El odiaba lo de los «días de», se enfadaba, cosa muy rara en él, cuando llegaba el 19 de marzo y alguno de mis hermanos o yo le felicitábamos…
– Soy tu padre todo el año… decía casi con genio
Sin embargo hoy, cuando por todas partes leo: «Dia del Padre», no puedo evitar sentir el dolor de su ausencia, solo material, porqué el está siempre conmigo, la necesidad de que me abrace como cada vez que llegaba, escuchar música con él, hacer crucigramas a medias y «cuchichear» a espaldas de mi madre, con la complicidad que siempre tuvimos.
Tenía unos preciosos ojos azules, una sonrisa que nunca perdió, era la mejor persona que he conocido y la que más me ha querido en toda mi vida.
Te quiero papá.

















