Pintura

Alberto Pasini: Romanticismo orientalista

enero 16, 2019

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Alberto Pasini

Nació en Busseto, Italia, el 3 de septiembre de 1826.
Practicó un romanticismo tardío, alcanzando la fama gracias a sus temas orientalistas.

En 1828 se quedó huérfano de padre, su madre se mudó a Parma, donde, cuando contaba con diecisiete años de edad se matriculó en la Academia de Bellas Artes de la ciudad, estudió pintura en la especialidad de paisajismo, y en 1848, la de dibujo.

Su tío, el pintor miniaturista Antonio Pasini, bien relacionado en los círculos de la corte y colaborador del célebre tipógrafo Bodoni, le consiguió encargos de la nobleza local.

Entre 1850 y 1851 se le encargó la serie de litografías: Treinta vistas de los castillos de los alrededores de Piacenza, Lunigiana y Parma que expuso en 1852.

Su talento como dibujante llamó la atención del artista Paolo Toschi, personaje muy notable en el mundo de la cultura de Parma, que le animó a ir a París e ingresar en el taller de Charles y Eugène Ciceri.

Su mundo se abrió al unirse a la Escuela de Barbizon.
En 1853 el Salon de París expuso una litografía suya titulada: “El atardecer”, gracias a la que fue admitido para ingresar en el taller del famoso Théodore Chassériau; éste, al poco tiempo, recomendó a Pasini para que le sustituya como artista en la misión del ministro plenipotenciario P. Bourée, que salía hacia Persia.

Pasó diez meses en Teheran y regresó a través del norte de Persia y Armenia hasta llegar al puerto de Trebisonda, este periplo marcaría de forma absoluta el resto de su carrera en cuánto a su temática orientalista.

Ya en París fue reconocido por público y crítica su talento artístico, su excelencia como colorista y mejor luminista, acompañada de su riguroso dominio del dibujo y minucioso paisajismo.

Fue de esta forma un magnífico narrador e ilustrador de la realidad, exento de romanticismo, de detalles decadentes y simbolistas que caracterizó el exotismo de su siglo.

En 1859 viajó nuevamente por el Mediterráneo oriental, pasando por El Cairo, atravesó el desierto del Sinaí, recorrió las costas libanesas y llegó a Atenas.

En 1865 pasó un tiempo en Cannes, donde pintó luminosos paisajes de la Costa Azul.

En 1867, volvió a viajar a Constantinopla, llamado por el embajador de Francia, Bourée, gran amigo y mecenas suyo; donde permaneció nueve meses. Regresó a Turquía al año siguiente para ejecutar cuatro cuadros que le había encargado el sultán Abdul Aziz.

Al estallar la guerra de 1870, regresó a Italia y se instaló en Cavoretto, en las colinas de los alrededores de Turín.

Viajó a Venecia en 1879 y a España en 1883.
En 1895 fue miembro del Comité patrocinador de la Bienal de Venecia, y en 1898 del jurado de la Esposizione Nazionale de Turín.

Fue un artista muy prolífico, pintó cerca de mil obras.
Murió en Cavoretto, el 15 de diciembre de 1899.

El al crítico de arte contemporáneo Virgilio Colombo diciendo de sus pinturas:
“Pasini reproduce fielmente los accesorios arquitectónicos, que brillan bajo el sol y se bañan en las sombras azules: en esto, no tiene rival y muestra un ingenio extraordinario para crear enormes pinturas en pequeños lienzos. ¿Qué habilidad para pintar figuras con dedos, caballos finos, caballeros sombríos y reflexivos, con suntuosos adornos, armas decoradas con damascos, quioscos, mercados y casas de huéspedes, sillas con incrustaciones de gemas, turbantes, telas, cortesanas de princesas, militares? Campamentos, los recesos íntimos del harén, los perfiles de la ciudad con agujas y minaretes dentados, y la caza a través del espacio interminable de las llanuras. Las escenas orientales se tratan de forma exquisita, no a través de la búsqueda de las puestas de sol habituales y los cielos ardientes. El ambiente es fino y transparente y se extiende sobre un abrigo plateado … toda gracia y sutileza.”

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