Poesia

Eugenio de Castro: El peregrino

marzo 4, 2026


[…] Es justo que en el viejo balcón la hiedra muera
y que la hiedra nueva busque el nuevo balcón…
EC

Mi recuerdo al poeta simbolista portugués, en el aniversario de su muerte.

«El peregrino»

En el poniente
el esplendor del sol se diluía.
Y un caballero, en un vetusto puente,
meditaba y decía:

─«Judith, Ana y Arminda,
y Lidia, de labios sensuales,
Inés, la rubia linda,
¡todas fueron iguales!»

¡Soñadas alegrías,
ya sois cual secas rosas!
¡Ay! Y en vano mis días, tristes días,
quisieran ser doradas mariposas.

Cansáronme los besos, y el hastío
a mi lado ya veo.
Del desencanto invade mi corazón el frío,
y no he saciado nunca la sed de mi deseo.

El alma traigo envuelta en una túnica
que ha tejido el Cansancio en horas tristes.
¿En dónde estás, si existes?
¿En dónde estás, oh Única?

¡Responde al que te ama!
¿Debo olvidarte como a bien perdido?
Responde al que en las sombras a ti clama:
¿vives, moriste acaso, o no has nacido?

Y no cruza ninguna mi camino,
princesa rubia, o bella
zagala, sin que diga a mi destino:
¿será ella?

Una niña vi un día
junto a una anciana de cabello cano,
y me dije: ¿ cuál de ellas es la mía?
¿Llegué tarde tal vez?.. ¿Llegué temprano?

Busco el jardín soñado
do sus encantos a la luz se abrieron,
y la llamo… y tal vez pasó a mi lado,
¡y llorosos mis ojos no la vieron!

Cuando creo que nunca he de encontrarte,
¡cómo sufro al pensar, oh dulce amada,
que quizás vives sola y desgraciada,
y que no puedo ir a consolarte!

Murió la primavera; también pasó el estío,
Y viene ya el otoño las hojas arrancando,
y mientras en tu busca voy llorando,
me esperarás llorando, dueño mío.

Y prosigo buscándote rendido,
aunque una voz, en medio de las sombras,
irónica me diga: «¡La que nombras
ni vendrá… ni está muerta… ni ha nacido!»

Al extremo del puente, airosa dama
surge, suelta la rubia cabellera,
y su voz en el viento, pálida rosa, clama:
«Yo soy la que aguardabas. Ven, que mi amor te espera».

El caballero parte…
Traicionero
abismo era ese puente;
y al instante rodaron al torrente
caballo y caballero…

Hervía un mar de sangre en el poniente
mientras de sangre el agua se teñía;
y allá, al extremo del hundido puente,
la Dama reía… reía… reía.

Eugenio de Castro

Traducción de Ismael Enrique Arciniegas

Eugénio de Castro y Almeida nació en Coímbra, Portugal, el 4 de marzo de 1869.
Fue un seguidor del Simbolismo francés, que se dio a conocer en Portugal tras publicar Poemas Ariostos, con él que inició este movimiento literario en el país luso.
Se distinguen dos fases en sus trabajos, la fase simbolista, que practicó hasta finales del siglo XIX y una segunda, neoclásica que abarca los poemas publicados ya en el siglo XX, en los que el poeta retornó a la antigüedad clásica, y al pasado de su tierra natal con la nostalgia que caracterizaron a los primeros años del siglo XX en Portugal.
Murió en Coímbra, el 17 de agosto de 1944.

También de Eugenio de Castro en este blog:

«Eugenio de Castro: El peregrino»: AQUÍ

«Eugenio de Castro: Amor verdadero»: AQUÍ

«Eugénio de Castro: Epitafio»: AQUÍ

«Eugenio de Castro: Las hilanderas»: AQUÍ

«Eugénio de Castro: Amor verdadero»: AQUÍ

«Eugenio de Castro: Camino de París»: AQUÍ

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