Poesia

Yosa Buson: Sus haikus, sus frases y su pintura

diciembre 25, 2011

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Yosa Buson

Haikus:

«Bosque de Bambú»

Pasó el ayer,
pasó también el hoy:
se va la primavera.

La flor del té,
¿es blanca o amarilla?
Perplejidad.

Melancolía,
más que el año pasado:
tarde de otoño.

Lluvias de mayo.
Y enfrente del gran río
un par de casas.

Un aguacero.
Se agarran a las yerbas,
los gorriones.

Niña muda
convertida en mujer:
ya se perfuma.

Incluso mi esposa
actúa como una forastera,
esta mañana de primavera.

Poemas:

Primavera

Encender una vela
Con otra vela;
Una noche de primavera.

El halo de la luna, –
¿No es el aroma del ciruelo
Elevándose al cielo?

Acercando el brasero
A los pies,
Parece tan lejos del corazón.

Lentos días pasando, acumulándose,
¡Que lejos están,
Las cosas del pasado!

Sacos de semillas
Mojados
Por la lluvia primaveral.

La primera helada del año;
Mirando a la grulla enferma
A lo lejos.

Labrando el campo:
La nube que nunca se movió
Ha desaparecido.

El sol en el ocaso
Pisa la cola
Del faisán cobrizo.

Sobre la campana del templo
Duerme
La mariposa.

La golondrina desciende
Sobre el cuadro de Otsu,
y sale volando.

De regreso a casa
Después de matar un faisán, –
El sol aún está alto.

La urraca está cantando,
Su pequeña boca
Abierta.

Tras de mí,
Viejo y débil,
Flores esparciéndose.

Con cada pétalo que cae,
Las ramas del ciruelo
Envejecen.

Un campo de flores de colza:
El sol en el oeste,
La luna en el este.

Yendo a mirarlas,
Las flores del cerezo en la noche
Se han convertido en fruto.

La primavera alejándose
Duda
En las tardías flores del cerezo.

Te vas, –
¡Qué largo el camino!
¡Qué verdes los sauces!

Esto es todo:
El camino acaba
En el huerto.

Verano

Puedes ver la brisa de la mañana
Soplando en los pelos
De la oruga.

Con la brisa de la tarde,
El agua lame
Las patas de la garza real.

Un repentino chaparrón de verano;
Los gorriones de la aldea
Se agarran a las hierbas.

Qué felicidad,
Cruzar este río en verano,
Las sandalias en la mano!

Las chispas del cantero
Se alejan flotando
En el agua clara.

La corta noche;
En el bajío permanece
La luna creciente.

El cambio de ropa;
Lo que parecía un mundo de dolor y aflicción
Qué pronto olvidado.

Los ermitaños son seres humanos;
El kankodori
Es un pájaro.

Lleno de esperanza y promesa.
El castillo en la cima,
Cubierto de verdes hojas.

¡Corta la avena que hay delante de la ventana!
¡Déjame ver
Las montañas lejanas!

Ciruelas verdes;
Las cejas de la belleza
Se juntan.

Las voces de la gente de la aldea
Regando los campos;
La luna de verano.

Después de cortar la peonía,
Me sentí exhausto,
Aquella noche.

Otoño

El principio del otoño;
¿Qué es lo que el adivino
Mira con tanta sorpresa?

Sorprendida
Por la pobreza,
Esta mañana de otoño.

Alguien llegó,
y visitó a alguien;
Una noche de otoño.

Blanco rocío en la zarza;
Una gota
En cada espina.

Los pasos anhelados
Están lejos,
Sobre las hojas caídas.

La luna en el más alto cielo,
yo atravieso
Un pobre barrio.

Rapó al salteador de caminos,
Y lo convirtió en su discípulo,
En un viaje de otoño.

El sol oblicuo:
La sombra de una colina con un ciervo en ella
Entra por la puerta del templo.

Renunciando al mundo,
Las hojas e otoño
En la aldea de mis padres.

Tú que cultivas crisantemos
Eres esclavo
De los crisantemos.

