• DSC_0012-1.jpg picture by TrianaTubes

    Lauren Mendinueta.
    Barranquilla, Colombia, 1977

    Empezó a escribir poesía en 1997 cuando trabajaba como bibliotecaria en Fundación, una pequeña aldea de Colombia. Ha publicado seis libros de poesía y una biografía de Marie Curie. Una antología de sus versos, con el título Poesía en sí misma (2007), fue publicada por la Universidad Externado de Colombia con un tiraje de 12.500 ejemplares. Su último libro La vocación suspendida (2008) recibió en España el VI Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos.
    En el año 2005 vivió en México con una Beca de Residencia Artística concedida por el Ministerio de Cultura de Colombia y el Fondo Para la Cultura y las Artes de México (FONCA). Con frecuencia es invitada a festivales y encuentros literarios en América y Europa. Su poesía ha sido traducida al inglés, italiano, ruso, alemán y francés. Su nombre está incluido en antologías tanto en Europa como en América. Actualmente vive en Lisboa.   

    Algunos de sus poemas:

    “Así pasan los años”

    Pasan los años,
    y aunque la vida me acusa de inmovilidad,
    también yo he viajado.
    Como una partícula de polvo
    he revoloteado por la casa y me he prendido a los libros.
    Como un insecto he reposado a la orilla de las acequias,
    o simplemente he sido una mujer que de tarde en tarde
    ha mirado hacia el mar
    buscando barcos olvidados por la neblina
    y que vuelven a la memoria,
    sin esperanza distinta de la muerte. 

    “Bogotá después de una visita a Helena Iriarte”

    No hay relación entre las cosas
    y aquello que las encarna.
    La realidad acaso es un vacío
    y el reflejo en los espejos
    la evidencia de su precariedad.
    Los nombres van por el mundo
    retratando la angustia de no ser lo que nombran.
    La gente corre afanada hacia el vagón del metro
    o el autobús porque la vida depende de un concepto.
    Tampoco la puntualidad corresponde a su palabra,
    Pues no se puede llegar con retraso al destino.
    ¿Es posible que convivan alma y cuerpo?
    ¿no serán un binomio inseparable,
    una sola cosa que no sabemos nombrar aún?
    En estos temas, como en tantos otros,
    me atropella la retórica,
    y vuelvo a preguntarme si será posible
    nada más vivir.

    “Olvido de mi”

    Octubre ha llegado dominado por las lluvias,
    y los demás meses lo han seguido hasta aquí.
    De repente este amontonado tiempo lo ha llenado todo,
    el verde de la casa, las sillas, la manta que cubre el piso
    cuando en el verano me recuesto a leer.
    En mí no es posible el abandono del tiempo,
    la gracia que supone el olvido
    me hubiese salvado de esta invasión.
    Ahora debo caminar con cuidado
    para no maltratarme con tantos recuerdos.
    ¿Me engañaré o será verdad lo que voy a decir?
    Renuncio a esta visita, no le temo a la soledad.

    “La torre de marfil”

    El mundo es una torre de marfil, en vano
    busco una puerta en sus paredes curvas.
    Parezco una actriz representando a un borracho,
    camino tratando de hacer una línea recta,
    nunca eses. No soy una profesional
    de la actuación, ni siquiera me le parezco,
    pero caminaré tratando de hacer una línea recta.
    A veces me siento frente al ordenador y busco
    toda clase de cosas, desde zapatos hasta amor.
    Y sí, todo lo encuentro allí, porque el mundo es una torre
    y estoy atrapada con todo lo demás, es inevitable.
    Cuando me miro al espejo me sorprende lo común
    que parece mi rostro, y me digo:
    es bueno ser tan común, no te asustes.
    Vuelvo a sentarme frente al ordenador y encuentro
    las mismas cosas, todo, todo, hasta el amor.
    Y allí mismo, tecleando,
    trato de comprender
    por qué me siento libre en la jaula del pájaro.

