Poesia

Pablo del Águila: Qasida de la misma ciudad y el mismo río

septiembre 24, 2026


[…] Partiré para siempre en mi regreso.
Me iré y será de noche…
PA

«Qasida de la misma ciudad y el mismo río»

En la misma ciudad donde vivíamos veíamos siempre el mismo río, hermana,
el mismo puerto siempre,
el mismo manantial, la misma acequia.
Te llamabas de un modo parecido a como me llamaba:
Enlil, Ninlil: no teníamos edad, hermana mía.
De tu casa a mi casa, la ruta de costumbre; el camino de siempre:
el del amor, hermana.

Apenas si teníamos otras preocupaciones, si podíamos
hacer nada distinto a los besos rozados,
a mirarnos desnudos junto al muelle:
no teníamos edad, hermana mía, ni tampoco más tiempo que la ausencia,
vivíamos unidos por el río.

Cuando estábamos cerca la corriente nos llevaba hacia abajo:
abajo estaba el mar, hermana mía.
El agua de la mar tenía las algas que luego recogíamos:
a lo lejos los barcos, las aguas que nunca recorríamos.
Más acá de la mar todo era arena.
Tú eras un pez entonces y esquivabas mis manos.
Vivíamos los dos en la misma ciudad y el mismo puerto, hermana.

A veces señalabas con un dedo: «¿Dónde estará mi alma?»
y estaba entre los dos, hermana, entre los dos
como un pequeño germen dispuesto por la vida para que todo fuese más sencillo.
Reíamos, mirábamos entonces la alta capa del mar,
la yodada estructura de tus miembros,
el espacio de hueco entre los dos como si todo fuese mar y nada viento, hermana.
En ese tiempo vivíamos los dos en la misma ciudad.
Nunca había nubes, para que todo fuese perennemente azul,
para que el tiempo no saliese de ahora y no se convirtiera
en un ir y venir entre las rocas.

Los campos roturados eran los mismos siempre.
Veíamos siempre el mismo río, hermana, en la misma ciudad donde vivíamos,
la misma acequia siempre:
los campos roturados eran siempre los mismos.
Te llamabas de un modo parecido a como me llamaba.
Tu nombre era Ninlil que significa:
lo que cuesta perder lo que se tuvo un día.
Yo me llamaba Enlil y significa:
vivíamos dos en la misma ciudad en ese tiempo.
Después nos separamos, otros campos llenaron mi recuerdo.
Pero a pesar de todo, hermana, vuelvo a pensar
en cuando
vivíamos los dos en este mismo sitio
y no nos conocíamos, hermana, y no nos conocíamos.

Pablo del Águila

De: Desde estas altas rocas innombrables pudiera verse el mar
Ediciones Anel, 1973
ISBN-13 ‏: ‎978-8440062055
Recogido en: En soledad amor, silencio y muerte- Poesía reunida (1964-1968)
Edición y estudio de Jairo García Jaramillo
Bartleby Editores 2017©
ISBN: 978-84-92799-39-8

*Reseña de Santos Domínguez Ramos de: Pablo del Águila, En soledad amor, silencio y muerte (Poesía reunida, 1964-1968), en su blog: Encuentros de Lecturas: AQUÍ

Pablo del Águila nació en Granada, en 1946.
Mostró pronto una predisposición a la cultura que se tradujo en un interés temprano por la poesía, escribiendo sus primeros poemas entre 1962 y 1963.
Es a partir de 1964 en la que su poesía muestra una personalidad definida, en la que se intuye la lectura de las obras de Pablo Neruda o Federico García Lorca, ambos autores prohibidos en España en ese momento.
Participó y dirigió adaptaciones para teatro de obras de Bertolt Brecht y Arrabal. Así mismo organizó representaciones en casa en las que participaron sus sus familiares y amigos.
Adquirió un papel activo en la oposición al régimen franquista por el que fue detenido.
Fue enlace del Frente de Liberación Popular, el conocido como FELIPE, tan relevante en el tardofranquismo.
Su estética contrastó con la de los Novísimos, en pleno auge por entonces, escribiendo una poesía más política y más vanguardista.
Murió en Granada, el 23 de diciembre de 1968, con sólo 22 años de edad, quebrando lo que podría haber sido una carrera que le hubieran situado en las más altas cotas de la poesía española del siglo XX.

Y la luz de Pablo del Águila se extiende hasta la actualidad. No han sido pocos los poetas contemporáneos que han hecho bandera de algún que otro rasgo de poesía del granadino. Sin embargo, el difícil acceso a la obra ha impedido que la proyección haya sido mayor.

La edición de Jairo García Jaramillo y Bartleby Editores, recupera para la ciudad a uno de sus grandes autores, un escritor con el que Granada mantiene una deuda que merece ser saldada.

«El extraordinario talento y la precocidad del poeta granadino Pablo del Águila , sepultados por el aura maldita de la leyenda debida a la muerte a destiempo, han sido celebrados por lectores como Juan de Loxa, Félix Grande, Fernando Quiñones o Fanny Rubio. Su obra constituye uno de los mejores exponentes de la poesía sesentayochista del tardofranquismo y, a día de hoy, sigue fascinando por el poder subyugante de su estilo cercano, tierno y amable, en ocasiones irónico, tras el que asoma una honda angustia existencial, un fuerte compromiso humano y el extrañamiento ante un mundo imposible. innovadora en lo estético pero a la vez fieramente humana, Pablo del Águila utiliza la palabra poética para resistir a la desesperanza, sus versos luchan contra el dolor, la injusticia y la falta de libertad del tiempo que le tocó vivir, adelantando algunas de las tendencias poéticas que vendrían después». Jairo García Jaramillo

También de Pablo del Águila en este blog:

«Pablo del Águila: Qasida de la misma ciudad y el mismo río»: AQUÍ

«Pablo del Águila: Cuando muera…»: AQUÍ

«Pablo del Águila: Dejemos que los muertos entierren…»: AQUÍ

«Pablo del Águila: Y vinieron de lejos»: AQUÍ

«Pablo del Águila: Hoy he sentido la muerte…»: AQUÍ

«Pablo del Águila: No sé qué extraña sombra…»: AQUÍ

«Pablo del Águila: Regreso a mí…»: AQUÍ

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«Pablo del Águila: Vencer juntos»: AQUÍ

«Pablo del Águila: Ahora es ya de día…»: AQUÍ

«Pablo del Águila: No te conozco mucho…»

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