
[…] En los odres de las sábanas hinchadas
en los que respira la noche entera
el poeta siente que sus cabellos
crecen y se multiplican…
AA
Recordando al escritor francés en el aniversario de su muerte.
«Correspondencia de la momia»
Esa carne que ya no se tocará en la vida,
esa lengua que ya no logrará abandonar su corteza,
esa voz que ya no pasará por las rutas del sonido,
esa mano que ha olvidado hasta el ademán de tomar, que ya no logra determinar el espacio
en el que ha de realizar su aprehensión,
ese cerebro en fin cuya capacidad de concebir ya no se determina por sus surcos,
todo eso que constituye mi momia de carne fresca da a dios una idea del vacío en que la compulsión
de haber nacido me ha colocado.
Ni mi vida es completa ni mi muerte ha fracasado completamente.
Físicamente no existo, por mi carne destrozada, incompleta, que ya no alcanza a nutrir mi pensamiento.
Espiritualmente me destruyo a mí mismo, ya no me acepto como vivo. Mi sensibilidad está a ras del suelo, y poco falta para que salgan gusanos, la gusanera de las construcciones abandonadas.
Pero esa muerte es mucho más refinada, esa muerte multiplicada de mí mismo reside en una especie de rarefacción de mi carne.
La inteligencia ya no tiene sangre. El calamar de las pesadillas da toda su tinta, la que obstruye las salidas del espíritu; es una sangre que ha perdido hasta sus venas, una carne que ignora el filo del cuchillo.
Pero de arriba a abajo de esta carne agrietada, de esta carne no compacta, circula siempre el fuego virtual. Una lucidez enciende de hora en hora sus ascuas que retornan a la vida y sus flores.
Todo lo que tiene un nombre bajo la bóveda compacta del cielo, todo lo que tiene un frente, lo que es el nudo de un soplo y la cuerda de un estremecimiento, todo eso pasa en las rotaciones de ese fuego en el que se asemejan las olas de la carne misma, de esa carne dura y blanda que un día crece como un diluvio de sangre.
La habéis visto a la momia fijada en la intersección de los fenómenos, esa ignorante, esa momia viviente que lo ignora todo de las fronteras de su vacío, que se espanta de las pulsaciones de su muerte.
La momia voluntaria se halla levantada, y a su alrededor se agita toda realidad. La conciencia como una tea de discordia, recorre el campo entero de su virtualidad obligada.
Hay en esa momia una pérdida de carne, hay en el sombrío lenguaje de su carne intelectual toda una impotencia para conjurar esa carne. Ese sentido que recorre las venas de esa carne mística, en la que cada sobresalto es un modo de mundo y otra especie de engendrar, se pierde y se devora a sí misma en la quemadura de una nada errónea.
¡Ah! ser el padre nutricio de esa sospecha, el multiplicador de ese engendrar y de ese mundo en su devenir, en sus consecuencias de flor.
Pero toda esa carne es sólo comienzos y ausencias y ausencias y ausencia…
Ausencias.
Antonin Artaud, 1927
Traducción de Aldo Pellegrini
Poema original en francés:
«Correspondance de la momie»
Cette chair qui ne se touche plus dans la vie,
cette langue qui n’arrive plus à dépasser son écorce,
cette voix qui ne passe plus par les routes du son,
cette main qui a oublié plus que le geste de prendre, qui n’arrive plus à déterminer l’espace où elle réalisera sa préhension,
cette cervelle enfin où la conception ne se détermine plus dans ses lignes,
tout cela qui fait ma momie de chair fraîche donne à dieu une idée du vide où la nécessité d’être né m’a placé.
Ni ma vie n’est complète, ni ma mort n’est absolument avortée.
Physiquement je ne suis pas, de par ma chair massacrée, incomplète, qui n’arrive plus à nourrir ma pensée.
Spirituellement je me détruis moi-même, je ne m’accepte plus vivant. Ma sensibilité est au ras des pierres, et peu s’en faut qu’il n’en sorte des vers, la vermine des chantiers délaissés.
Mais cette mort est beaucoup plus raffinée, cette mort multipliée de moi-même est dans une sorte de raréfaction de ma chair. L’intelligence n’a plus de sang. La seiche des cauchemars donne toute son encre qui engorge les issues de l’esprit, c’est un sang qui a perdu jusqu’à ses veines, une viande qui ignore le tranchant du couteau.
Mais du haut en bas de cette chair ravinée, de cette chair non compacte circule toujours le feu virtuel. Une lucidité allume d’heure en heure ses braises, qui rejoignent la vie et ses fleurs.
Tout ce qui a un nom sous la voûte compacte du ciel, tout ce qui a un front, — ce qui est le nœud d’un souffle et la corde d’un frémissement, tout cela passe dans les girations de ce feu où se rebroussent les vagues de la chair même, de cette chair dure et molle et qui un jour monte comme le déluge d’un sang.
