “¿Por qué?”. Yo sueño con cosas que nunca han existido y pregundo “¿Por qué no?”.
Sólo aquellos que se atreven a dejar mucho puede lograr mucho.
Perdona siempre a tus enemigos, pero no olvides nunca sus nombres.
Una quinta parte de las personas están en contra de todo durante todo el tiempo.
Sólo el hombre prosaico se aferra todavía a la oscura y ponzoñosa superstición de que el mundo se acaba en la colina más cercana, su universo llega hasta la orilla del río, su humanidad queda encerrada en el estrecho círculo de aquellos que comparten su ciudad, sus puntos de vista o el color de su piel.
Las tragedias son una herramienta para ganar sabiduría en la vida, no una guía para vivir.
La vida en libertad propone fines, pero no prescribe medios.
El progreso es una bonita palabra. Pero el cambio es su motivador. Y el cambio tiene sus enemigos.
La gente dice que soy despiadado. No soy despiadado. Y si encuentro al hombre que me llama despiadado, voy a destruirlo.
Cuando los hombres toman la ley en sus propias manos, el perdedor es la ley. Y cuando el que pierde es la ley, la libertad pierde.
Solo aquellos que se atreven a arriesgar mucho, pueden lograr mucho.
El futuro no es un regalo: es un logro. Cada generación ayuda a hacer su propio futuro. Este es el reto esencial del presente.
Sabemos que si a un hombre se le niegan sus derechos, los derechos de todos están en peligro.
El problema del poder es cómo lograr un uso responsable de él sin caer en la irresponsabilidad y la indulgencia.
El valor moral es menos común que la valentía en la batalla o una gran inteligencia.
Las crueldades y los obstáculos de este planeta que cambia velozmente no cederán ante dogmas obsoletos y consignas agotadas.
Cada generación hace su propia contabilidad para sus niños.
Solo el hombre prosaico se aferra todavía a la oscura y ponzoñosa superstición de que el mundo se acaba en la colina más cercana, su universo llega hasta la orilla del río, su humanidad queda encerrada en el estrecho círculo de aquellos que comparten su ciudad, sus puntos de vista o el color de su piel.
Debemos reconocer la plena igualdad de todas las personas ante Dios y ante la ley, y en los cuerpos gubernamentales. Debemos hacerlo no porque resulte ventajoso económicamente, aunque lo es; no porque las leyes de Dios así lo dispongan, aunque así lo disponen, y no porque las gentes de otras tierras así lo deseen. Tenemos que hacerlo por la razón única y fundamental de que es lo correcto.
Vivimos en un mundo revolucionario y, por lo tanto, como he dicho en América Latina, Asia, Europa y Estados Unidos, son los jóvenes quienes deben tomar la iniciativa.
No se tienen en cuenta las realidades de la fe, la pasión y las creencias, fuerzas éstas que en última instancia son más poderosas que todos los cálculos de nuestros economistas o nuestros generales.
Tengo malas noticias para ustedes. Esta misma noche Martin Luther King ha sido asesinado a quemarropa. Para aquellos de vosotros que sois negros y que os sentís tentados de dejaros llevar por el disgusto y el odio por la injusticia de semejante acto contra todos los hombres blancos, sólo os puedo manifestar que siento en mi corazón el mismo sentimiento. Pero lo que necesitamos en Estados Unidos no es división; lo que necesitamos no es odio; sino amor y sabiduría y compasión hacia el prójimo, y un sentimiento de justicia hacia todos los que sufren, sean blancos o negros. Por ello, esta noche os voy a pedir que volváis a casa para rezar una oración por la familia de Martin Luther King, sin duda, pero también una oración por vuestro país, al que todos queremos tanto, un rezo por el entendimiento y la compasión de la que os he hablado. Dediquemos nuestro empeño a lo que los griegos escribieron hace ya tantos años: mitigar el salvajismo de los humanos e intentar hacer gentil la vida en este mundo.
Debemos dedicarnos a lo que escribieron los griegos hace tantos años: a domesticar el salvajismo del hombre y hacer amable la vida de este mundo.
Soy el séptimo de nueve hijos. Cuando uno no es de los primeros, aprende a luchar para sobrevivir.
Castigo no es prevención.
En primer lugar está el peligro de la futulidad: la creencia de que no hay nada que un hombre o una mujer puedan hacer contra la enorme variedad de males del mundo, contra la miseria y la ignorancia, la injusticia y la violencia. Cada vez que un hombre defiende un ideal, actúa para mejorar la suerte de otros, o lucha contra una injusticia, transmite una onda diminuta de esperanza. Esas ondas se cruzan con otras desde un millón de centros de energía distintos y se atreven a crar una corriente que puede derribar los muros más poderosos de la opresión y la intransigencia.”
El valor moral es menos común que la valentía en la batalla o una gran inteligencia.
La crítica más aguda a menudo va de la mano con el más profundo idealismo y el amor a la patria.
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