El sendero a través de los campos;
Las flores del ciruelo apenas son blancas,
Tampoco rojas.

La mesa de los espíritus;
Desmontándola,
La misma habitación que antes.

Yosa Buson

Sus frases:

Acá y allá escuchan la cascada jóvenes hierbas.

Al claro de luna el ciruelo blanco parece un árbol en invierno.

Al trabajo de la tierra. El hombre que preguntó por el camino desapareció.

Al oscurecerse el monte, arrebata el granate a las hojas del arce.

Al trabajo en el campo la nube que nunca se movía también fue.

Al agua arrasa y es como de noche en cada terreno cultivado.

Atardecer otoñal. La soledad también es bienestar.

Al trabajo de la tierra desde las alturas del templo viene el canto del gallo.

Ante el crisantemo blanco las tijeras dudan un instante.

Aún más conmovedoras a la luz de linternas las oraciones en noches frías.

Bajo la brisa del atardecer el agua chapotea en las patas de la garza.

Bajando los campos sembrados saturándolos el agua en otoño.

Bajo la lluvia de verano el sendero desapareció.

Barriendo hojas dispersas en el cortejo fúnebre se va la primavera.

Cada mañana ¿dónde va pensativa la primavera?

Cae la luna, rápida es la marea: alba de estío.

Cuando sopla el viento norte. Las hojas muertas se fraternizan al sur.

Cuando nada, la rana. Completa entrega.

Con las lluvias del verano. El agua estancada y el río se juntan.

¡Canta el hototogisu que no tiene padres ni hijos!

Cultivador de crisantemos. De ellos eres un esclavo.

Caen las flores del cerezo y entre las ramas aparece un templo.

Con un farol pasea en el jardín, sufre al ver morir la primavera.

Cuando nada, la rana. Completa entrega.

Canto lejano de ruiseñor. El día de hoy también llega a su ocaso.

Después de la cosecha de arroz el espantapájaros no es el mismo.

Ella cae la flor de la camelia a lo más negro del viejo pozo.

En las hierbas nueva el sauce olvida sus raíces.

Es otoño en los senderos. Alguien viene por el páramo detrás de mí.

Esta mañana vemos la brisa soplar los bellos en la oruga.

El soplo de una hacha, el olor del pino, los bosques invernales.

Esta mañana El sol salió de la cabeza de una sardina.

El mar en primavera se levanta y cae a lo largo del día.

El viento de otoño sacude al espantapájaros y pasa.

El manto de luna. Una rana perturba el agua y el cielo.

El halo de la luna. ¿No es el perfume de la flor del ciruelo que subió hasta allá?.

El ruiseñor canta, su pequeña boca abierta.

Esta noche oscura La cubierta del calendario llega a su fin.

En la nieve las luces de la hilera de casas que me cerraron la puerta.

En la profundidad del bosque el pájaro carpintero y el golpe del hacha.

En noches frías mis huesos sienten las mantas y golpean la colcha.

En las orejas de mi avanzada edad las lluvias del verano desaguan por las canaletas.

Está pasmada de pobreza esta mañana de otoño.

En las tardías flores del cerezo duda La primavera que termina.

En noches breves la aterciopelada oruga detiene las perlas del rocío.

El bosque en verano ninguna hoja se mueve así asusta.

En cada pétalo que cae las ramas del ciruelo envejecen.

Es un placer atravesar el río en verano con las sandalias en la mano.

Flores rojas de ciruelo; el sol poniente ataca pinos y robles.

La orquídea de noche esconde en su perfume el blanco de su flor.

Iba yo a los cerezos en flor dormía bajo ellos así era mi pasatiempo.

Línea de gansos en vuelo; al pie de la colina, la luna puesta por sello.

Las noches de los hombres de antes fueron iguales a las mías esta noche de lluvia fría.

La más lejana luna. Atravieso un barrio pobre.

La lluvia en invierno muestra lo que los ojos ven como si fuera cosa antigua.

La montaña oscurece y asume la púrpura magnificencia de las hojas en otoño.

