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Rosario de Velasco
Rosario de Velasco Belausteguigoitia nació en Madrid, el 20 de mayo de 1904.
Fue una pintora figurativa, miembro de la Sociedad de Artistas Ibéricos y próxima a la Nueva Objetividad alemana.

De fuertes convicciones religiosas, perteneció a una familia tradicional de principios del siglo XX, se manifestó ideológicamente cercana a la Sección Femenina de Falange Española en los inicios de ésta.

Dibujaba y pintaba desde que tenía seis años y tuvo como maestro a Fernando Álvarez de Sotomayor, retratista adscrito al regionalismo gallego y director del Museo del Prado en dos periodos, que la introdujo en el estudio de Tiziano y Diego Velázquez, y y miembro de la Academia de San Fernando.

En 1924 concurrió por primera vez a la Exposición Nacional de Bellas Artes con dos óleos titulados Vieja segoviana y El chico del cacharro, y en 1931 estuvo presente en el primer Salón español de dibujantas, destacando entre todas las participantes.

Supo ir más allá de la tradición que conocía bien y se abrió a las nuevas tendencias y vanguardias, gracias a una apertura de mente y a su curiosidad, que la llevó a entablar relación con pintoras como Maruja Mallo o escritoras como Rosa Chacel o María Teresa León o figuras tan relevantes como Concha Espina o Lilí Álvarez, campeona de tenis y de la que se exhibe un retrato de 1938, con la que compartía aficiones deportivas e intelectuales. Un grupo de mujeres pioneras que viajaban y se abrieron a nuevos conocimientos.

Se la adscribe por tanto a la generación del 27′ (Las Sin Sombrero*)
En 1932 obtuvo la segunda medalla de pintura en la Exposición Nacional de Bellas Artes con el óleo Adán y Eva, actualmente en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, obra representativa del retorno al clasicismo, o «retorno al orden» (Return order), desarrollado por las vanguardias europeas en el periodo de entreguerras, con la que ese mismo año concurrió a las exposiciones organizadas por la Sociedad de Artistas Ibéricos en Copenhague y Berlín.

Con El baño, de 1931, participó en el Salón de otoño; En 1935 en la exposición que la Librería Internacional de Zaragoza dedicó exclusivamente a jóvenes mujeres artistas y escritoras, que contó con la colaboración de Carmen Conde, Norah Borges, Menchu Gal y Josefina de la Torre, entre otras.

En 1936 presentó a la frustrada Exposición Nacional de ese año Los inocentes o La matanza de los inocentes (Museo de Bellas Artes de Valencia), de un realismo calificado de intimista.
En 1934 expuso en Carnegie Institute de Pittsburgh y en 1936 en la Exposición de Arte Español que tuvo lugar en el Musée des Écoles Etrangères Contemporaines de París.

En casa del editor Gustavo Gili conoció al que sería su marido, el médico Javier Farrerons Co, con quien contrajo matrimonio en su casa de Barcelona en 1937. El matrimonio huyó a continuación a Francia, cruzando la frontera a pie para pasar a la zona sublevada, donde nació su única hija, María del Mar, y colaboró con sus dibujos con la revista Vértice.

Acabada la Guerra Civil la familia se estableció definitivamente en Barcelona, iniciando una etapa de intensa actividad pictórica, si bien se mantuvo siempre alejada de las corrientes artísticas y rodeada de buenos amigos como Dionisio Ridruejo, Pere Pruna, Carmen Conde o Eugenio d’Ors, quien dijo de ella que era la Pola Negri —diva del cine mudo— de la pintura.

En 1944 fue seleccionada para el Segundo Salón de los Once, muestra organizada por la Academia Breve de Crítica de Arte impulsada por D´Ors para dar a conocer el arte de la primera posguerra.

En la ilustración de libros, además de la citada colaboración con la revista Vértice, proporcionó las ilustraciones de Cuentos para soñar (1928) y La bella del mal amor (1930) de María Teresa León, y Princesas del martirio de Concha Espina (1940).

Hizo, además, alguna incursión en la pintura mural (en la ermita de Nuestra Señora de las Nieves en Las Machorras, Burgos, durante la Guerra Civil, o en 1942 en la capilla del Colegio Mayor Teresa de Jesús, en el que tras la guerra había sido reconvertida la primitiva Residencia de Señoritas institucionista; ambas obras pictóricas han desaparecido.

En 1968 obtuvo el Premio Sant Jordi compartido con Ignasi Mundó por La casa roja, obra característica de la evolución de la pintora, cuyo estilo, ahora de perfiles desdibujados a base de transparencias, se iría apartando del clasicismo sin renunciar nunca a la figuración.

En 2019 fue incluida en la exposición colectiva dibujantas, pioneras de la Ilustración en el Museo ABC.
Murió en Barcelona, el 2 de marzo de 1991.

Su obra está representada en diferentes museos, como el Reina Sofía y en el Thyssen Bornemisza, el Bellas Artes de Valencia e incluso del Centre Pompidou de París, además de en numerosas colecciones particulares.

*Las Sin Sombrero: grupo de mujeres artistas y pensadoras españolas de la Generación del 27 (años 20 y 30) que fueron silenciadas y olvidadas por la historia, a pesar de sus importantes contribuciones a la cultura, la literatura y el arte moderno español, con nombres como Maruja Mallo, María Zambrano, Concha Méndez y Ernestina de Champourcín; el nombre surge de un gesto transgresor de quitarse el sombrero en la Puerta del Sol, simbolizando el rechazo a las normas sociales y la búsqueda de libertad creativa, visibilizadas gracias a un proyecto transmedia a partir de 2015. Formaron parte activa de la modernidad cultural española, compartiendo espacios con sus colegas masculinos en la Residencia de Estudiantes, revistas como Litoral, y círculos vanguardistas, aunque sus obras quedaron fuera de las antologías tradicionales.
Rompedoras de moldes: Desafiaron los roles de género tradicionales, creando un nuevo modelo de mujer moderna, autónoma y comprometida, en campos como la pintura, la escultura, la filosofía y la escritura.
Nombres clave: Maruja Mallo (pintora), María Teresa León (escritora), María Zambrano (filósofa), Concha Méndez (poeta, guionista), Ernestina de Champourcín (poeta), Marga Gil Roësset (escultora, ilustradora), Josefina de la Torre (poeta, actriz) y Rosa Chacel (escritora).
El origen del nombre «Sinsombrero»:
Un acto simbólico: Proviene de una anécdota en la que Maruja Mallo y Margarita Manso se quitaron el sombrero en la Puerta del Sol, junto a Lorca y Dalí, como un acto performativo contra las convenciones burguesas y patriarcales de la época, donde el sombrero era un símbolo de status y respetabilidad.
Recuperación de su memoria:
Proyecto Transmedia: El término fue acuñado en 2015 por un proyecto documental y cultural que busca rescatar y dar visibilidad a estas creadoras, a menudo invisibilizadas por la historia oficial, especialmente tras la Guerra Civil y el exilio.


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