Pintura

José Gallegos Arnosa: Realismo preciosista

noviembre 28, 2020


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José Gallegos Arnosa

De origen modesto, estudió inicialmente en la Escuela de la Academia de Bellas Artes de Santo Domingo de Jerez de la Frontera.


Gracias al patrocinio de Guillermo Garvey, el bodeguero para quien trabajaba su padre, se trasladó a Madrid para ingresar en la de Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, cuando contaba con dieciséis años de edad, en la que tuvo como maestro a Federico de Madrazo, quien le haría estudiar «concienzudamente» las obras de Murillo y Velázquez, entre otros.


En 1878, a los cinco años de su permanencia en Madrid, dejó testimonio de su aprendizaje con una obra, Casamiento árabe, obra de gran tamaño que fue adquirida por el Estado en 1882 y que se puede ver actualmente en el Museo del Prado.


Pronto obtuvo una beca para ampliar sus estudios en Roma, donde asistió a la Academia Chigi, así como al Círculo Internacional de Bellas Artes.


En la capital italiana tomó contacto con un grupo de pintores andaluces, atraídos sin duda por el éxito alcanzado por Mariano Fortuny.


En 1879 viajó a Tánger, y uno de los cuadros que allí realizó, Botín de guerra, fue premiado con segunda medalla en la Exposición Nacional de 1884.


Del país africano volvió a Roma, donde se dedicó a practicar una pintura comercial de gran éxito.


En 1900 regresó a Jerez de la Frontera, donde permaneció hasta 1906, realizando magnificas obras realistas.


Volvió a Italia, donde desarrolló la época más productiva de su carrera artística como pintor de género y de tableautin (pintura de reducido tamaño), al estilo de Fortuny, a quien siguió también en el gusto por la temática orientalista.


Su etapa final transcurrió en Anzio, muy cerca de Roma. Allí entró en contacto con la colonia de españoles que practicaban la estética preciosista.


Mostró su obra en la Exposición Artística Internacional de Roma en 1883, en Berlín, donde obtuvo una medalla de oro en 1891, por Boda en la sacristía de la catedral de Sevilla, y en Múnich.


Su estilo se fue depurando poco a poco, hasta conseguir llegar a un amplio sector público, atraído por su preciosismo y minuciosidad, y que le supuso una sólida clientela.


Su realismo, con una gran destreza para la captación de detalles, es el principal referente de su obra, por lo general de pequeño formato, desembocando en un costumbrismo muy del gusto de la sociedad del momento.


Su temática más frecuente y la de sus cuadros más famosos fueron la reproducción de las magnificencias del culto católico, desde bordados de casullas y objetos litúrgicos hasta elementos arquitectónicos y decorativos, según la corriente del «monaguillismo».


Los títulos mas notables de esta serie son: Una procesión en Venecia, La visita del cardenal, Un bautizo, La comunión, Un monaguillo, La firma del contrato de boda y En el coro.


Murió en Anzio, el 20 de septiembre de 1917.

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