Refranero y Frases.

Mariano José de Larra: Sus frases

febrero 13, 2016

«La verdad es como el agua filtrada, que no llega a los labios sino a través del cieno.»

«El pueblo no es verdaderamente libre mientras que la libertad no esté arraigada en sus costumbres e identificada con ellas»

Recordando al escritor romántico, en el aniversario de su muerte con algunas de sus frases:

Mariano José de Larra

Bienaventurados los que no hablan; porque ellos se entienden.

Bienaventurado todo aquel a quien la mujer dice «no quiero», porque ése, a lo menos, oye la verdad.

El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer.

En punto a amores tengo otra superstición: imagino que la mayor desgracia que a un hombre le puede suceder es que una mujer le diga que le quiere.

Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas.

El público siente en masa y reunido de una manera muy distinta que cada uno de sus individuos en particular.

El sentimiento es un flor delicada, manosearla es marchitarla.

El talento no ha de servir para saberlo y decirlo todo, sino para saber lo que se ha de decir de lo que se sabe.

En el matrimonio es preciso contar con cualidades que resistan, que duren, y las grandes pasiones pasan pronto; al paso que una condición apacible en todos tiempos es buena.

En este triste país, si a un zapatero se le antoja hacer una botella y le sale mal, después ya no le dejan hacer zapatos.

En atención a que no tengo gran memoria, circunstancia que no deja de contribuir a esta especie de felicidad que dentro de mí mismo me he formado…

¿En dónde ve el pueblo español su principal peligro, el más inminente? En el poder dejado por una tolerancia mal entendida.

Es gloria el rendimiento y no flaqueza y es dichoso el que puede obedeciendo obedecer al menos a una hermosa.

Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas.

Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta.

Generalmente, se puede asegurar que no hay nada más terrible en la sociedad que el trato de las personas que se sienten con alguna superioridad sobre sus semejantes.

Hay cosas que no tienen solución, y son las que más.

Hay algunos hombres que no dicen lo que piensan y otros que piensan demasiado lo que dicen.

La diferencia que existe entre los necios y los hombres de talento suele ser sólo que los primeros dicen necedades y los segundos las hacen.

La modestia no es otra cosa que el orgullo vestido de máscara.

La inteligencia ha sido en todos los tiempos la reina del mundo y ha vencido las preocupaciones.

Las circunstancias hacen a los hombres hábiles lo que ellos quieren ser, y pueden con los hombres débiles.

Las teorías, las doctrinas, los sistemas se explican; los sentimientos se sienten.

Las circunstancias… palabras vacías de sentido con que trata el hombre de descargar en seres ideales la responsabilidad de sus desatinos.

Ley implacable de la naturaleza: o devorar, o ser devorado. Pueblos e individuos, o víctimas o verdugos.

Los amores más duraderos son aquellos en que uno de los dos amantes es extraordinariamente celoso.

Los autores han dicho siempre en sus prólogos y se lo han llegado a creer ellos mismos, que escriben para el público; no sería malo que se desengañasen de este error. Los no leídos y los silbados escriben evidentemente para sí; los aplaudidos y celebrados escriben por su interés, alguna vez por su gloria; pero siempre para sí.

Los madrileños se acercan al circo a ver un animal tan bueno como hostigado, que lidia con dos docenas de fieras disfrazadas de hombres.

Mi corazón no es más que otro sepulcro. ¿Quién ha muerto en el? Leamos. ¡Espantoso letrero! ¡Aquí yace la esperanza!

Muchas cosas me admiran en este mundo: esto prueba que mi alma debe pertenecer a la clase vulgar, al justo medio de las almas; sólo a las muy superiores, o a las muy estúpidas, les es dado no admirarse de nada.

Muchas cosas me admiran en este mundo: esto prueba que mi alma debe pertenecer a la clase vulgar, al justo medio de las almas; sólo a las muy superiores, o a las muy estúpidas les es dado no admirarse de nada. Para aquéllas no hay cosa que valga algo; para éstas, no hay cosa que valga nada.

Ni ve que su mismo fuego presto su beldad destruye, y que donde el goce empieza el placer allí sucumbe.

¿No se lee en este país porque no se escribe, o no se escribe porque no se lee? Esa breve dudilla se me ofrece por hoy, y nada más. Terrible y triste cosa me parece escribir lo que no ha de ser leído.

No sé en qué consiste que soy naturalmente curioso; es un deseo de saberlo todo que nació conmigo, que siento bullir en todas mis venas, y que me obliga más de cuatro veces al día a meterme en rincones excusados por escuchar caprichos ajenos.

Para el elogio corre nuestra pluma rápidamente. Cuando se trata, empero, de vituperar, sólo a fuerza de horas podemos dar concluído a la prensa el artículo más conciso.

Por grandes y profundos que sean los conocimientos de un hombre, el día menos pensado encuentra en el libro que menos valga a sus ojos, alguna frase que le enseña algo que ignora.

Preciso es que sean muy malos los hombres si obligan a pensar tan mal de ellos.

Suponiendo que se escriba con principios, se puede escribir después con varios fines.

Un pueblo no es verdaderamente libre mientras que la libertad no esté arraigada en sus costumbres e identificada con ellas.

Y el gran lazo que sostiene a la sociedad es, por una incomprensible contradicción, aquello mismo que parecería destinado a disolverla; es decir, el egoísmo.

Mariano José de Larra y Sánchez de Castro nació en Madrid, el 24 de marzo de 1809.
Escritor, periodista y político, está considerado junto a José de Espronceda, Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro, uno de los máximos exponentes del Romanticismo literario español.
Como periodista practicó la sátira literaria, y el costumbrismo en su narrativa literaria.
Utilizó varios seudónimos para firmar sus escritos y obras, entre ellos: «Fígaro», con el situó a España en el centro de su obra crítica y satírica, Duende, Bachiller y El Pobrecito Hablador.
El día 13 de febrero de 1837, se suicidó en su casa de la calle Santa Clara de Madrid, descerrajándose un pistoletazo en la sien derecha, tenía sólo veintisiete años de edad.

*Entrada publicada el 8 de noviembre de 2011. Ha sido actualizada y ampliada el 13 de febrero de 2016.

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1 Comment

  • Reply Bitacoras.com noviembre 8, 2011 at 10:54 pm

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