La luna pasa al oeste. La sombra de las flores se estira al este.

La mariposa confiada duerme en la campana del templo.

La puesta del sol en primavera camina sobre la cola del faisán dorado.

Los días lentos se apilan, evocando un viejo antaño.

La tos ronca del abad. El canto del hototogisu.

La pradera esta nublada y las aguas guardan silencio. Es el atardecer.

La corta noche; sobre la peluda oruga, perlas de rocío.

La primavera se aleja duda en las tardías flores del cerezo.

Lluvia de primavera; ¡pobre de aquel que nada escribe!

Mi jardinero convertido en sirviente de crisantemos.

Me lavo los pies el agua sale de la cubeta ¡cómo la primavera!

Murió el ciruelo y sus flores ¡el sauce en su soledad!

Noche de primavera. De vela en vela transita la llama.

No hay puente. El sol se acuesta en aguas primaverales.

Nada más por hoy debemos entrar a la primavera nada más.

Noche corta. En las afuera de un villorrio un comercio esta abierto.

No hay hoja que se mueva. Temor reverencial, en la arboleda de verano.

No daria ni para un sorbo, agua limpia y clara, y sin embargo ¡Que cosa tan sagrada!

Parece indefensa cuando nada la rana.

Por el río en invierno flotan a la deriva las ofrendas florales del Buda.

Para el que parte para el que se queda dos otoños.

Puse el calentador en mi pecho. Pero mi corazón estaba lejos.

Qué hermoso después de la tormenta otoñal el pimiento rojo.

Ruido de serrucho esta media noche de invierno ruido de pobreza.

Sin alojamiento. La hilera de casas brilla en la nieve.

Sobre la imagen santa se permite un excremento la golondrina.

Sobre el excremento del caballo las flores que cayeron del ciruelo rojo parecen besarse.

Sopladas por el viento del oeste. Las hojas muertas se agrupan al este.

Sobre el mar el atardecer en la red de la neblina.

Sobre la campana del templo posada, dormida una mariposa.

Sólo el monte Fuji dejasteis por cubrir, jóvenes hierbas.

Sopla el poniente, y al oriente se apilan las hojas secas.

Te marchas tú; verdes son los sauces, largo el camino.

Un hachazo en el bosque en invierno y el olor me llega.

¡Un relámpago por la mañana! El ruido del rocío corre entre los bambúes.

Un caracol un cuerno corto y el otro largo. ¿Cuál es el problema?.

Un aguacero. Se agarran a las hierbas los gorriones.

Un fuego moribundo. Pero súbitamente la cacerola se pone a hervir.

Van juntos platicando un paraguas y un viejo abrigo en la lluvia de primavera.

Viento del atardecer. Se ondula el agua alrededor de la garza.

Yendo a mirarlas, las flores del cerezo en la noche se han convertido en fruto.

Taniguchi Busón, nombre real de Yosa Buson, nació hacia 1716 en Osaka, Japón.
Escritor, poeta, pintor reconocido como el segundo gran maestro del haiku tras Matsuo Basho.
Era muy pequeño cuando quedó huerfáno y en 1737 fue a vivir a Edo (Japón) donde fue alumno de Basho. Tras morir este recorrió su país, para afincarse definitivamente en Kioto en 1751. Fue uno de los mejores pintores de su época, hecho que eclipsó su magnifica obra poética, solo superada por su maestro, obra esta que fue justamente reconocida, muchos años después.
Aunque trató de imitar a Basho, su estilo sensual, fresco, espontaneo, aportó un estilo diferente a este género.
Leyó de forma continua durante toda su vida a los clásicos y estudió la pintura de los maestros japoneses y chinos.
Murió en Kioto, Japón el 25 de diciembre de 1784.

También de Yosa Buson en este blog:

«Yosa Buson: Invierno»: AQUÍ

*Entrada publicada en este blog el de agosto de 2011. Ha sido actualizada y ampliada el 25 de diciembre de 2018.

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  • Reply Bitacoras.com agosto 11, 2011 at 9:09 pm

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