
[…] Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
OG
Mi recuerdo al poeta argentino Oliverio Girondo en el aniversario de su nacimiento.
«Hay que compadecerlos·
No saben.
¡Perdonadlos!
No saben lo que han hecho,
lo que hacen,
por qué matan,
por qué hieren las piedras,
masacran los paisajes…
No saben.
No lo saben…
No saben por qué mueren.
Se nutren,
se han nutrido
de hediondas imposturas,
de cancerosos miasmas,
de vocablos sin pulpa,
sin carozo,
sin jugo,
de negras reses de humo,
de canciones en pasta,
de pasionales sombras con voces de ventrílocuo.
Viven
entre lo fétido,
una inquietud de orzuelo,
de vejiga pletórica,
de urticaria florida que cultiva el ayuno,
el sudor estancado,
la iniquidad encinta.
No creen.
No creen en nada
más que en el moco hervido.
en el ideal,
chirriante,
de las aplanadoras,
en las agrias arcadas
que atormentan al éter,
en todas las mentiras
que engendran las matrices de plomo derretido
el papel embobado
y en bobina.
Son blandos,
son de sebo,
de corrompido sebo triturado
por engranajes sádicos,
por ruidos asesinos,
por cuanto escupitajo se esconde en el anónimo,
para hundirles sus uñas de raíces cuadradas
y dotarlos de un alma de trapo de cocina.
Sólo piensan en cifras, en fórmulas, en pesos,
en sacarle provecho hasta a sus excrementos.
Escupen las veredas,
escupen los tranvías,
para eludir las horas
y demostrar que existen.
No pueden rebelarse.
Los empuja la inercia,
el terror,
el engaño,
las plumas sobornadas,
los consorcios sin sexo que ha parido la usura
y que nunca se sacian de fabricar cadáveres.
Se niegan al coloquio del agua con las piedras.
Ignoran el misterio del gusano,
del aire.
Ven las nubes,
la arena,
y no caen de rodillas.
No quedan deslumbrados por vivir entre venas.
Sólo buscan la dicha en las suelas de goma.
Si se acercan a un árbol no es más que para mearlo.
Son capaces de todo con tal de no escucharse,
con tal de no estar solos.
¿Cómo,
cómo sabrían
lo que han hecho,
lo que hacen?
¿Algo tiene de extraño
que deserten del asco,
de la hiel,
del cansancio?
Sólo puede esperarse
que defiendan el plomo,
que mueran por el guano,
que cumplan la proeza
de arrasar lo que encuentren y exterminarlo todo,
para que el hambre extienda sus tapices de esparto
y desate su bolsa ahíta de calambres.
Son ferozmente crueles.
Son ferozmente estúpidos…
pero son inocentes.
¡Hay que compadecerlos!
Oliverio Girondo
De: En la masmédula, 1954
Este libro es considerado la obra más radical de Oliverio Girondo, donde el autor lleva la experimentación lingüística al límite mediante la creación de neologismos y la ruptura de la sintaxis convencional.
Recogido en: Oliverio Girondo – Obra completa
Ed.Galaxia Gutenberg 1999©
ISBN: 9788489666375
Oliverio Girondo nació en Buenos Aires, el 17 de agosto 1891, en el seno de una familia adinerada, que le procuró muy buena formación en los mejores centros educativos de Europa.
Estudió Derecho, y muy pronto, entró en contacto con los poetas exponentes de la vanguardia europea.
Publicó en 1922 su primer libro de poemas, Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, seguidos luego por Calcomanías, en 1925, Espantapájaros, en 1932, Persuasión de los días, en 1942, Campo nuestro, en 1946 y En la masmédula, en 1954, obra que constituye en su trabajo más audaz en el campo de la poesía.
Mantuvo una estrecha amistad en la primera mitad de le década de 1930, con Pablo Neruda y Federico García Lorca, que en aquella época residían en Buenos Aires, y con Salvador Dalí, Rafael Alberti y Ramón Gómez de la Serna
Al iniciarse la década de 1950, guiado por su interés en las artes plásticas, incursionó en la pintura con una marcada tendencia surrealista, gracias a su profundo conocimiento de la pintura francesa.
En 1961 sufrió un grave accidente que le disminuyó sus condiciones físicas.
En 1965 viajó por última vez a Europa.
Murió en Buenos Aires, el 24 de enero de 1967.
También de Oliverio Girondo en este blog:
«Oliverio Girondo: Hay que compadecerlos»: AQUÍ
«Oliverio Girondo: Alta noche»: AQUÍ
«Oliverio Girondo: ¿Dónde?»: AQUÍ
«Oliverio Girondo: Testimonial»: AQUÍ
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«Oliverio Girondo: Calle de las Sierpes»: AQUÍ
«Oliverio Girondo: Poema 12 «: AQUÍ
Bibliografía poética:
Veinte poemas para leer en el tranvía – 1922
Calcomanías – 1925
Espantapájaros – 1932
Persuasión de los días – 1942
Campo nuestro – 1946
En la masmédula – 1953

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