Poesia

John Keats: A una urna griega

febrero 23, 2013


«Mi alma es demasiado débil; sobre ella pesa,
como un sueño inconcluso, la espera de la muerte…»

Recordando a John Keats en el aniversario de su muerte.

«A una urna griega»

Tú, todavía virgen esposa de la calma,
criatura nutrida de silencio y de tiempo,
narradora del bosque que nos cuentas
una florida historia más suave que estos versos.
En el foliado friso ¿qué leyenda te ronda
de dioses o mortales, o de ambos quizá,
que en el Tempe se ven o en los valles de Arcadia?
¿Qué deidades son ésas, o qué hombres? ¿Qué doncellas rebeldes?
¿Qué rapto delirante? ¿Y esa loca carrera? ¿Quién lucha por huir?
¿Qué son esas zampoñas, qué esos tamboriles, ese salvaje frenesí?

Si oídas melodías son dulces, más lo son las no oídas;
sonad por eso, tiernas zampoñas,
no para los sentidos, sino más exquisitas,
tocad para el espíritu canciones silenciosas.
Bello doncel, debajo de los árboles tu canto
ya no puedes cesar, como no pueden ellos deshojarse.
Osado amante, nunca, nunca podrás besarla
aunque casi la alcances, mas no te desesperes:
marchitarse no puede aunque no calmes tu ansia,
¡serás su amante siempre, y ella por siempre bella!

¡Dichosas, ah, dichosas ramas de hojas perennes
que no despedirán jamás la primavera!
Y tú, dichoso músico, que infatigable
modulas incesantes tus cantos siempre nuevos.
¡Dichoso amor! ¡Dichoso amor, aun más dichoso!
Por siempre ardiente y jamás saciado,
anhelante por siempre y para siempre joven;
cuán superior a la pasión del hombre
que en pena deja el corazón hastiado,
la garganta y la frente abrasadas de ardores.

¿Éstos, quiénes serán que al sacrificio acuden?
¿Hasta qué verde altar, misterioso oficiante,
llevas esa ternera que hacia los cielos muge,
los suaves flancos cubiertos de guirnaldas?
¿Qué pequeña ciudad a la vera del río o de la mar,
alzada en la montaña su clama ciudadela
vacía está de gentes esta sacra mañana?
Oh diminuto pueblo, por siempre silenciosas
tus calles quedarán, y ni un alma que sepa
por qué estás desolado podrá nunca volver.

¡Ática imagen! ¡Bella actitud, marmórea estirpe
de hombres y de doncellas cincelada,
con ramas de floresta y pisoteadas hierbas!
¡Tú, silenciosa forma, tu enigma nuestro pensar excede
como la Eternidad! ¡Oh fría Pastoral!
Cuando a nuestra generación destruya el tiempo
tú permanecerás, entre penas distintas
de las nuestras, amiga de los hombres, diciendo:
«La belleza es verdad y la verdad belleza»… Nada más
se sabe en esta tierra y no más hace falta.

John Keats

Traducción de Julio Cortázar

John Keats nació el 31 de octubre de 1795, en Londres, Inglaterra.
Fue una de las principales figuras de la segunda generación de poetas románticos junto con Lord Byron y Percy Bysshe Shelley.
Su fama creció tras su muerte, y a finales del siglo XIX, se había convertido en uno de los más queridos de todos los poetas ingleses.
Ha sido importante su influencia en grandes poetas y escritores de generaciones posteriores. Jorge Luis Borges dijo que «su primer encuentro con Keats fue la experiencia literaria más importante de su vida.»
En la actualidad sus poemas y cartas son algunos de los más populares y más estudiados de la literatura inglesa.
Murió en Roma, el 23 de febrero de 1821, siendo enterrado en el cementerio protestante de Roma. Sobre su lápida, según quería que fuera su epitafio, se lee «Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua».

También de John Keats en este blog:

«John Keats: Al sueño»: AQUÍ

«John Keats: Sobre el mar»: AQUÍ

«John Keats: Al otoño»: AQUÍ

«John Keats: A mis hermanos»: AQUÍ

«John Keats: Esta mano viviente»: AQUÍ

«John Keats: Al ver los mármoles de Elgin»: AQUÍ

«John Keats: Oda a un ruiseñor»: AQUÍ

«John Keats: Meg Merrilies»: AQUÍ

«John Keats: La caída de Hiperión (Sueño)»: AQUÍ

Bibliografía poética:

Sobre la primera vez que vi el Homero de Chapman (1816)
Sueño y poesía (1816)
Endymion: un romance poético (1817)
Hyperion (1818)
Al sentarme a leer King Lear otra vez (1818)
La víspera de Sta. Agnes (1819)
La estrella brillante (1819)
La Belle Dame sans merci: una balada (1819)
Oda a Psyche (1819)
Oda a un ruiseñor (1819)
Oda sobre una urna griega (1819)
Oda a la melancolía (1819)
Oda a la indolencia (1819)
Lamia y otros poemas (1819)
Al otoño (1819)
La caída de Hyperion: un sueño

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No Comments

  • Reply Bitacoras.com febrero 23, 2013 at 2:28 am

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