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José María Jurado: La destrucción o el Amor

abril 2, 2026


[…] Veías refugiados caminar hacia ninguna parte,
oías a los verdugos cantar
alegremente.
Deberías alabar al mundo herido…

Adam Zagajewski

Gracias José María, por esta belleza y por permitirme compartirlo.

«La destrucción o el Amor»

Me asomo al móvil y veo caer los drones, fuego y destrucción, sobre la Iglesia de San Andrés de Leópolis, la ciudad de dos de los más grandes poetas polacos, Adam Zagajewski y Zbigniew Herbert, con quienes tanto he divagado en verso y prosa por sus calles llenas de encanto centroeuropeo. ¿Es mi mundo o no es mi mundo el que está ardiendo? Apenas paso el dedo y en la misma pantalla veo el cuerpo de un hombre que yace entre tinieblas, desangrándose, en la penumbra morada de San Andrés de Sevilla. ¿En qué Gólgota ha muerto este Cristo de la Caridad, en el de Jerusalén o en el de Ucrania? ¿Es o no es mi mundo?

Dos mil años después, las insidias de un imperio y unos clérigos fanáticos siguen haciendo manar la Sangre del Cordero. En el nombre de Dios corrió la sangre de miles de inocentes por las calles de Teherán. En el nombre de Dios, unos presbíteros protestantes han bendecido la furia épica de un Nerón. ¿No es esto mi mundo también?

En el Imperio global de los Austrias, Sevilla fue a la vez Roma triunfante, Jerusalén liberada y la primera Nueva York. Hoy, en la aldea global del metaverso, todo está a la vez en todas partes. Todas las calles son el estrecho de Ormuz. ¿Ese misil, esa ojiva supersónica sobre los desiertos de Arabia, no cae también, alminar y palmera, sobre la plaza de Ponce de León? ¿Y por quién llora esta madre, esta Señora de las Lágrimas, bajo las ojivas góticas de Santa Catalina? ¿No es el mismo rostro de las madres palestinas que apartamos porque no podemos soportar la visión de su hijo muerto entre los brazos? ¿No es el mismo rostro de la madre israelí que vio a su hijo partir a un festival de música y no volver?

Nuestra mirada, dulcemente dormida, casi narcotizada entre marchas de palio y efluvios de incienso y azahar, apenas percibe ya en las imágenes sagradas que saldrán estos días a la calle, la sombra contenida del dolor. Montañés, Juan de Mesa o la Roldana, como todo el barroco andaluz, ungieron sus imágenes con los óleos de la divinidad, pero en sus tallas todavía la carne tiembla en la madera. Por eso sobrecoge la sombra en una esquina del Gran Poder o la serenidad mayestática de Pasión. Los sevillanos del siglo XVII, del XIX, veían en sus vírgenes y cristos la transustanciación de sus sufrimientos, pero ellos no ignoraban -no podían cambiar de pantalla-, el dolor diario de su mundo.

La nochebuena de 1914 se produjo un milagro en los frentes de la Gran Guerra, los soldados abandonaron sus siniestras trincheras y dejaron de ser enemigos por unas horas. Era más de lo que el alto mando podía asumir. Enseguida se dictaron instrucciones para evitar que se repitiera aquel desmán, los señores de la guerra no podían soportar que el nacimiento de un niño inerme paralizara su máquina de destrucción. Si la Navidad fue siempre un tiempo de tregua y esperanza, ¿no ha de serlo también, con más razón e intensidad, la Semana Santa? La escena de Belén es un preludio de la Pasión de Cristo: los pañales, el paño de pureza de nuestros crucificados.

