
«…al corazón seco vuelve,
sombría y fresca, la savia
que blanca le sorbió el día.»
TS
«Manos»
Las manos, mientras habla el hombre, no se duermen no se
mueren, no se rinden. Melodiosas, al margen, sin dejar de
echar una mano cada mano a lo que habla, roban también lo
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