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      San Juan de la Cruz.-

      A la tarde nos examinarán en el amor

     

    Su verdadero nombre era Juan de Yepes.

    Nació el 124 de Junio de 1542 en Fontiveros (Avila) 

    Muere en Ubeda (Jaen) el 14 de Diciembre de 1591

     Su padre muere cuando Juan tenía seis años y a los nueve se traslada con su madre a Medina del Campo (Valladolid), donde con 17 años ingresa en el colegio de los Jesuitas a estudiar humanidades.

     En 1563 profesa en la orden religiosa de los Carmelitas, adoptando el nombre de Fray Juan de San Matías. Al año siguiente, marcha a Salamanca a estudiar Teología en la Universidad.

     En 1567, es ordenad sacerdote y adopta el nombre definitivo de San Juan de la Cruz. Conoce a Teresa de Jesús, su

    paisana y le integró en la reforma del Carmelo que ella había iniciado.

     En 1568, funda el primer convento de Carmelitas Descalzos, en la que se practicaba por encima de todo la contemplación y la austeridad.

     Algunos años después, debido a su reforma es acusado de apóstata y pasa 9 meses de dura prisión en un convento de Toledo. En aquel cautiverio nace una de sus más famosas obras: “Cantico espiritual”. Huye de esa prisión ayudado por Teresa de Ávila que intercede por el ante la Duquesa de Alba. Se refugia entonces en un convento de Jaén, terminando de redactar la reforma y funda varios conventos en Andalucía. Es aquí donde es nombrado Vicario Provincial de

    la orden de los Carmelitas.

     Tiene de nuevo enfrentamientos con la jerarquía religiosa y sufre nueva prisión en el convento de la Peñuela, en plena Sierra Morena, en donde culminó la escritura de sus principales obras literarias.

    Cuando por fin es excarcelado y se dispone a cumplir con el traslado que se le impone a América, el 14 de diciembre de 1591, muere a la edad de 49 años.

    135 años después, es elevado a la categoría de santo, por la iglesia católica.

     

    La obra poética de san Juan de la Cruz está inspirada en un profundo sentimiento religioso. A decir de algunos de sus biógrafos, su poesía en general tiene un estilo similar al bíblico “Cantar de los cantares” atribuido a Salomón.

     El estilo poético que imprime a su célebre “Cántico” (que algunos denominan “Cántico espiritual”), tiene un gran ritmo y musicalidad; compuesto a base de liras -estrofa ideada por Garcilaso- en las que mezcla y alterna versos heptasílabos y endecasílabos.

    Toda la obra de san Juan de la Cruz está impregnada de un gran misticismo simbolista; también rezuma un típico estilo de la poesía bucólica y pastoril.

    Hay quien afirma que su obra poética está cargada de una encriptado sensualidad e incluso de cierto erotismo. Son parecidas apreciaciones a las que algunos estudiosos creen adivinar en los textos bíblicos ya mencionados.

    Sus obras en verso, además del Cántico ya citado y descrito, son: “Noche oscura”; “Llama de amor viva”; y un conjunto de poemas menores

     

    Coplas del alma que pena por ver a Dios.

    Vivo sin vivir en mí
    y de tal manera espero,
    que muero porque no muero.

    1. En mí yo no vivo ya,
    y sin Dios vivir no puedo;
    pues sin él y sin mí quedo,
    este vivir ¿qué será?
    Mil muertes se me hará,
    pues mi misma vida espero,
    muriendo porque no muero.

    2. Esta vida que yo vivo
    es privación de vivir;
    y así, es continuo morir
    hasta que viva contigo.
    Oye, mi Dios, lo que digo:
    que esta vida no la quiero,
    que muero porque no muero.

    3. Estando ausente de ti
    ¿qué vida puedo tener,
    sino muerte padecer
    la mayor que nunca vi?
    Lástima tengo de mí,
    pues de suerte persevero,
    que muero, porque no muero.

    4. El pez que del agua sale
    aun de alivio no carece,
    que en la muerte que padece
    al fin la muerte le vale.
    ¿Qué muerte habrá que se iguale
    a mi vivir lastimero,
    pues si más vivo más muero?

    5. Cuando me pienso aliviar
    de verte en el Sacramento,
    háceme más sentimiento
    el no te poder gozar;
    todo es para más penar
    por no verte como quiero,
    y muero porque no muero.

    6. Y si me gozo, Señor,
    con esperanza de verte,
    en ver que puedo perderte
    se me dobla mi dolor;
    viviendo en tanto pavor
    y esperando como espero,
    muérome porque no muero.

    7. ¡Sácame de aquesta muerte
    mi Dios, y dame la vida;
    no me tengas impedida
    en este lazo tan fuerte;
    mira que peno por verte,
    y mi mal es tan entero,
    que muero porque no muero.

    8. Lloraré mi muerte ya
    y lamentaré mi vida,
    en tanto que detenida
    por mis pecados está.
    ¡Oh mi Dios!, ¿cuándo será
    cuando yo diga de vero:
    vivo ya porque no muero?

