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                             “Yo también pienso en mí cuando te sueño y robo al tiempo
                             todas mis edades para poblar mis íntimas moradas…”
                                                                                      Manuel Altoaguirre

    Nació en Málaga en 1905
    No tenía aún 20 cuando fundó su primera revista de poesía en la que tuvo la colaboración de grandes poetas y de compañeros suyos de generación.
      En Londres fundó su propia imprenta y regresó a España para sumarse a las filas republicanas en la Guerra Civil. Se exiló a México en 1939 donde además de escribir, dirigió algunas películas.
      Vino de visita a España en 1959 y falleció en Burgos a causa de un accidente de automóvil.
    Es sin duda el poeta más intimista y espiritual de la , observándose en su obra la huella de místicos como San Juan de la Cruz Y Garcilaso de la Vega y de dos de sus poetas más admirados, Juan Ramón Jiménez y Pedro Salinas.
      Predominan en su obra los versos cortos con estrofas costumbristas llenas de musicalidad

    Una pequeña muestra de su obra:

    Hoy puedo estar contigo…

    Hoy puedo estar contigo. He deseado
    para ti todo el bien y me acompaña
    la bondad del amor. A ti te debo
    gozar en soledad la compañía
    más difícil del hombre, la que tiene
    consigo mismo. No me causa miedo
    reconocerme, ni busco a nadie, no.
    Le has dado a mi semblante sin saberlo
    una luz interior que me hace fuerte,
    para vencer mayores soledades.

    Tus palabras

    Apoyada en mi hombro
    eres mi ala derecha.
    Como si desplegaras
    tus suaves plumas negras,
    tus palabras a un cielo
    blanquísimo me elevan.

    Exaltación. Silencio.
    Sentado estoy a mi mesa,
    sangrándome la espalda,
    doliéndome tu ausencia.

    Amor

    Mi forma inerte grande como un mundo
    no tiene noche alrededor ni día
    pero tiniebla y claridad por dentro
    hacen que yo, que tú, vivamos.
    Mares y cielos de mi sangre tuya
    navegamos los dos. No me despiertes.
    No te despiertes, no, sueña la vida.
    Yo también pienso en mí cuando te sueño
    y robo al tiempo todas mis edades
    para poblar mis íntimas moradas
    y acompañarte siempre, siempre, siempre.

     Abandono

    ¡Qué dulce dolor de ancla
    en el corazón sentías!
    Tu corazón reteniendo,
    duro coral, mi partida.

    Ahogada en amor, tu amor
    como un mar me sostenía.
    Altos vientos me empujaron
    solitario a la deriva.

    Si mi nave se fue lejos
    más profunda quedó hundida
    tu dura rama de sangre,
    rota el ancla de mi vida.

    Solo, entre las grises nubes
    que mis sienes acarician,
    sin ti voy por entre nieblas
    recordando tu agonía.

    Al ver por donde huyes…

    Al ver por donde huyes
    dichoso cambiaría
    las sendas interiores de tu alma
    por la de alegres campos.
    Que si tu fuga fuera
    sobre verdes caminos
    o sobre las espumas
    y te vieran mis ojos,
    seguirte yo sabría.
    No hacia dentro de ti.
    donde te internas,
    que al querer perseguirte
    me doy contra los muros de tu cuerpo.
    No hacia dentro de ti,
    porque no estemos:
    tú, pálida, escondida;
    yo, como ante una puerta
    ante tu pecho frío.

    Amor oscuro

    Si para ti fui sombra
    cuando cubrí tu cuerpo,
    si cuando te besaba
    mis ojos eran ciegos,
    sigamos siendo noche,
    como la noche inmensos,
    con nuestro amor oscuro,
    sin límites, eterno…
    Porque a la luz del día
    nuestro amor es pequeño.

     Amor, sólo te muestras…

    Amor, sólo te muestras
    por lo que de mí arrancas,
    aire invisible eres
    que despojas mi alma
    manchando el limpio cielo
    con suspiros y lágrimas.
    Al pasar me has dejado
    erizado de ramas,
    defendido del frío
    por espinas que arañan,
    cerradas mis raíces
    el paso de las aguas,
    ciega y sin hojas la desnuda frente
    que atesoró verdores y esperanzas.

     Beso

    ¡Qué sola estabas por dentro!

    Cuando me asomé a tus labios
    un rojo túnel de sangre,
    oscuro y triste, se hundía
    hasta el final de tu alma.

    Cuando penetró mi beso,
    su calor y su luz daban
    temblores y sobresaltos
    a tu carne sorprendida.

    Desde entonces los caminos
    que conducen a tu alma
    no quieres que estén desiertos.

