Pintura

Vicente Carducho: El barroco de la Escuela de Madrid

agosto 13, 2019

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Vicente Carducho

Vicente Carducho o Vincenzo Carduccio o Carducci nació en Florencia entre 1576 y 1578.

Llegó a España siendo muy joven, acompañando a su hermano Bartolomé contratado por Felipe II para la decoración del Monasterio del Escorial.
Fue maestro de pintores, entre otros de Francisco Fernández, Pedro de Obregón, Francisco Collantes, Bartolomé Román y Félix Castello.

Se formó en el taller de su hermano, del que heredó estilo e influencia, clasicista y del manierismo postrenacentista.

A la muerte de su hermano, heredó su puesto como pintor de cámara del rey, haciéndose cargo de la decoración de una galería en el Palacio de El Pardo, con cuadros de tema mitológico en los que narró las hazañas de Aquiles.

Posteriormente y trabajando ya para Felipe III, colaboró en la decoración del altar mayor del Monasterio de Guadalupe, entonces perteneciente a los jerónimos, y el retablo mayor del Monasterio de la Encarnación de Madrid, entre 1613 y 1617, con una monumental «Anunciación», que se conserva en su sitio original.

Hasta la llegada a la corte de Diego Velazquez, fue la personalidad más influyente de la Escuela de Madrid, siendo además de pintor real, un influyente tratadista, escribiendo importantes obras en las que demostró la profundidad de su cultura humanística, poseía una concepción aristocrática del artista, quien a su juicio debía poseer una formación filosófica y humanista, por más que en la época se consideraba al pintor poco menos que a un mayordomo y un trabajador manual.

Fue amigo de Lope de Vega y de Luis de Góngora, y protegido del Duque de Lerma y, a través de él, de Felipe III, aunque no dejó de irle bien durante el reinado de Felipe IV, de forma que, cuando el valido del monarca, el Conde-Duque de Olivares, impulsó la construcción y decoración del Palacio del Buen Retiro, recibió encargos importantísimos para su Salón de Reinos y fue uno de los más contratados para cantar las gestas bélicas en la Guerra de los Treinta Años.

En la década de los treinta pintó, por ejemplo, para el Palacio del Buen Retiro, La victoria de Fleurus, La expugnación de Rheinfelden y El socorro de la plaza de Constanza.

Esta concepción de la pintura como arte liberal y no mecánica le hizo desestimar, al menos cara a la galería, la obra de Caravaggio y los temas de género, aunque es innegable que recibió la influencia de su claroscuro tenebrista.

Pero la que sin duda sería su obra maestra, la componen 56 grandes cuadros que cubrirán otros tantos huecos del Claustro de la Cartuja de Santa María del Paular, en el Valle de Lozoya, en Madrid, en el bello paraje de la Sierra del Guadarrama.

Cada uno de estos cuadros, de gran tamaño, diez metros cuadrados cada uno, llamados «serie cartujana», por los que cobró 130.000 reales a quien se los encargó, el prior Juan de Baeza. En ellos se narra la vida de San Bruno de Colonia, y parte de la historia de la orden de los cartujos.

Estas obras, fueron realizadas en el taller del pintor de la calle de Atocha, auxiliado por alumnos: Bartolomé Román y Félix Castello, llevándose a cabo el trabajo en seis años.

Al llegar la desamortización de Méndizabal, en 1835, los cuadros fueron diseminados por distintos museos e instituciones españolas, a pesar de las muchas vicisitudes ocurridas desde entonces, se conservan 52 de los 54 cuadros de la serie, dos de ellos, se quemaron posiblemente durante la Guerra Civil Española.

Tras la exclaustración en 1835, el monasterio estuvo abandonado hasta 1954, que el gobierno lo cedió en usufructo vitalicio a la orden de San Benito.

Los 52 cuadros tras seis años de trabajo, en 2006, fueron terminados de restaurar, siendo posible gracias a los desvelos del experto en arte, el alemán Werner Beutler y de los responsables del equipo de restauración del Museo del Prado.

Además de los cuadros de El Paular, se conservan varias obras en el Museo del Prado: «La predicación de San Juan Bautista» y «La visión de San Antonio», de tema religioso, y «La victoria de Fleurus», que conmemora la victoria en 1622 de Gonzalo de Córdoba, al frente del ejército de Felipe IV, sobre las tropas protestantes alemanas en Fleurus (Bélgica); «La expugnación de Rheinfelden» conmemora la liberación de esta ciudad suiza por las tropas españolas al mando de Gomes IV Suárez de Figueroa y Córdoba, duque de Feria, en 1633; y «El socorro de la plaza de Constanza» que recuerda el levantamiento del asedio que en 1633 consiguió el duque de Feria.

Estos tres temas  últimos, que pecan de artificiosas, rebuscadas y poco naturales, quizá debido a la inexperiencia de muchos pintores españoles de la época en los temas históricos, mitológicos o el paisaje, hecho que le ocurrió al mismísimo Francisco de Zurbarán, que se habían especializado en la temática religiosa.
Murió en Madrid, en, 1638.


*Entrada publicada el 13 de septiembre de 2012. Ha sido actualizada y ampliada el 13 de agosto de 2019.

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  • Reply Bitacoras.com septiembre 13, 2012 at 10:41 pm

    Información Bitacoras.com…

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