
«No me lamento, no llamo, no lloro,
todo pasará como humo de manzanos blancos.
Preso del oro del marchitamiento…»
SE
«Carta a una mujer»
Usted se acuerda,
usted, claro, de todo se acuerda,
cuando andaba nerviosa
por la estancia
– yo a la pared pegado –
y me reñía
con acerbas palabras.