    ¡Cuántas flechas, peces, pájaros,
    cuántas caricias y besos!

    Cerrando los ojos

    Huyo del mal que me enoja
    buscando el bien que me falta.
    Más que las penas que tengo
    me duelen las esperanzas.

    Tempestades de deseos
    contra los muros del alba
    rompen sus olas. Me ciegan
    los tumultos que levantan.

    Nido en el mar. Cuna a flote.
    La flor que lucha en el agua
    me sostiene mar adentro

    y mar afuera me lanza.
    Cierro los ojos y miro
    el tiempo interior que canta.

    Como un ala negra

    Como un ala negra de aire
    desprendida de hombro alto,
    cuerpo de un muerto reflejo
    en duras tierras ahogado,
    la sombra quieta, tendida,
    flota sobre el liso campo.

    La nube, sombra en el viento
    de la sombra, flor sin tallo,
    de la amplia campana azul
    adormecido badajo,
    techo azul y suelo verde
    tiene en la tarde de mayo.

    Como una rama de almendro
    el horizonte nublado.

    La sombra quieta, tendida,
    flota sobre el liso campo,
    cuerpo de un muerto reflejo
    en duras tierras ahogado.

    Contigo

    No estás tan sola sin mí.
    Mi soledad te acompaña.
    Yo desterrado, tú ausente.
    ¿Quién de los dos tiene patria?

    Nos une el cielo y el mar.
    El pensamiento y las lágrimas.
    Islas y nubes de olvido
    a ti y a mí nos separan.

    ¿Mi luz aleja tu noche?
    ¿Tu noche apaga mis ansias?
    ¿Tu voz penetra en mi muerte?
    ¿Mi muerte se fue y te alcanza?

    En mis labios los recuerdos.
    En tus ojos la esperanza.
    No estoy tan solo sin ti.
    Tu soledad me acompaña.

    Desnudo

    El cielo de tu tacto
    amarillo cubría
    el oculto jardín
    de pasión y de música.
    Altas yedras de sangre
    abrazaban tus huesos.
    La caricia del alma
    -brisa en temblor- movía
    todo lo que tú eras.
    ¡Qué crepúsculo bello
    de rubor y cansancio
    era tu piel! Estabas
    como un astro sin brillo,
    recibiendo del sol
    la luz de tu contorno.
    Sólo bajo tus pies era de noche.
    Eres cárcel de música
    de la música presa,
    que intentaba escapar
    en cada gesto tuyo,
    pero que no podía salir
    y se asomaba como un niño
    a los cristales de tus ojos claros.

     El alma es igual que el aire…

    El alma es igual que el aire.
    Con la luz se hace invisible,
    perdiendo su honda negrura.

    Sólo en las profundas noches
    son visibles alma y aire.
    Sólo en las noches profundas.

    Que se ennegrezca tu alma
    pues quieren verla mis ojos.
    Oscurece tu alma pura.

    Déjame que sea tu noche,
    que enturbie tu transparencia.
    ¡Déjame ver tu hermosura!

    El ciego amor no sabe de distancias…

    El ciego amor no sabe de distancias
    y, sin embargo, el corazón desierto
    todo su espacio para mucho olvido
    le da lugar para perderse a solas
    entre cielos abismos y horizontes.
    Cuando me quieres, al mirarme adentro,
    mientras la sangre nuestra se confunde,
    una redonda lejanía profunda
    hace posible nuevas ilusiones.
    Ser tuyo es renacerme porque logras
    borrar, hundir, que se retiren todos
    los espejos, los muros de mi alma.
    Blancura del amor. Con cuánto fuego
    se anunció tu presencia. Tengo ahora
    la luz de aquel incendio y un vacío
    donde esperar, donde temer tu vida.

    Encuentro nocturno

    Profeta de mis fines no dudaba
    del mundo que pintó mi fantasía
    en los grandes desiertos invisibles.
    Reconcentrado y penetrante, solo,
    mudo, predestinado, esclarecido,
    mi aislamiento profundo, mi hondo centro,
    mi sueño errante y soledad hundida,
    se dilataban por lo inexistente,
    hasta que vacilé cuando la duda
    oscureció por dentro mi ceguera.
    Un tacto oscuro entre mi ser y el mundo,
    entre las dos tinieblas, definía
    una ignorada juventud ardiente.
    Encuéntrame en la noche. Estoy perdido.

    Estoy perdido

    Profeta de mis fines no dudaba
    del mundo que pintó mi fantasía
    en los grandes desiertos invisibles.