L’avez-vous vue la momie figée dans l’intersection des phénomènes, cette ignorante, cette vivante momie, qui ignore tout des frontières de son vide, qui s’épouvante des pulsations de sa mort.
La momie volontaire est levée, et autour d’elle toute réalité bouge. Et la conscience, comme un brandon de discorde, parcourt le champ entier de sa virtualité obligée.
Il y a dans cette momie une perte de chair, il y a dans le sombre parler de sa chair intellectuelle tout un impouvoir à conjurer cette chair. Ce sens qui court dans les veines de cette viande mystique, dont chaque soubresaut est une manière de monde, et un autre genre d’enfantement, se perd et se dévore lui-même dans la brûlure d’un néant erroné.
Ah! être le père nourricier de ce soupçon, le multiplicateur de cet enfantement et de ce monde dans ses déduits, dans ses conséquences de fleur.
Mais toute cette chair n’est que commencements et qu’absences, et qu’absences, et qu’absences…
Absences.
Antonin Artaud, 1927
Antoine Marie Joseph Artaud, conocido como Antonin Artaud, nació en Marsella, Francia, el 4 de septiembre de 1896.
Poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, director escénico y actor, es autor de una extensa obra que abarca la mayoría de los géneros literarios.
Heredero del dadaísmo, formó parte posteriormente del movimiento surrealista.
Con cuatro años de edad padeció una grave meningitis, que le dejó como secuela un temperamento nervioso e irritable, que podría haberse asociado a los síntomas de una neurosífilis, adquirida de uno de sus padres. El dolor físico y un comportamiento de paranoico, no le permitirían nunca llevar una vida normal, y le obligarían a ingresar y pasar largas estancias, de forma periódica en distintos sanatorios mentales, la más prolongada y trágica, los nueve años que permaneció encerrado en El Havre, Villejuif y Rodez, entre 1937 a 1946, tiempo en el que se le aplicó el tratamiento de terapia electroconvulsiva que acabaría por hundirle físicamente. Sus amigos lograron sacarle, volviendo a París, donde viviría durante tres años.
Sus primeros libros de poesía, que abandonaría más tarde decepcionado, están construidos con un magnífico preciosismo poético, en L’ombilic des limbes (El ombligo de los limbos), de 1925, y en Le Pèse-Nerfs (El pesa-nervios) se deja ver ya el carácter explosivo de su obra posterior.
Sobre todo es reconocido como el creador del teatro de la crueldad (El teatro y su doble, 1938 y Manifiesto del teatro de la crueldad, 1948), habiendo ejercido una gran influencia en el teatro mundial posterior.
Trabajó como actor en 22 películas, durante las décadas de 1920 y 1930, de las que sobresalen: Napoléon, de Abel Gance, y La pasión de Juana de Arco, de Carl Theodor Dreyer.
Debido a la influencia que su obra ejerció y por sus ideas dramáticas y vanguardistas, se le ha considerado el padre del teatro moderno.
En enero de 1948 fue diagnosticado con cáncer colorrectal, muriendo poco después, el 4 de marzo de 1948, solo, en una clínica psiquiátrica al pie de su cama agarrando su zapato. Se sospechó que murió de una dosis letal de hidrato de cloral, pero se desconoce si era consciente de su letalidad.
Sus últimas palabras escritas fueron:
[…]de continuer à faire de moi cet envoûté éternel etc. etc (… de seguir convirtiéndome en ese hechizado eterno etc etc.)
Bibliografía:
L’ombilic des limbes (El ombligo de los limbos), Editions de La Nouvelle Revue Française, París, 1925.
Le pèse-nerfs (El pesa-nervios.), Leibovitz, París, 1925.
La coquille et le clergyman (1927)
L’art et la mort, Denoël, París, 1929.
Le moine, de Lewis, raconté par Antonin Artaud, Denoël & Steele, París, 1931.
Héliogabale ou l’anarchiste couronné, Denoël & Steele, París, 1934. Titulado en castellano (Heliogábalo o el anarquista coronado). Traducción de Víctor Goldstein
Les nouvelles révélations de l’être, Denoël, París, 1937.
Le théâtre et son double, Gallimard, París, 1938.
D’un voyage au pays des Tarahumaras, Editions de la revue Fontaine, París, 1945.
Van Gogh le suicidé de la société, K éditeur, París, 1947.
Artaud le Mômo, Bordas, París, 1947.
Ci-Gît précédé de La culture indienne, K éditeur, París, 1947.
Pour en finir avec le jugement de Dieu, K éditeur, París, 1948.
Les Cenci in Œuvres complètes, Gallimard, 1964.
Nouveaux écrits de Rodez, Gallimard, 1977.
Oeuvres, Quarto Gallimard, 2004.
También se encuentran los 28 tomos de las obras completas, impresos por Gallimard.

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