Por las mismas pantallas por las que surcan los aviones de combate, las imágenes de nuestras cofradías darán un año más la vuelta al mundo. Me resisto a pensar que la Semana Santa sea una colección de holy cards en los teléfonos del universo. Las cofradías, en nuestro tiempo, salen a dar paz y esperanza más allá de su barrio, más allá del centro y la carrera oficial. Así, este Domingo de Ramos la Paz debió ser algo más que la blanca cofradía que inunda con su resplandor argénteo el Parque de María Luisa entre globos y flores bajo un cielo esmaltado. Porque la paz de los cristianos no puede ser la paz de la política ni tampoco la pax de los ejércitos. Va mucho más allá del «no a la guerra» y del imperativo levítico del «no matarás». Demanda la mansedumbre del corazón y aun el amor a los enemigos, el perdón hasta el extremo. ¿No habéis visto en la misma tarde del domingo cómo apoya el Señor de la Humildad y Paciencia la otra mejilla en la mano, la que seguro ofrecerá a su abofeteador?

Toda la inexplicable mística de los pasos de misterio, la dulzura de las vírgenes y el vigoroso candor de nuestros Cristos dictan una lección de humanísima teología que a su modo repetirán las redes sociales y las televisiones. Se preguntaba Stalin cuántas divisiones tenía el Papa; ¿pero hay en el mundo un ejército comparable a los cincuenta mil nazarenos que marchan portando sus estandartes de blanca luz?

En la primera noche de los días sagrados, cuando Cristo se abismó crucificado por la rampa del Salvador y su imagen se multiplicó interminablemente, otra vez la sangre del pelícano interpeló a este mundo en guerra, a cada uno de nosotros para preguntarnos qué escogemos, ¿la destrucción o el Amor?

José María Jurado García-Posada

Publicado en Tribuna Abierta – Diario ABC de Sevilla, 2 de abril de 2026


*La primera imagen es El Cristo de la Hermandad del Amor, en su Iglesia del Salvador; la segunda es el palio de la Virgen de la Paz a su paso por el Parque de María Luisa. Ambos procesionaron el Domingo de Ramos.

José María Jurado García-Posada nació en Sevilla, el 15 de julio de 1974.
Escritor, ingeniero de telecomunicación, poeta, ensayista y crítico literario.
Buen conocedor de la obra de Bécquer, cuya figura y época ha glosado en ABC de Sevilla, periódico del que es colaborador habitual, en 2020 coordinó los homenajes al poeta sevillano del Real Círculo de Labradores de Sevilla y dirigió la publicación colectiva De la estirpe de Bécquer. Los poetas de Sevilla recuerdan a Gustavo Adolfo Bécquer en el CL Aniversario de su muerte. Asimismo es autor de una obra de teatro titulada La muerte de Bécquer (2020), que recrea los sucesos acontecidos tras la muerte del poeta que dieron origen a su gloria posterior. En 2023 ha publicado un sorprendente y magnífico libro Bécquer 1862 – Un paseo por Sevilla.
Actualmente colabora con la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla en la elaboración de los programas divulgativos del ciclo de conciertos.
Tiene entre otros:
El Premio FAS de Cáceres en 1987.
Accésit en el Miguel Serrano, de Cáceres, en 1991.
Premio Valbón de Valencia de Alcántara, en 1993.
Accésit P. Gabriel y Galán en 1996.
Premio Isabel de España en 1997).
Ha sido finalista de los premios de poesía: Loewe en 2008 y Adonáis en 2007.

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Bibliografía:

«La Memoria Frágil» – Ed. Diputación de Cáceres, 2009.

«Plaza de Toros» – Ed. Isla de Siltolá Sevilla, 2010. (obra ilustrada por el artista gráfico Pablo Pámpano)

«Cúpulas y Capiteles – Relatos – Ed. Isla de Siltolá, 2011.

«Poesía para niños de 4 a 120» coautor junto a Jesús Cotta y Javier Sánchez Menéndez – Ed. Isla de Siltolá, 2009.

«Una copa de Haendel» Ed. Isla de Siltolá, 2013.

«Gusanos de Seda» – Edición del autor – 2016

«Herbario de sombras» (2019)

«La muerte de Bécquer» (2020

«Cuaresma» (2021)

«Bécquer 1862 – Un paseo por Sevilla», 2023

«Viaje de invierno (El lector de almanaques)», 2025

Blogs de José María Jurado:

La columna toscana: AQUÍ

El lector de almanaques: AQUÍ

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