Refranero y Frases.

Lucio Anneo Séneca: Sus mejores frases

abril 30, 2019

«El fuego prueba el oro; la miseria los hombres fuertes.»

Recordando al filósofo romano en el aniversario de su muerte.

Séneca:

Algunas de sus mejores frases:

A los que corren en un laberinto, su misma velocidad los confunde.

A vivir se aprende toda la vida, y toda la vida se ha de aprender a morir.

Al que una vez perdió el crédito, nada le queda que perder.

Ajeno es todo lo que nos viene en deseo.

Al tratar de la vida feliz, no debes nunca contestarme como en la elecciones: este partido parece tener mayoría, pues por esto mismo, es el peor.

Amor por nuestra voluntad se toma, mas no por voluntad nuestra se deja.

Arrojo nos da la ira.

Aquel que tiene gran poder debe usarlo livianamente.

Aunque amor sea virtud, algunas veces perjudica.

Con buena suerte hemos nacido si no la malogramos.

Con facilidad se adquiere lo preciso para la vida.

Confiesa el delito el que huye del juicio.

Considera las contrariedades como un ejercicio.

Cosas fingidas pronto vuelven a su natural.

Cruel es quien al afligido reprende.

Cuando el sol se eclipsa para desaparecer se ve mejor su grandeza.

Cuando se está en medio de las adversidades, ya es tarde para ser cauto.

Cuanto mayor es la prosperidad tanto menor se debe confiar en ella.

Curioso es naturalmente nuestro ingenio.

Decir lo que sentimos, sentir lo que decimos, concordar las palabras con la mente.

Desde la infancia da señales el ingenio.

Desdichado es el que por tal se tiene.

Desgracia imprevista nos hiere más fuertemente.

Despreciable honra es la que en la ociosidad se granjea.

Dice Hecatón: te descubriré un modo de provocar el amor sin filtro mágico, sin hierbas, sin ensalmos de hechicera: si quieres ser amado, ama.

Difícilmente se hallan palabras que retraten al vivo las grandes desdichas.

Doloroso es perder la patria, más doloroso temer esta desgracia, y dolorosísimo los dos infortunios juntos.

El ardimiento juvenil en sus comienzos es fogoso, pero languidece fácilmente y no dura; es el humo de una fogata liviana.

El avaro nunca hace cosa acertada sino cuando muere.

El cabalgar, el viajar y el mudar de lugar recrean el ánimo.

El camino del vicio no solamente se desliza, sino que se precipita hacia abajo.

El colmo de la infelicidad es temer algo, cuando ya nada se espera.

El favor consiste no en lo que se hace o se da, sino en el ánimo con que se da o se hace.

El fin de un trabajo es principio de otro.

El hombre es un animal racional.

El hombre más poderoso es el que es dueño de sí mismo.

El lenguaje de la verdad debe ser, sin duda alguna, simple y sin artificios.

El mejor límite para el dinero es el que no permite caer en la pobreza ni alejarse mucho de ella.

El piloto muestra en la tempestad su saber y su valor.

El peor enemigo es el que está encubierto.

El peor enemigo es el traidor.

El pobre carece de muchas cosas, pero el avaro carece de todo.

El poder y el despotismo duran poco.

El primer arte que deben aprender los que aspiran al poder es el de ser capaces de soportar el odio.

El que disputa con un beodo, disputa con un hombre ausente.

El que es prudente es moderado; el que es moderado es constante; el que es constante es imperturbable; el que es imperturbable vive sin tristeza; el que vive in tristeza es feliz; luego el prudente es feliz.

El que no quiera vivir sino entre justos, viva en el desierto.

El que recibe lo que no puede pagar, engaña.

El que siempre busca grandezas, alguna vez la encuentra.

El que súbito se determina, súbito se arrepiente.

El que teme es un esclavo.

El sabio en la virtud debe siempre hacer fundamento.

El sabio en su retiro es útil a la comunidad.