     

     
    Noche oscura

    1. En una noche oscura,
    con ansias, en amores inflamada
    ¡oh dichosa ventura!,
    salí sin ser notada
    estando ya mi casa sosegada.

    2. A oscuras y segura,
    por la secreta escala disfrazada,
    ¡Oh dichosa ventura!,
    a oscuras y en celada,
    estando ya mi casa sosegada.

    3. En la noche dichosa
    en secreto, que nadie me veía,
    ni yo miraba cosa,
    sin otra luz y guía
    sino la que en el corazón ardía.

    4. Aquésta me guiaba
    más cierto que la luz del mediodía,
    adonde me esperaba
    quien yo bien me sabía,
    en parte donde nadie parecía.
    Coplas hechas sobre un éxtasis de harta contemplación.

     

    Entréme donde no supe:
    y quedéme no sabiendo,
    toda ciencia trascendiendo.

    1. Yo no supe dónde estaba,
    pero, cuando allí me vi,
    sin saber dónde me estaba,
    grandes cosas entendí;
    no diré lo que sentí,
    que me quedé no sabiendo,
    toda ciencia trascendiendo.

    2. De paz y de piedad
    era la ciencia perfecta,
    en profunda soledad
    entendida, vía recta;
    era cosa tan secreta,
    que me quedé balbuciendo,
    toda ciencia trascendiendo.

    3. Estaba tan embebido,
    tan absorto y ajenado,
    que se quedó mi sentido
    de todo sentir privado,
    y el espíritu dotado
    de un entender no entendiendo.
    toda ciencia trascendiendo.

    4. El que allí llega de vero
    de sí mismo desfallece;
    cuanto sabía primero
    mucho bajo le parece,
    y Su ciencia tanto crece,
    que se queda no sabiendo,
    toda ciencia trascendiendo.

    5. Cuanto más alto se sube,
    tanto menos se entendía,
    que es la tenebrosa nube
    que a la noche esclarecía:
    por eso quien la sabía
    queda siempre no sabiendo,
    toda ciencia trascendiendo.

    6. Este saber no sabiendo
    es de tan alto poder,
    que los sabios arguyendo
    jamás le pueden vencer;
    que no llega su saber
    a no entender entendiendo,
    toda ciencia trascendiendo.

    7. Y es de tan alta excelencia
    aqueste sumo saber,
    que no hay facultad ni ciencia
    que la puedan emprender;
    quien se supiere vencer
    con un no saber sabiendo,
    irá siempre trascendiendo.

    8. Y, si lo queréis oír,
    consiste esta suma ciencia
    en un subido sentir
    de la divinal esencia;
    es obra de su clemencia
    hacer quedar no entendiendo,
    toda ciencia trascendiendo.
    5. ¡Oh noche que guiaste!
    ¡Oh noche amable más que la alborada!
    ¡Oh noche que juntaste
    Amado con amada,
    amada en el Amado transformada!

    6. En mi pecho florido
    que entero para él sólo se guardaba,
    allí quedó dormido,
    y yo le regalaba,
    y el ventalle de cedros aire daba

    7. El aire de la almena,
    cuando yo sus cabellos esparcía,
    con su mano serena
    en mi cuello hería
    y todos mis sentidos suspendía.

    8. Quedéme y olvidéme,
    el rostro recliné sobre el Amado,
    cesó todo y dejéme,
    dejando mi cuidado
    entre las azucenas olvidado.
    Llama de amor viva.-
    1. ¡Oh llama de amor viva,
    que tiernamente hieres
    de mi alma en el más profundo centro!
    Pues ya no eres esquiva,
    acaba ya, si quieres;
    ¡rompe la tela de este dulce encuentro!

    2. ¡Oh cauterio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
    que a vida eterna sabe,
    y toda deuda paga!
    Matando. muerte en vida la has trocado.

    3. ¡Oh lámparas de fuego,
    en cuyos resplandores
    las profundas cavernas del sentido,
    que estaba oscuro y ciego,
    con extraños primores
    calor y luz dan junto a su Querido!

    4. ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno,
    donde secretamente solo moras
    y en tu aspirar sabroso,
    de bien y gloria lleno,
    cuán delicadamente me enamoras!

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    This entry was posted on Domingo, diciembre 14th, 2008 at 2:37 and is filed under Poesia. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.
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    1. Posted on diciembre 14th

      Información Bitacoras.com…

      Si lo deseas, puedes hacer click para valorar este post en Bitacoras.com. Gracias….

    2. Posted on diciembre 14th

      Triana, “entre azusenas olvidado” cuantas veces en un arrebato no quisiéramos
      inflamarnos.
      El Cantar de los Cantares de Salomón y la poesia mística, la sensualidad einos llama encendida.
      Un abrazo matutino para abrir glroria.
      Sergio Astorga

    3. Posted on diciembre 14th

      Gacias Sergio, no es la mistica lo mio, pero creo que Juan de la Cruz bien merece ser considerado como uno de los grandes de la poesía en España y tambien creo que un poco de espiritualidad, sin trances ni arrobamientos, no nos vendría mal a nadie.

      Un abrazo de frio domingo sevillano.

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