
«Contra la noche sin cuerpo
se desgarra y se abraza
la pena sola…»
OP
«Olvido»
Cierra los ojos y a obscuras piérdete
bajo el follaje rojo de tus párpados.
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«Contra la noche sin cuerpo
se desgarra y se abraza
la pena sola…»
OP
Cierra los ojos y a obscuras piérdete
bajo el follaje rojo de tus párpados.
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«Déjame, pensamiento, déjame,
mañana seré tuyo,
volveré a ser tu presa.
Pero hoy,
mientras la luz araña en los árboles y pide
una oportunidad,
quiero que me recoja la inútil primavera…»
LGM
Ese perdido reino
donde cualquier política tiene forma de beso, Continue Reading…

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Nació en en Two Harbors, Minnesota, Estados Unidos, en 1962.
Ha sido influenciado por los academicistas y el impresionismo francés del siglo XIX. Continue Reading…
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Situado en el centro de la cápital pacense, recobra su belleza tras muchos años de descuido y abandono. Continue Reading…
«Como una barca se me fue el deseo.
Como una absurda barca
llena de besos y de piel madura…»
Se cumplen 25 años de la muerte del eterno candidato del Premio Nobel de Literatura que nunca llegó a alcanzar, en nuestra memoria su valioso legado literario, como muestra uno sus más bellos poemas:
La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que no son aún la tiniebla.
Buenos Aires,
que antes se desgarraba en arrabales
hacia la llanura incesante,
ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,
las borrosas calles del Once
y las precarias casas viejas
que aún llamamos el Sur.
Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
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«Cuando nace un hombre
siempre es amanecer aunque en la alcoba
la noche pinte negros cristales…»
Yo no iba sola entonces. Iba llena
de ti y de mí. Colmada, verdecida,
me erguía como grávida montaña
de tierra fértil donde la simiente
se esponja y apresura para el brote.
Era mi carne, tensa y ahuecada,
nido cerrado que abrigaba el vuelo
de un ala sin plumón y con grillete:
casi cristal y casi sueño. Tierna.
Iba llena de gracia por los días
desde la anunciación hasta la rosa.
Pero ellos no podían, ciego, brutos,
respetar el portento.
Rugieron. Embistieron encrespados.
Lanzaron sobre mí y mi contenido
un huracán de rayos y metralla.
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