Narrativa, Relatos Breves

José López Prudencio: La faja y el ángelus

enero 5, 2009


«Lo que hizo la gente extremeña no cabe en los límites de la Historia de España.
Pertenece a los dominios de la Historia Universal».
López Prudencio

«La faja y el ángelus»

La tarde está opaca, cenicienta, fría; llueve copiosamente; la lluvia abrillanta los tejadillos de la catedral que se empinan tras de las toscas almenas, unas almenas adustas y feudales que festonean los recios muros como único alarde de crestería y cornisamiento; bajo el almenar, de trecho en trecho,en vez de gárgolas, grifos o dragones, hay unos canalones de hierro; por cada uno de ellos, en esta tarde encapotada, brolla espumoso raudal que, en amplia comba, cae con estrépito sobre los guijos de la plazoleta, destacando el verde de las finas yerbecitas que crecen entre sus junturas.
Ha acabado el coro; en el zaguanete de la puerta de San Blas aparece nuestro clérigo embozándose, recogiendo sus manteos y su ancho balandrán; abre el enorme paraguas encarnado, y guarecido bajo su amplia copa, se arriesga al descenso de la escalinata de granito y a la travesía de la plazoleta, sorteando los copiosos surtidores de los canalones; gana la acera y, con toda la precipitación que le permiten sus pies nudosos y torpes, se refugia en su casa, renunciando al cotidiano paseo con dulce resignación.
En estas tardes es cuando más utiliza nuestro clérigo este pequeño librito. Él es el encargado de hacer todos los años la cartilla litúrgica de la diócesis; ¡de cuántas dudas le ha sacado este folletito viejo con su alfabeto gótico, el de los manuscritos del siglo XIII al XVI, el del misal mozárabe de Toledo y hasta la tabla de la numeración antigua! Sentado a la camillita que pone junto a la ventana para aprovechar la luz, ante todo, rompe la faja de El Correo Español, su única pasión, su única lectura recreativa; lo desdobla pausadamente, lo lee con detención desde la primera línea hasta la última; ¿cómo no leerán este periódico todos los españoles? ¡Ah! Por la contumacia maldita de no leerlo, se explica nuestro clérigo todos los males que afligen a este pobre país. Desalentado, entristecido con esta consideración, aparta el periódico y se entrega de lleno a su alta, a su grave, a su difícil y trabajosa misión de confeccionar la cartilla y a contestar las cartas de los clérigos que le piden ejemplares; para toda esta labor consulta a menudo nuestro librito, y el dato más interesante, el hallazgo que más le satisface, el que más ha de utilizar, lo registra con la fragmentaria faja de El Correo: esta misma faja que yo he encontrado entre las páginas amarillentas señalando su último hallazgo.
Cae la tarde; la luz se va enrareciendo y ya no le permite proseguir su tarea; la lluvia prosigue su téntiga salmodia; nuestro clérigo queda pensativo contemplando los terrosos muros de enfrente, la puerta chiquita que da a un patinillo sombrío y empedrado; por allí se entra a las bodegas, a los extensos y numerosos alfolíes, laneros, bodegas que allá, en los tiempos florecientes de la piedad española, se atestaban con los pingües bastimentos de aceites, lanas, granos y demás copiosos frutos que rendían las fecundas dehesas del cabildo.
Solemnes y reposadas suenan en la torre las campanadas del Ángelus, interrumpiendo las dulces meditaciones de nuestro clérigo; se levanta, y buscando en sus enormes bolsillos el rosario, se va con pasitos lentos y torpes a la habitación donde le esperan las señoras silenciosas, enmantonadas, envueltas en la penumbra y en un suave perfume de manzana que se quema en el brasero. El golpeteo uniforme de la lluvia se une a la solemne monotonía del rezo como el rudo acompañamiento de un órgano misterioso, ancestral, de edades primitivas, lejanas…

José Lopez Prudencio

José Lopez Prudencio nació en Badajoz en 1870.
La importancia de López Prudencio supera el ámbito muy reducido de la literatura regionalista: como hombre de cultura, como crítico y ensayista se confunde con el frente de investigadores y eruditos que prolongan la mejor tradición del XIX.
Se entregó a la nostalgia extremeñista al tiempo que publicaba artículos periodísticos y certeras críticas literarias -sorprende su capacidad para asimilar algunas innovaciones estéticas- y obras de carácter erudito, como la edición del teatro de Diego Sánchez de Badajoz.
Murió en 1949.

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No Comments

  • Reply Bitacoras.com enero 5, 2009 at 3:58 am

    Información Bitacoras.com…

    Si lo deseas, puedes hacer click para valorar este post en Bitacoras.com. Gracias….

  • Reply sergio astorga enero 5, 2009 at 8:36 pm

    Triana, «se entregó a la nostalgia extremeñista» es una lindura, es como ser campana de la torre de algun campanario. Yo quisiéra sonar como campana y decir como Prudencio, la luz se va enardeciendo y la lluvia cae monotona por el camino.
    Un nostálgico abrazo.
    Sergio Astorga

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  • Reply Triana enero 5, 2009 at 10:11 pm

    Estos días como puedes comprobar estoy un poco nostálgica de mi niñez, estoy viendo la calle de San Blás y lo que el clérigo veía desde esa ventana de la catedral, en la esquina que hoy lleva el nombre del autor, y hoy aunque renovado ese espacio del centro de Badajoz, está practicamente igual que hace 60 años.
    Un abrazo con nostalgia pero sin tristeza.

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