El sabio es el único que escapa a las leyes del género humano, todos los siglos le sirven como a un dios: ¿se trata del pasado? Su recuerdo lo abraza. ¿Del presente? Lo utiliza. ¿Del futuro? Lo prevé. Así se prolonga su vida, al juntarse en uno solo todos los tiempos.

El tiempo descubre la verdad.

El trabajo y la lucha llaman siempre a los mejores.

El valor es siempre ambicioso de peligros.

El vino tórnase bueno cuando resultaba nuevo, duro y áspero, pero se sostiene aquel vino que ya en el lagar era agradable.

El vulgo defensor de su propio mal, se levanta contra la razón.

En la adversidad conviene muchas veces tomar un camino atrevido.

En ninguna parte se siente más la pobreza que en el destierro.

En poco precio se tiene lo adquirido de gracia.

En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto.

En obligación nos pone de dar el haber dado.

Es, a menudo, más conveniente disimular que vengarse.

Es rey quien nada teme, es rey quien nada desea; y todos podemos darnos ese reino.

Es tan grande el placer que se experimenta al encontrar un hombre agradecido que vale la pena arriesgarse a hacer un ingrato.

Escucha aún a los pequeños, porque nada es despreciable en ellos.

Estar en ocio muy prolongado, no es reposo, es pereza.

¡Estudia! No para saber una cosa más, sino para saberla mejor.

Este día que tanto temes por ser el último, es la aurora del día eterno.

Existe el destino, la fatalidad y el azar; lo imprevisible y, por otro lado, lo que ya está determinado.

Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos.

Feas palabras, aun livianamente dichas ofenden.

Forma parte de la curación el deseo de ser curado.

Gran parte de la bondad consiste en querer ser bueno.

Gran recomendación tiene un rostro hermoso.

Halla en la desgracia consuelo el que lo prodigó en la prosperidad.

Hasta la desgracia se cansa.

Hay ciertas cosas que para hacerlas bien no basta haberlas aprendido.

Honrosamente sirve el que conforme a las circunstancias sirve.

Igual virtud es moderarse en el gozo que moderarse en el dolor.

Importa mucho más lo que tú piensas de ti mismo que lo que los otros opinen de ti.

Incierto es el lugar en donde la muerte te espera; espérela, pues, en todo lugar.

Jamás se descubriría nada si nos considerásemos satisfechos con las cosas descubiertas.

La adversidad es ocasión de virtud.

La amistad siempre es provechosa; el amor a veces hiere.

La armonía total de este mundo está formada por una natural aglomeración de discordancias.

La confianza produce muchas veces la lealtad.

La conversación es la expresión de nuestro modo de pensar.

La felicidad no mira de dónde nace, sino a dónde puede llegar.

La fortuna teme a los valientes y avasalla a los cobardes.

La fortuna puede robarnos la hacienda, pero no el valor.

La desgracia es a veces ocasión de virtud.

La edad se descubre más cuando se disimula con arte.

La esclavitud más denigrante es la de ser esclavo de uno mismo.

La ira, si no es refrenada, es frecuentemente más dañina para nosotros que la injuria que la provoca.

La ira: un ácido que puede hacer más daño al recipiente en la que se almacena que en cualquier cosa sobre la que se vierte.

La llaga de amor, quien la sana, la hace.

La mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy.

La naturaleza nos ha dado las semillas del conocimiento, no el conocimiento mismo.

La poca templanza del enfermo hace al médico ser cruel.

La recompensa de una buena acción está en haberla hecho.

La religión es algo verdadero para pobres, falso para sabios, y útil para dirigentes.

La sencillez y claridad distinguen el lenguaje del hombre de bien.

La vida es como una leyenda: no importa que sea larga, sino que esté bien narrada.

La voluntad es la que da valor a las cosas pequeñas.

Languidece la virtud sin adversarios.

Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos.

Las injurias y los beneficios penden de la voluntad.

Las obras se tienen medio terminadas cuando se han comenzado bien.

Lo mismo es nuestra vida que una comedia; no se atiende a si es larga, sino a si la han representado bien. Concluye donde quieras, con tal de que pongas buen final.

