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Arturo Souto

Arturo Souto Feijoo nació en Pontevedra el 4 de julio de 1902.
Hijo de un magistrado que sería su primer maestro, se vió obligado a cambiar varias veces de residencias a causa de los distintos destinos de su padre, viviendo en Oviedo , Zaragoza , Lugo y La Coruña, hasta establecerse en Sevilla en 1920.
Siguiendo los deseos de su padre hizo la carrera de Aparejador. Los veranos los pasaban en Galicia, y fueron sus paisajes, el ambiente rural y los marineros los que influirían en su inspiración inicial para la pintura. Para sus primeras acuarelas, buscaba escenas de interior en cabarets, burdeles, siempre apasionado por la figura femenina y los desnudos.

En 1922, se trasladó a Madrid, ingresando en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la que coincidiría con Salvador Dalí, entre otros artistas que más tarde serían nombres importantes en la pintura española. En este tiempo, asiste a reuniones sociales a la que asistían escritores e intelectuales de la época, entre los que se encontraba Ramón María del Valle Inclán, con el que entablaría una gran amistad.

Tras hacer el servicio militar en Vigo, expone por primera vez en 1925, y ese mismo año se incorpora al “Manifiesto de Los Ibéricos”, grupo de inconformistas que se oponían al adocenado y oficial arte academicista de la época, que rechazaban el arte pintores de la talla de Picasso, Juan Gris o Gargallo entre otros. Al grupo también se sumaron escritores como Rafael Alberti. Dicho grupo expuso en el Palacio de Cristal del Retiro de Madrid, obteniendo un clamoroso éxito.

En 1926 viaja por primera vez a París y de nuevo lo hace en 1928, entusiasmado con las vanguardias francesas, trabaja intensamente y se interesa por la obra de Giorgio de Chirico que le influiría notablemente en su pintura.
De regreso a España, participa en varias muestras colectivas, experimentando con diversas tecnicas, pastel, gouache, acuarela, óleo…
A la llegada de la républica, se identifica politicamente con ella y firma el manifiesto dirigido a la opinión pública y a los poderes oficiales.
Se interesa por los pintores vascos, admira y se identifica con la obra de Aurelio Arteta.

Se suceden nuevas exposiciones en Madrid, Bilbao, La Coruña y Vigo, salta fronteras y expone en Copenhaguen y Berlín. En 1934 le es concedido el Premio Roma, permaneciendo en Italia hasta 1936, sorprendiendóle allí el golpe militar de Franco que desencadenaría la guerra civil española.
Participa de forma activa con el bando republicano, realizando numerosos carteles y dibujos. En 1937, asiste en Valencia a un congreso de escritores que allí se celebra y exhibe su obra en la Exposición Internacional en París, en el pabellón que había sido diseñado por Sert, donde se encuentra el “Guernica” de Pablo Picasso. En 1938 expone en Bruselas, siendo alabado por James Ensor.

Finalizada la guerra civil, y como tantos otros artistas, escritores e intelectuales que habían estado del lado del gobierno legítimo republicano, hubo de trasladarse a Valencia para desde allí partir primero a La Habana y más tarde a Nueva York, Los Angeles y Philadelphia.

En 1942 se traslada a México, donde enseguida realizaría la primera de las muchas muestras que allí realizaría. Se identificó de forma parcial con las tecnicas y rendencia autóctonas mexicanas que partían de los grandes muralistas. Pintaría un retrato de Diego Rivera.
En 1962 regresa a España, desembarcando en Vigo, celebra una exposición en esta ciudad que es un fracaso; sus antiguos amigos practicamente le dan la espalda. Apenado y defraudado, recoge sus cuadros, expone en Madrid, Bilabo y Santiago de Compostela. En 1964 vuelve a México muriendo el 3 de julio de ese mismo año.
Su obra está representada en museos españoles y mexicanos.

En 1984, en la Bienal de Pontevedra, se celebra una gran exposición antólogica del pintor que se repitió en 1988.
En cuanto a su estilo, pasó por etapas bien diferenciadas. Sus inicios fueron dentro del , decadente y mundano, a la que sucedió la etapa francesa que tuvo la influencia de Pierre Bonnard y Toulouse-Lautrec. Más tarde, dentro de su época italiana, se entusiasma con la pintura metafisica de Giorgio de Chirico y con el arte japonés, realizando obras inspiradas en el país asíatico con una visión muy personal y con colores vivos y ricos. La última, la etapa americana, su pintura se vuelve más neutra, con intenciones etnicas, más hierática e influida por los muralistas mexicanos. En cualquier caso, siempre fue un pintor capaz de captar los más variados ambientes, las fiestas populares, el mundo del mar o la mitología.

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