Pintura

Mujeres Pintoras: La Surrealista Maruja Mallo

enero 5, 2018

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Maruja Mallo

Ana María Gómez González, nació en Vivero, Lugo, el 5 de enero de 1902.
Tomó su apellido artístico del segundo de su padre, Justo Gómez Mallo.

Pintora surrealista española, está considerada como una artista de la generación del 27′, dentro de la llamada vanguardia interior en España.

Dado el trabajo de su padre, agente de aduanas, se vieron obligados a cambiar varias veces de residencia; de 1913 a 1922 residieron en Avilés, donde la artista inició su formación en la Escuela de Artes y Oficios, a la vez que asistía a clases privadas.

En 1922, cuando contaba con veinte años de edad, se trasladaron a Madrid, ingresando en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la que estudió hasta 1926.

En la capital de España entró en círculo intelectual de su generación, relacionándose entre otros, con Salvador Dalí, Concha Méndez, Gregorio Prieto, Federico García Lorca, Margarita Manso, Luis Buñuel, María Zambrano o Rafael Alberti, con este último mantuvo una relación hasta que el poeta gaditano conoció a María Teresa León.

En 1927 se unió a los artistas de la primera Escuela de Vallecas, a la que la llevó Benjamín Palencia.
Durante esa década, trabajó para numerosas publicaciones literarias, como La Gaceta Literaria, El Almanaque Literario, o la Revista de Occidente, así como varias portadas de libros.

Ortega y Gasset, que conoció sus pinturas en 1928, le organizó su primera exposición en los salones de la Revista de Occidente.
Colaboró intensamente con Alberti hasta 1931.

En estos años pinta la serie Cloacas y Campanarios, dentro de la estética de la Escuela de Vallecas, muy cercana a la obra de Benjamín Palencia, Miguel Prieto, Arturo Souto, Rodríguez Luna y Eduardo Vicente, entre otros.

En 1932, gracias a una beca, viajó a París donde conoció a René Magritte, Max Ernst, Joan Miró y Giorgio de Chirico, a la vez que participó en tertulias con André Breton y Paul Éluard.
Expuso por primera vez en París en la Galería Pierre Loeb, en 1932.

Es en este momento que inició su etapa surrealista; su pintura cambió radicalmente, alcanzando un rotundo éxito gracias a la calidad en sus trabajos, tanto que André Breton le compró en 1932 el cuadro: “Espantapájaros”, pintada en 1929, actualmente considerada una de las grandes obras del surrealismo.

Una gran amistad surgió entre Maruja y André Breton, éste le presentó a Jean Cassou, que a su vez le pondría en contacto con Pablo Picasso, Joan Miró, Louis Aragon, Jean Arp, René Magritte y el grupo Abstracción-Création, del que formaba parte Joaquín Torres García.

Regresó a a Madrid en 1933,  participando activamente en la Sociedad de Artistas Ibéricos. En ese momento ya había adquirido una gran notoriedad, tanto que el gobierno francés compró uno de sus cuadros para el Museo Nacional de Arte Moderno.

Frecuentó al poeta alicantino Miguel Hernández, con el que mantuvo una relación amorosa. De la influencia de Mallo, surgieron cuatro poemas de “El rayo que no cesa”: “Imagen de tu huella”.

En 1934 se reencontró con Pablo Neruda, al había conocido en París.
En 1936 comenzó su época constructiva, a la vez que continuaba exponiendo con los pintores surrealistas en Londres y Barcelona. Participó como docente en las Misiones Pedagógicas, que la acercaron a su tierra natal, donde pocos meses después de su llegada le sorprendió la Guerra Civil.
Huyó a Portugal, donde fue acogida por Gabriela Mistral, que en ese momento era embajadora de Chile en Portugal, ésta la ayudó a viajar a Buenos Aires, iniciando un exilio que duraría 25 años.

Fueron años muy productivos, recibiendo un rápido reconocimiento; colaboró en la revista de vanguardia Sur, en la que también participaba Jorge Luis Borges, mientras continuaba creando de forma prolífica.
En 1961 regresó a España, estableciéndose en Madrid, y ese mismo año, en octubre, expuso la Galería Mediterráneo.
Reconocida en todo el mundo como la gran surrealista que era, en España era una absoluta desconocida, por lo que no se reintegró a la vida pública.

En 1979, cuando ya contaba con 77 años de edad, inició la que sería su última etapa en la pintura con “Los Moradores del vacío”.
Sin embargo los reconocimientos llegarían, así en la década de 1980 se realizaron varias exposiciones de su pintura, y entre otros galardones le fueron concedidos: la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes, del Ministerio de Cultura en 1982, y el Premio de Artes Plásticas de Madrid. En 1990 recibió la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid, y en 1991 la Medalla de Galicia.

En 1992, con motivo de su 90 cumpleaños, se llevó a cabo en la Galería Guillermo de Osma de Madrid, una muestra en la que se expusieron por primera vez, algunos de los cuadros pintados en su época de exilio en América.
En 1993, una exposición antológica en Santiago de Compostela inauguró el nuevo Centro Gallego de Arte Contemporáneo, que más tarde se pudo ver en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires.
Murió en Madrid, el 6 de febrero de 1995, con 93 años de edad.

*Entrada actualizada y ampliada el 5 de enero de 2018,

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1 Comment

  • Reply Bitacoras.com febrero 7, 2016 at 1:33 am

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