Poesia

Serguéi Yesenin: Confesión de un golfo

octubre 3, 2014


«La luna continuará bogando por el cielo,
perdiendo sus remos en el agua de los lagos
y Rusia siempre será la misma,danzando
y llorando alrededor de las empalizadas…»

SE

Recordando al poeta ruso en el aniversario de su nacimiento.

«Confesión de un golfo»

No todos saben cantar,
No todos saben ser manzana
Y caer a los pies de otro.
Esta es la suprema
Confesión de un granuja.

Ando intencionalmente despeinado,
Con la cabeza como una lámpara a petróleo.
Me gusta alumbrar en las tinieblas
El otoño sin hojas de vuestros espíritus.
Me gusta que las piedras de los insultos
Caigan sobre mí como granizo vomitado por la tormenta.
Entonces es cuando aprieto con más fuerza
El globo oscilante de mi cabezota.

Con qué nitidez recuerdo entonces
La laguna cubierta de hierba y la voz ronca del aliso
Y que en algún lugar viven mi padre y mi madre.
Mis versos les importan un comino,
Pero me quieren como a un campo, como a la carne de su carne,
Como a la buena lluvia que en primavera ayuda a salir a los brotes.
Ellos les clavarían a ustedes sus horquetas
Cada vez que me lanzan una injuria.

¡Pobres, pobres campesinos!
Seguramente están viejos y feos
Y siguen temiendo a Dios y a los espíritus del pantano.
¡Si sólo pudieran comprender
Que su hijo
Es el mejor poeta de Rusia!
¿Acaso sus corazones no temían por él
Cuando se mojaba los pies en los charcos del otoño?
Ahora anda de sombrero de copa
Y con zapatos de charol.

Pero con el mismo espíritu juguetón de antes.
De aldeano travieso.
Desde lejos saluda con una gran reverencia
A las vacas pintadas en los letreros de las carnicerías.
Y cuando se cruza con los coches de la plaza,
El olor del estiércol lo remonta a los campos de su tierra
Y está dispuesto a sostener en el aire la cola de cada caballo
Como si fuese la cola de un traje de novia.

Amo mi tierra.
¿La amo con locura!
Aunque sobre ella caiga toda la tristeza y el moho de los sauces.
Gozo con los hocicos inmundos de los cerdos
Y con las notas estridentes de los sapos en el silencio nocturno.
Estoy enfermo de los recuerdos de infancia,
Sueño con la niebla y con la humedad de las tardes de abril,
Cuando nuestro arce se puso en cuclillas
Para calentarse los huesos en la hoguera del crepúsculo.
¡Trepando de rama en rama,
Cuántos huevos no robé de los nidos de las cornejas!
¿Seguirá siendo el mismo de antes, con su copa verde?
¿Tendrá todavía la corteza tan dura?

¿Y tú, mi querido perro fiel
Overo?
La vejez te ha puesto gruñón y ciego
Y vas de un lado a otro del patio arrastrando tu cola caída.
Tu nariz no distingue ya el establo de la casa.
Cuánto no significan para mí nuestras pillerías de antaño
Cuando le robaba pan a mi madre
Y lo comíamos entre los dos, mordiéndolo por turno
Sin sentir repugnancia.

Soy siempre el mismo,
Mi corazón es siempre el mismo.
Los ojos florecen en el rostro como los azulíes en el trigo.
Y yo, extiendo las esteras doradas de mis versos
Quiero decirles a ustedes
Mis palabras más tiernas.

¡Buenas noches a todos!
¡Buenas noches!
Rozando por última vez la hierba del crepúsculo
Ha enmudecido la guadaña de la aurora.
Y siento unas ganas locas
De mear a la luna desde la ventana.
¡Luz azul, en este azul profundo
Ni siquiera la muerte me importa!
¡Que importa que yo parezca un cínico
Con un farol colgando del trasero!
Viejo, buen y supercabalgado Pegaso,
¿Qué falta me hace a mí tu trote blandengue?
Yo he venido como un severo maestro
A cantar y a ensalzar a las ratas.
Como agosto, vierte
Mi cabeza el vino espumoso de mis cabellos.

Yo quiero ser ese amarillo
Que nos lleva al país que navegamos.

Serguéi Yesenin

Serguéi Alexándrovich Yesenin nació en Riazán, Rusia, el 21 de septiembre de 1895.
En 1921 conoció a la bailarina Isadora Duncan, se casó con ella el 2 de mayo de 1922, viajando ambos por Europa occidental y Estados Unidos.
Regresó a su país en mayo de 1923 ya con serios problemas de alcoholismo y lleno de nostalgia por Rusia, se divorciaría de la Duncan poco después.
Contraería un nuevo matrimonio en 1924, enlace que apenas duraría unos meses con Sofía Andréyevna Tolstáya, nieta de León Tolstói.
Se suicidó ahorcándose, el 27 de diciembre de 1925 en el hotel Angleterre de Leningrado.

También de Sergei Yesenin en este blog:

«Sergéi Yesenin: Estoy cansado de vivir en mi tierra…»: AQUÍ

«Sergei Ysenin: El canto de la perra»: AQUÍ

«Sergey Yesenin: Hasta pronto amigo mío…»: AQUÍ

«Sergei Yesenin: Carta a una mujer»: AQUÍ

«Sergey Esenin: Ya nos vamos marchando poco a poco…»: AQUÍ

You Might Also Like

No Comments

  • Reply Sergéi Esenin: El canto de la perra | Trianarts octubre 14, 2014 at 3:36 pm

    […] “Serguéi Esenin: Confesión de un golfo”: AQUÍ […]

  • Reply Recordando a Sergey Esenin: Hasta pronto amigo mío… | Trianarts octubre 18, 2014 at 12:22 pm

    […] “Serguéi Yesenin: Confesión de un golfo”: AQUÍ […]

  • Reply Sergey Esenin: Carta a una mujer | Trianarts octubre 18, 2014 at 12:24 pm

    […] “Serguéi Yesenin: Confesión de un golfo”: AQUÍ […]

  • Reply Mi recuerdo a Serguéi Yesenin: Sin lamentos - Trianarts octubre 3, 2015 at 8:11 pm

    […] “Serguéi Yesenin: Confesión de un golfo”: AQUÍ […]

  • Responder a Sergey Esenin: Carta a una mujer | TrianartsCancelar respuesta

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.