
“…Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad…”
Blas de Otero
Para los vivimos nuestra adolescencia-juventud en aquella dura década de 1970, Blas de Otero era uno de nuestros poetas necesarios, sobre todo los que hicimos caso a Gabriel Celaya cuando decía que “… la poesía es un arma cargada de futuro… necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos treinta veces por minuto…”. Han pasado casi cuarenta años y la poesía de Blas de Otero vuelve a mi memoria, más viva y más necesaria que nunca.
Hoy releyendo uno de sus libros, he recordado un poema que Manuel Rico le dedicó en su, libro “Donde nunca hubo ángeles” que quiero compartir para quienes no lo conozcan y lo recuerden los que si.
“El poeta delgado”
Fotografía de la propia memoria: Blas de Otero,
en el centro del corro, en un almuerzo colectivo
el 1 de mayo de 1979 en la Casa de Campo.
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