
[…] en una canción no cantada por nadie.
Llegan suaves las barcas del silencio
JEC
«Diálogo infinito»
Allá, donde las aguas
adelgazan su golpe cristalino
y el azulado labio del horizonte pasa,
o dulcemente miran
crisantemos o estrellas palidísimas;
allá,
en medio de las grandes tinieblas transparentes,
el rayo desgarró mi dulzura,
la demente dulzura de mis ojos aún verdes:
espejo acostumbrado a las alturas,
a las negras fragancias del abismo.
Erguidas mis figuras llameantes,
mi partida tristeza en dos ausencias,
en dos furiosos gritos accesibles
al puro resplandor de la pregunta,
del disonante beso,
del apagado entronizar de un alba
todavía funestamente hermana…
Erguidos mis rosales y mis huesos,
erguido ante la Noche en doble llama,
con mis propios sistemas de agonía;
hice hablar a esos nombres:
ALMA
Sólo un temblor indescifrable y puro,
un dormido reducto,
un extremo silencioso abandonado,
de lejanos rompientes enlutados
donde anidan los astros y esta calma
coralmente extasiada.
¿Qué tumulto inviolado,
qué impasible presencia
ha deshecho en mi frente su plumaje encendido?
ESPÍRITU
Una externa alabanza,
una santa amargura,
un resumen inmenso
palpitando excitable,
erigiendo columnas,
alargando horizontes
hasta rosas negadas.
Un obscuro concierto
de nociones y llantos,
un amor degradado
a magnolias y piedras.
Eran los actos mismos,
eran los dioses mudos,
eran las altas torres
acechando las vías,
los prohibidos senderos;
todo el albo paraje
de los cánticos duros.
ALMA
Yo, tal vez presentía
un país infinito,
un desterrado espacio
de ceguera absoluta,
donde pálidas fuentes,
en las grises estancias,
alentasen la débil
intención del misterio.
ESPÍRITU
¿De mis guerras,
de mis dolientes litorales,
del conjunto amarillo de los días,
del oro de mis héroes;
en fin, de la sangre,
qué, acaso?
ALMA
Todo caía dulce,
todo lento pasaba,
todo tendía apenas
al rumor moribundo.
ESPÍRITU
De las sombras regresas.
ALMA
A las peores sombras
de una luz no sumisa,
a las rojas cavernas
donde lloran las venas
tú vas, y no lo sabes.
¿Qué querían tus gestos?
En el espacio absorto
las manos carecían de sentido.
¿Qué raíces, ni abrazos?
¿Qué cabellos azules?
¿Qué páginas podías
escribir en las aguas
con tus ligeras llamas?
ESPÍRITU
Del aire, del cercano
incendio de mi pecho cerrado,
del impaciente canto con espada
que mis ramas intentan todavía,
del desolado sueño,
de mi casa apagada,
he extraído fulgores
y zafiros sangrientos.
ALMA
¿Dónde tu reino entero?
¿Dónde tu orquesta muerta?
Desde los aposentos
de las claras estrellas alejadas
viene un lamento frío,
un morado proceso
destructor, descendente.
Mi canción era extensa,
en lo suave se oía,
de azucenas y vidrios
nupcialmente vestida.
Tú, ciego
morador de las torres del estío,
tenazmente adherido
a circundados signos,
a espigas y separaciones,
a frenéticas aves,
a monumentos heridos…
ESPÍRITU
Mi nombre es de sangre,
mi secreto es de sangre,
mi montaña es de sangre.
ALMA
«Asido a mi temblor. Alto cautivo.
Huésped amargo de mi sol furioso,
caí…». Caíste. ¿No decías?
ESPÍRITU
No. Yo dije:
«La palabra
abre vivas ventanas en mi frente.
Espumas me acarician. Esta tierra
que yo amo, me contempla con mis ojos»
…
ALMA
… «que sólo durarán lo que el relámpago».
ESPÍRITU
No importa.
ALMA
Escucha atentamente
y oirás las invasiones;
la final indulgencia
de lo gris a lo intenso.
Dulcemente
caen las violetas leves,
las celestes parcelas
de lo unido hacia abajo,
donde tiemblan las aguas.
Mira qué abismo espera
tu bárbara ternura inaplacable,
la cadena de brillos
donde te reflejabas.
A mi paz derrumbada
viene la misma inercia,
pero cánticos santos
me parecen tus odios.
Delgadas destrucciones
amenazan tu centro.
ESPÍRITU
Gritaré mis catástrofes limpias,
mi diamante desnudo.
Estoy dispuesto al quehacer tenebroso
de la rueda y la rosa.
Retornarán los clavos,
las espinas, la furia,
el espejo partido,
el continuo sollozo
de pasión y alimento.
Volverán a mis labios las llanuras,
los externos fracasos de lo mío,
las distancias tendidas a lo largo;
desde el ojo a la madre,
a la estatua abrasada,
al demente follaje
de miradas y fines.
En mi roca sagrada
construiré pensamientos.
Me moriré de nuevo
cada día,
cada siglo de niebla,
cada milenio negro.
Esclava del amor, ¿qué íntima herencia
constituye tu lazo;
la palpitante joya
de esa fe derramada?
ALMA
Una gran calma ciega me reside.
El ocaso en mis senos transparentes
se desliza y le canto.
Tersa, mi pena estéril
otorgo a otra región que no conozco
y en lo incierto abandono mis palomas mortales.
Es inútil que luche con tu voz de esmeralda.
En mis manos la luna se deshace y solloza.
Tu corazón lejano crece entre las estrellas,
donde mi vasta nada se circunda a sí misma.