    Reconcentrado y penetrante, solo,
    mudo, predestinado, esclarecido,
    mi aislamiento profundo, mi hondo centro,
    mi sueño errante y soledad hundida,
    se dilataban por lo inexistente,
    hasta que vacilé cuando la duda
    oscureció por dentro mi ceguera.

    Un tacto oscuro entre mi ser y el mundo,
    entre las dos tinieblas, definía
    una ignorada juventud ardiente.
    Encuéntrame en la noche. Estoy perdido.

    Fin de un amor

    No sé si es que cumplió ya su destino,
    si alcanzó perfección o si acabado
    este amor a su límite ha llegado
    sin dar un paso más en su camino.

    Aún le miro subir, de donde vino,
    a la alta cumbre donde ha terminado
    su penosa ascensión. Tal ha quedado
    estático un amor tan peregrino.

    No me resigno a dar la despedida
    a tal altivo y firme sentimiento
    que tanto impulso y luz diera a mi vida.

    No es su culminación lo que lamento,
    su culminar no causa la partida,
    la causará, tal vez, su acabamiento.

    Fuga

    Al ver por dónde huyes
    dichoso cambiaría
    las sendas interiores de tu alma
    por las de alegres campos.

    Que si tu fuga fuera
    sobre verdes caminos
    y sobre las espumas,
    y te vieran mis ojos,
    seguirte yo sabría.

    No hacia dentro de ti,
    donde te internas,
    que al querer perseguirte
    me doy contra los muros de tu cuerpo.

    No hacia dentro de ti,
    porque no estemos:
    tú, pálida, escondida,
    yo como ante una puerta
    ante tu pecho frío.

    Hice bien en herirte…

    Hice bien en herirte,
    mujer desconocida.
    Al abrazarte luego
    de distinta manera,
    ¡qué verdadero amor,
    el único, sentimos,
    y qué besos eléctricos
    se dieron nuestras nubes!
    Como el mueble y la tela, tus denudo
    no tenía importancia bajo el aire,
    bajo el alma, bajo nuestras almas.
    Nosotros ya no entendíamos de aquello.
    Era el suelo de un ámbito
    celeste, imponderable.
    Éramos transparencias
    altísimas, calientes.

     Hoy puedo estar contigo…

    Hoy puedo estar contigo. He deseado
    para ti todo el bien y me acompaña
    la bondad del amor. A ti te debo
    gozar en soledad la compañía
    más difícil del hombre, la que tiene
    consigo mismo. No me causa miedo
    reconocerme, ni busco a nadie, no.
    Le has dado a mi semblante sin saberlo
    una luz interior que me hace fuerte,
    para vencer mayores soledades.

    La nube

    Oh libertad errante, soñadora,
    desnuda de verdor, libre de venas,
    arboleda del mar, errante nube;
    si en lluvia el desengaño te convierte,
    la forma de mi copa podrá darte
    una pequeña sensación de cielo.

    Vuelve a la tierra, oh mar, vuelve a la vida,
    a las cadenas de los largos ríos,
    a las prisiones de los hondos lagos;
    vuelve afiliada a penetrar mil veces
    angostos laberintos vegetales.

    ¡Oh libertad, tus puertas son heridas!
    No las quieras abrir, sigue encerrada
    en la sedienta piel o te sostenga
    el inclinado cauce del torrente.

    Todo sueño que es nube se deshace.
    Vuelva a brillar el sol, pues la blancura
    de esa ilusión de libertad celeste
    es tan sólo una sombra hecha jirones.

    No sueñe más el agua, y tenga vida
    en la savia o la sangre, tenga sólo
    en mí su libertad, libre en mis lágrimas.

    La voz cruel

    A Octavio Paz

    Alzan la voz cruel
    quienes no vieron el paisaje,
    los que empujaron por el declive pedregoso
    la carne ajena,
    quienes debieron ser almas de todos
    y se arrancaban de ellos mismos
    cuerpos parásitos
    para despeñarlos.

    Mil muertos de sus vidas brotaban,
    mil muertos solitarios
    que miraban desde el suelo,
    durante el último viaje,
    la colosal estatua a la injusticia.

    No eran muertos,
    eran oprimidos,
    seres aplastados,
    ramas cortadas de un amante o de un padre,
    seres conducidos por un deseo imposible,
    topos de vicio
    que no hallarán la luz
    por sus turbias y blandas galerías.

    Alzan la voz cruel
    quienes no vieron el paisaje,
    los que triunfaron
    por la paz interior de sus mentiras.

    ¡Oh mundo desigual!
    Mis ojos lloren
    el dolor, la maldad:
    la verdad humana.

     

     

     

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    1. Posted on septiembre 6th

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