Poesia

Ósip Mandelshtám: Yo he regresado a mi ciudad, que conozco

septiembre 17, 2015

“El sonido sordo y cauteloso del fruto
Que cae del árbol,
En medio de una incesante melodía
Del profundo silencio del bosque…”

OM

“Yo he regresado a mi ciudad, que conozco”

Yo he regresado a mi ciudad que conozco hasta las lágrimas,
hasta las venas, hasta las inflamadas glándulas
de los niños.

Tú regresaste también, así que bébete
aprisa
el aceite de los faros fluviales
de Leningrado.
Reconoce pronto el pequeño día decembrino,
cuando la yema se mezcla a la brea funesta.

Petersburgo, todavía no quiero morir.
Tú tienes mis números telefónicos.

Petersburgo, yo aún tengo las direcciones
en las que podré hallar las voces de los muertos.
Vivo en la escalera falsa, y en la sien
me golpea profunda una campanilla agitada.

Y toda la noche, sin descanso, espero la visita anhelada
moviendo los grilletes de las puertas.

Ósip Mandelshtám

Traducción de Jorge Bustamante García
De: “Tristia y otros poemas” – 1920

Ósip Emílievich Mandelshtám nació en Varsovia, Imperio ruso, el 15 de enero de 1891.
Poeta ruso de origen judío-polaco y miembro de la corriente acmeísta, una derivación del simbolismo ruso que reaccionaba contra él. Con el tiempo evolucionó hacia posiciones individuales, como la síntesis del simbolismo, el futurismo y el acmeísmo.
Tras escribir un poema contra Stalin, fue desterrado a los Urales donde fracasó en un intento de suicidio, después de pasar varios años en Voronezh, en los que continuó escribiendo, aunque en condiciones muy difíciles, volvió, siendo de nuevo arrestado en 1938, y condenado a cinco años de trabajos forzados en un campo de Vladivostok, donde murió el 27 de diciembre de 1938.
Su nombre estuvo prohibido en la Unión Soviética durante 20 años.

Impresionante relato de Sergio Bufano sobre la muerte de Osip Mandelstam:

“El poema nunca escrito”

… Mandelstam prefería mantener distancia de esa estética que más tarde se encaminaría con paso militante hacia el realismo socialista.
En el mes de diciembre de 1938, en un campo de prisioneros de la Unión Soviética, la temperatura congelaba la respiración y la conciencia de los comisarios políticos. Los 25 grados bajo cero no perdonaban nada. Implacables, solidificaban las lágrimas y no dejaban llorar, aunque no por ello impedían la tristeza. Al menos la tristeza del poeta Osip Mandelstam, o lo que quedaba de él al cabo de algunos años de permanencia en ese desierto helado en donde sólo el aullido del viento apaga el aullido de los lobos.
En una barraca de madera que dejaba filtrar por sus ranuras los puñales de aire hirientemente fríos, durmió mal, como siempre, y despertó cuando la luz plomiza del lejano noroeste de Rusia, cerca del río Kolima, amagaba con aparecer, pero no aparecía. El sol era en su memoria un círculo delgado y frágil, que se desvanecía detrás de cada ráfaga blanca; Mandelstam ya no recordaba ni un sólo día de verano. Ni una primavera. Olvidado el color verde del pasto, el amarillo de las hojas de otoño, el rocío de las noches estivales, había olvidado también la agradable sensación del calor cuando se levantó de su camastro y salió hacia el galpón para tomar el té que le servirían sus guardianes.
No llegó a cruzar la calle y cayó muerto, probablemente agradecido por la generosidad de la naturaleza que le impedía seguir viviendo. Ya era hora de morir. Por fin, la muerte le abría las puertas de la libertad para escapar del tormento de su cuerpo sometido.
Cuerpo que nunca más apareció. En alguna fosa común que todavía hoy comparte con cientos de intelectuales, revolucionarios o campesinos disconformes, los restos del poeta se han congelado sesenta y cuatro inviernos. Nunca más se supo de él. No hay memoria que pueda rescatar sus huesos.
Y nunca, además, fue posible comprender el gesto que lo condujo a la cárcel y la muerte.

San Petersburgo

Sergio Bufano

También de Osip Mandelstam en este blog:

“Ósip Mandelshtám: Me extravié en el cielo”: AQUÍ

“Osip Mandelstam: Porque no supe retener tus manos…”: AQUÍ

“Osip Mandelstam: Poema (Sin título)”: AQUÍ

Bibliografía poética:

La piedra – 1913
Tristia – 1922
Cuadernos de Moscú – 1930-1935
Cuadernos de Voronezh – 1935-37

*La imagen es una fotografía de la estatua dedicada al poeta en la ciudad de Vorónezh, Rusia, ciudad en la que éste vivió hasta ser capturado por segunda vez y deportado al campo de trabajos forzosos de Vladivostok donde finalmente murió.

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  • Reply Recordando a Ósip Mandelshtám: Me extravié en el cielo - Trianarts diciembre 30, 2015 at 12:08 am

    […] “Ósip Mandelshtám: Yo he regresado a mi ciudad, que conozco”: AQUÍ […]

  • Reply Mi recuerdo a Ósip Mandelshtám: La tristeza inexpresiva... - Trianarts enero 15, 2016 at 12:07 am

    […] “Ósip Mandelshtám: Yo he regresado a mi ciudad, que conozco”: AQUÍ […]

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