    “Epitafio en días habituales”

    Me pregunto cuál es la defensa de esta terca pasión,
    por qué no fui costurera, vendedora de cigarros, bailarina o actriz.
    Sobreviví por costumbre como las aves del cielo,
    nunca estimé la moda tanto como a los nenúfares en su limbo,
    visité catedrales y amé la inmovilidad de los cementerios.
    Magnífico hubiera sido elegir otras tareas
    y no esta vocación suspendida
    a la que la mente, de la mano del oficio, me arrastró.

    “La vocación suspendida”
    A Pierre Klossowski, in memoriam

    No es honesto detenerme tratando de justificar con ideas
    lo que es vida en la vocación,
    ese algo que está a medio camino entre el color de mi atmósfera típica
    y la punta de la realidad.
    ¿Cómo entender la pasión exclusiva por un oficio
    que lo remplaza todo, que todo lo justifica en su complacencia?
    Si escribo puede ser que alguna vez devele una verdad
    por las rutas adonde me arrastra mi sangre.
    Soy libre porque estoy presa en el engaño que supone todo misterio.

    “Poética”

    Que mis poemas sean ligeros
    como hojas vivas
    que dibujan formas tenues
    sobre muros deslucidos,
    es un deseo estúpido,
    así lo siento.
    Espero más bien,
    que sean tan sólidos
    como el puente de mis pies
    en los sombríos caminos de la tierra.

    “Ignorada por lo que sé”

    La muerte me despoja del cuerpo.
    En vida, L y su cuerpo son sinónimos;
    en muerte, una cosa soy yo y otra mi cuerpo.
    Dirán: “Éste es el cuerpo de L”,
    como si el cuerpo, que una vez fui yo misma,
    y no algo que me representaba o me pertenecía,
    de repente careciera de importancia.
    Cuando esto ocurra, ¿qué podré ofrecer?
    la memoria de mi propia carne y con ella
    la evocación de un alma arrastrándose a la nada.

    “A la doble que soy”

    Hay fotografías en las que no me reconozco.
    Mi yo cobarde al mirarlas
    me obliga a pensar que existo en una sola
    y no en la suma de quien soy
    con esa otra que me suplanta en la imagen.
    Cuesta creer que la desconocida también soy yo
    esa mujer suspendida y fea
    con un rostro que sin ser mío no es ajeno.
    Entender el mundo bien puede ser eso:
    aceptar que soy esa a quien desconozco.
     

    “Creación del mundo y primera culpa del hombre”

    En el principio todo era definitivo,
    sin misterio, excesivamente sencillo:
    era la edad más vieja.
    Pero en la jerarquía de los siglos todo comenzó con la culpa.
    Cuenta el libro del Génesis que desde la expulsión
    dos ángeles al oriente del Jardín vigilan con espada de fuego
    el anhelado Árbol de la Vida.
    Para el escriba de Yahvé aconteció lo narrado.
    Inconsolable suerte de la memoria
    que nos remite a los días
    en que la desobediencia doblegó a nuestros padres
    y la primera muerte alcanzó a Abel.
    Cuándo comprenderemos que en el tiempo humano
    no es posible vivir en paz con el tiempo de Dios.

    Blog personal: Inventario

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    This entry was posted on Lunes, septiembre 15th, 2008 at 22:54 and is filed under Poesia. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.
  • 2 Comments

    Take a look at some of the responses we've had to this article.

    1. Posted on septiembre 16th

      Querida Triana, qué bella sorpresa encontrarme en tu blog. Gracias, y mil abrazos,

      Último post en la Web de…Lauren Mendinueta…Publicada en el ABCD

    2. Posted on septiembre 16th

      No podía por menos, tu poesía me transmite muchas fuerza y a la vez mucha serenidad, como os decía en algun otro post, yo no se escribir y este blog a parte de mis “chapucillas” con el diseño grafico y mis fotografias intenta recopilar lo que remueve mi sensibilidad.

      Un beso grande.

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