Lo que de raíz se aprende nunca del todo se olvida.

Lo que has de decir, antes de decirlo a otro, dítelo a ti mismo.

Lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad.

Los deseos de nuestra vida forman una cadena, cuyos eslabones son las esperanzas.

Los hombres aman sus vicios y al mismo tiempo los odian.

Los hombres aprenden mientras enseñan.

Los que saben mucho se admiran de pocas cosas, y los que no saben nada se admiran de todo.

Mal se agradece lo que mal se dio.

Manchada deja su vida el que procura muerte.

Más dañosa es la abundancia que viene sobre gran codicia.

Más dura la memoria de las injurias recibidas que de los beneficios.

Más grata es la virtud en una persona hermosa.

Más seguro está en la virtud el que ya pasó por los vicios.

Mejor es la salud que nunca se perdió.

Mejor sufre el mal quien siempre le teme.

Menos camino hay de la virtud al vicio, que de los vicios a la virtud.

Merece salir engañado el que al hacer un beneficio, cuente con la recompensa.

Mostrarse asustado sin motivo aparente es dar a conocer que se tiene razón de temer.

Muchas veces es valor el conservar la vida.

Muy pocos aciertan antes de errar.

Muy sentida es la muerte cuando el padre queda vivo.

Necesarios son nuevos favores de la fortuna para conservar la felicidad.

Necesaria es la experiencia para saber cualquier cosa.

Ningún descubrimiento se haría ya si nos contentásemos con lo que sabemos.

Ningún día es demasiado largo para el que trabaja.

Ninguna esperanza queda de virtud, cuando no solamente deleitan los vicios, sino que se aprueban.

Ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya.

No es beneficio el que nos obliga a recibir.

No es necesaria la fortuna para sólo subsistir.

No es pobre el que tiene poco, sino el que mucho desea.

No es preciso tener muchos libros, sino tenerlos buenos.

No existe ningún gran genio sin un toque de demencia.

No hay árbol recio ni consistente sino aquel que el viento azota con frecuencia.

No hay camino que no tenga fin.

No hay cosa que mucho tiempo agrade al que en ninguna tiene asiento.

No hay, en mi dictamen, hombre que aprecie más la virtud y la siga con más gusto, que el que por no hacer traición a su conciencia, ha perdido la reputación de hombre de bien.

No hay cosa más fuerte que el verdadero amor.

No hay más calma que la engendrada por la razón.

No hay mayor causa de llanto que no poder llorar.

No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba.

No hay ninguna cosa buena que no tenga su base en la razón.

No hay viento favorable para el que no sabe dónde va.

No he nacido para sólo un rincón, mi patria es todo el mundo.

No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas.

No os espante el dolor; o tendrá fin o acabará con vosotros.

No os espante la pobreza; nadie vive tan pobre como nació.

No os espante la muerte; o extermina o transforma vuestra existencia.

No podemos evitar las pasiones, pero si vencerlas.

No recibimos una vida corta, sino que nosotros la acortamos. No somos de ella indigentes, sino manirrotos.

No se debe adquirir el amigo en la mesa.

No todas las cosas están bien a todos.

Nuestra naturaleza está en la acción. El reposo presagia la muerte.

Nunca fue fácil el aprendizaje de la virtud.

Nunca un peligro sin otro se vence.

¡Oh, cuán extemporáneo es comenzar a vivir cuando se ha de dejar de vivir!

Para mayores desgracias guarda la fortuna a quien favorece.

Para saber algo, no basta con haberlo aprendido.

Peores son los odios ocultos que los descubiertos.

Pesa las opiniones, no las cuentes.

Pesada y molesta palabra es ruego.

¿Preguntas qué es la libertad? No ser esclavo de nada, de ninguna necesidad, de ningún accidente y conservar la fortuna al alcance de la mano.

Procuramos olvidar lo que, traído a la memoria, nos entristece.

Prueba es de virtud el desagradar a los malvados.

¿Qué importa saber lo qué es una recta si no se sabe lo que es la rectitud?

Quien da pronto da dos veces.