Halo paralizado,
noria de delicadas flores,
me sitúo en la orilla de también tu tristeza.
Pero quiero perderme.
ESPÍRITU
¿No oyes cómo se rompe la Noche?
ALMA
He oído tus ojos,
mi mentira, y mis lágrimas.
ESPÍRITU
Los árboles del cielo se iluminan.
Las acacias florecen en mi sangre desnuda.
Alma, no llores, no.
Lo sé;
ambos nos moriremos.
Pero no llores, no.
ALMA
El umbral está yerto.
ESPÍRITU
Mira,
lo frío no es tan frío. Lo vacío
se llena con la angustia. Largamente
inclinado en los círculos profundos,
de la luz desarraigo
el débil resplandor con que separo
tu alentada presencia,
del caos resplandeciente de los coros
sumidos en el mismo sufrimiento
que en tus cabellos pasa
de la espuma al abismo,
o donde no sonríes.
ALMA
Entre las azucenas.
ESPÍRITU
A lo lejos mis actos te cantaban
en relámpagos mudos de clamores
y veneradas mieses
extinguidas de pronto.
CISNE en llamas
mis alas se han reunido en el océano
de indecisión sublime. Se oyen voces,
desamparadas olas,
cenicientos azules se golpean.
Sombras y cantos de exterminio
propagándose suben.
Sobreviven mis pálidos momentos.
En medio de las grandes tormentas transparentes,
allá, donde las aguas
adelgazan su línea cristalina;
erguido ante la Noche,
vacilante y lejano
estoy, mientras mi piedra se consume;
luchadora infinita
debatiendo sus plumas incendiadas.
Resplandor sin orillas,
algo, que en mí resiste, se abandona a lo eterno.
Ama cada contacto,
cada muerte,
cada tiempo.
Altamente concito
instrumentos radiantes.
A reuniones celestes
llevo las palmas.
Quiero tener, no sólo
ser, entre lo desnudo.
Quiero atarme a mis cosas
esencialmente vivas,
desclavadas del humo.
Espaciales espejos se destruyen.
Un posible retorno de soledades y árboles,
un temblor elevado con materiales blancos,
un himno indestructible de hierro y asistencias,
constituyen mi ramo desolado;
mi encadenada yerba rota,
en un orden hirviente de sueños y latidos,
en un ruido severo de signos y amatistas
golpeados con sangre.
Juan Eduardo Cirlot
De: Oda a Ígor Strawinsky y otros versos, 1944
Recogido en: El peor de los dragones (Antología poética 1943-1973). Edición conmemorativa del centenario del nacimiento del poeta.
Editorial Siruela – Libros del Tiempo, 2016©
ISBN: 978-84-16854-03-5
Reseña escrita por Santos Domínguez Ramos de «El peor de los dragones», en su blog Encuentros de Lecturas: AQUÍ
Juan Eduardo Cirlot Laporta nació en Barcelona, el 9 de abril de 1916.
Poeta, crítico de arte, mitólogo, iconógrafo y músico, se unió en la década de 1940 al Movimiento Surrealista francés y a los Dadá, para más tarde entrar en una fase espiritualista, estudiando la Cábala, el sufismo y otras creencias orientales.
Todo esto le llevó a la construcción de una poesía simbolista que además imbuiría a su producción literaria y a su labor como crítico de arte.
Se mantendría alejado de la corriente que siguió la llamada Poesía de la posguerra a causa de su hermetismo y su oscuridad.
Su obra hasta hace pocos años ha sido escasamente reconocida, pero en la actualidad se han hecho de ella continuas revisiones, reediciones y apariciones de obras inéditas, amén de numerosos homenajes.
Murió en Barcelona, el 11 de mayo de 1973.
También de Juan Eduardo Cirlot en este blog:
«Juan Eduardo Cirlot: Diálogo infinito»: AQUÍ
«Juan Eduardo Cirlot: Las rosas se parecen a las rosas»: AQUÍ
«Juan Eduardo Cirlot: En la tumba»: AQUÍ
·Juan Eduardo Cirlot: Ciudad de ceniza»: AQUÍ
«Juan Eduardo Cirlot: Elegía cartaginesa»: AQUÍ
«Juan Eduardo Cirlot: Confesión»: AQUÍ
«Juan Eduardo Cirlot: La muerte abre los ojos»: AQUÍ
«Juan Eduardo Cirlot: Señora de las sombras, de las horas…»: AQUÍ
«Juan Eduardo Cirlot: Mi canto de descenso»: AQUÍ
«Juan Eduardo Cirlot: A Gaudí»: AQUÍ
«Juan Eduardo Cirlot: Emigrar»: AQUÍ
«Juan Eduardo Cirlot: Introducción»: AQUÍ
«Juan Eduardo Cirlot: Regina Tenebrarum»: AQUÍ
«Juan Eduardo Cirlot: Un lugar»: AQUÍ
«Juan Eduardo Cirlot: Ángeles»: AQUÍ
«Juan Eduardo Cirlot: Dragón de flores rojas»: AQUÍ
«Juan Eduardo Cirlot: Antes del sueño»: AQUÍ
«Juan Eduardo Cirlot: El palacio de plata»: AQUÍ
Bibliografía poética:
Pájaros tristes y otros poemas a Pilar Bayona – 1942
En la llama – 1945
Canto de la Vida muerta – 1946
Donde las lilas crecen – 1946
Cuarto canto de la vida muerta y otros fragmentos – 1961
Regina tenebrarum – 1966
Bronwyn – 1967
Cosmogonía – 1969
Orfeo – 1970
44 sonetos de amor – 1971
Variaciones fonovisuales – 1996
En la llama. Poesía 1943-1959 – 2005

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