Recibe beneficio el que lo hace al que lo merece.

Reino en lugar ajeno no está seguro.

Rey es quien nada teme, rey es quien nada desea; y todos podemos regalarnos este reino.

Seas parco en elogiar, y más parco todavía en vituperar.

Si me ofreciesen la sabiduría con la condición de guardarla para mí sin comunicarla a nadie, no la querría.

Si os sujetáis a la naturaleza, nunca seréis pobres; si os sujetáis a la opinión, nunca seréis ricos.

Si quieres que tu secreto sea guardado, guárdalo tú mismo.

Sin estudiar enferma el alma.

Sólo en la fortuna adversa se hallan las grandes lecciones del heroísmo.

Sola es loable la ambición por no perder el tiempo.

Tan grande como la turba de los admiradores es la turba de los envidiosos.

Tanto más crece el esfuerzo, cuanto más consideramos la grandeza de lo emprendido.

Teméis todas las cosas como mortales y todas las deseáis como inmortales.

Toda la armonía total de este mundo está formada de discordancias.

Tuyo haces el vicio que a tu amigo disimulas.

Un amor apaga otro amor, y un temor otro temor.

Un gran marinero puede navegar aunque sus velas sean de alquiler.

Un hombre inútil es gravoso al estado, en que se pesa el mérito de los miembros por la utilidad que de ellos se saca.

Un hombre sin pasiones está tan cerca de la estupidez que sólo le falta abrir la boca para caer en ella.

Un solo bien puede haber en el mal: la vergüenza de haberlo hecho.

Una buena conciencia no teme a ningún testigo.

Una era construye ciudades. Una hora las destruye.

Una esperanza reaviva otra esperanza; una ambición, otra ambición.

Vencer sin peligro es ganar sin gloria.

Viven más contentos aquellos en quienes jamás puso los ojos la fortuna, que los otros de quienes los apartó.

Séneca

Lucio Anneo Séneca, llamado Séneca «El Joven», nació en Córdoba, Andalucía, en el año 4 a. de C.
Fue uno de los más importantes filósofos, político, orador y escritor romano.
Es cierto que su familia era oriunda de la entonces romana Corduba —actual Córdoba—, en la Bética, aunque no existe ningún documento que permita afirmar que con toda seguridad Lucio Anneo naciese en ella. No obstante, la tradición sitúa su nacimiento en Corduba en torno al año 1 por lo que, sobre todo en el mundo de habla castellana, Séneca está considerado como nacido, en la hoy citada, ciudad andaluza.
Fue hijo del orador Marco Anneo Séneca, fue cuestor, pretor y senador del Imperio romano durante los gobiernos de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, además de ministro, tutor y consejero del emperador Nerón.
De tendencias moralistas, Séneca pasó a la historia como el máximo representante del estoicismo y moralismo romano tras la plena decadencia de la república romana. La sociedad romana había perdido los valores de sus antepasados y se trastornó al buscar el placer en lo material y mundano, dando lugar a una sociedad turbulenta, amoral y antiética, que al final la condujo a su propia destrucción.
Al saberse condenado a muerte por Nerón, decidió abrirse las venas en el mismo lugar en el que recibió la noticia, cortándose los brazos y las piernas al ver que su muerte no llegaba, le pidió a su médico Eustacio Anneo que le suministrase veneno griego (cicuta), el cual bebió pero sin efecto alguno. Pidió finalmente ser llevado a un baño caliente, donde el vapor terminó asfixiándolo, víctima del asma que padecía, fue en Roma, el 30 de abril del año 65 d.C.

*La imagen es el óleo de Manuel Domínguez Sánchez: «Séneca, después de abrirse las venas, se mete en un baño y sus amigos, poseídos de dolor, juran odio a Nerón que decretó la muerte de su maestro», que alberga el Museo del Prado de Madrid.

**Entrada publicada el 22 de enero de 2013. Ha sido actualizada y ampliada con nuevas frases el 30 de abril de 2019.

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No Comments

  • Reply Bitacoras.com agosto 24, 2012 at 11:25 pm

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