Literatura, Poesia

José María Millares Sall: Aguaviva

junio 23, 2014

«…aparta ya de mí
esa amarga y cruel expresión
que mancha la pared de la escritura
donde la muerte nos une
y ya luz
nos separa.»

JMS

«Aguaviva»

1.

Asistimos
al entierro del Conde Orgaz
y entre tantos personajes no distinguimos
al Greco ni al sordo de la Quinta
ni a Picasso ni a Marc Chagall reclamándole una vieja deuda a Dalí
pero sí cientos de cirios
y entre tantas luminarias el ojo del Polifemo
que maldecía a don Luis
de Góngora y también los espejuelos
los quevedos de don Francisco
y solo en la penumbra a Fray Luis que llamaba
a baja voz hijo de puta a Tomás de Torquemada
y estaban la soledad y el espíritu
y el silencio
de Toledo y más allá
donde el aire se ocultaba al río Tajo
y tantos cientos de campanas
tocando por el alma
del Conde Orgaz y por todos los pobres
y por la cartera sustraída
que disimuladamente ocultaba el Caballero
de la mano
en el pecho.

2.

Pulir
la tabla del piso
con la lija del agua
y hacerla flotar en el aire y embarcarla
en una nube para que navegue hasta que dios
la vea y le ponga proa
y una vela de humo y luego la pasee
y a la jineta en un caballo
trote por el cielo y desde tierra el hombre
crea que es un hipódromo
el universo y un parque zoológico el paraíso
y los ángeles bailen al son
de una pandereta con chirimías bailando
jotas y motetes
y pasodobles.

3.

La
fiesta
en el salón de los bosques
con los árboles vestidos de largo
y las mariposas
de seda y lazos en las antenas
y un niño que llora
porque le han quitado el gato
y el perro le ladra por desobediente
y más arriba de la montaña
la torre y la campana
que rueda dando campanazos
por un camino que se llenaba de piedras
que aplaudían cuando a esa hora
de la tarde pasaba un entierro y las guitarras
tocaban haciendo bailar al muerto
que iba dentro del ataúd
gritando más respeto señores
para los interfectos cuando perro y gatos
en las puertas del camposanto
esquina a un mausoleo
sobre la muerte
y el dolor
se orinaban.
4.

El
pez coge
la caña y la hoja del árbol
y traba el anzuelo que mira cómo se alimenta
el pájaro y una jirafa marina
que saliendo se asoma al mar y con el arado
hace surcos en la huerta para el viejo
que dormido la mira y el águila que vuela
y se lleva entre sus garras
el silencio que plácidamente soñaba la siesta
cuando vino la sombra de un barco
y asomando su proa
por la playa llamó al cura que desnudo
por la orilla daba puntapiés
a las caracolas donde el mar su oración
decía y dios le reprendía
por no llevar encima la sotana cuando
la señorita de la iglesia salía
apresurada y en un rincón de la plaza
se puso a vomitar en tanto
la tarde caía rascándose una nalga
contra la puerta
de la
sacristía.

5.

Sube
a la altura
sube la cabra mocha con sus ubres
de esparto sacudiendo
cientos de miles de moscas a ver qué hace
el cabrero en la torre
donde sólo palomas ordeña y el aire sujetadores
y sólo las vacas ladran
como ovejas y venden periódicos y revistas
a los curas de beatas que arremangan
sotanas para jugar al fútbol
y mariscar cangrejos en las charcas ajenas
porque los confesionarios
dicen que están llenos de ratas que infectan
la palabra y el amén de la perorata
eclesiástica y la cabra peluda
no está para bromas y menos para fiestas
que ahora están por el euro
que antes llamaban
peseta.

6.

Navaja
afila el viento
y la punta madre corre porque se clava y sube
hasta la nube y sube a más allá
del viento donde Perico
se rasca el trasero con las llaves de san Pedro
y el cielo y los ángeles que mueren
de tedio y otros de tocar
las chirimías y las ocarinas y los menos
santos contando ansiosos las sacas
donde dicen que el Vaticano guarda el dinero
de los pobres que ahora
eso dicen están en el infierno
enseñándole a Lucifer cómo una bolsa
se quita sin mencionar
a santa Rita y de la pobreza todo viene
y los pajaritos
cantan
y ríen.

7.

Qué
piensan
los tejados cuando el viento
les arranca las tejas y se las lleva por el aire
y las mete en las cloacas
para que las ratas jueguen al tejo y las cucarachas
huyan del ruido que hacen las ruedas
y las jeringuillas y los camiones
y el basurero que pasa la escoba y las barre
y ellas vuelan y se convierten
en palmeras donde los turistas no vean
cómo vuelan y se esconden entre las sábanas
las libras de una extranjera que grita
porque las confunde con la mano
del camarero que aquella tarde mientras le servía
un refresco santo dios
cómo la miraba
y con los ojos le hacia llover
sin tocarle
las verijas.

8.

Oh
los sueños
y las larguísimas piernas
de aquel paisaje verde ya perdido en ese mar
oscuro de la noche
y Sebastián con Trakl en sueños
buscando cadáveres en los cementerios
y árboles enanos en los jardines
de la noche y en los agujeros ratas y lagartos
oh los sueños y las manos
y los párpados cerrados de aquellas cuevas
negras por donde salía la hermana
con los muslos aún humedecidos por la música
y aquel silencio y aquel dolor
de la conciencia que le atornillaba las sienes
y la guerra y la droga
y cientos de mutilados por esa lacra
que aún bendicen
los señores
de la paz.

9.

Sombra
y reloj que caminan
que ya es la hora de sentar cabeza
sombra ya no pienses qué paisajes no vuelan
porque las hojas del árbol
se menean pero no suben a torres
que son las campanas
las que se mueven y a la orilla del mar
van los dromedarios
a beber olas y nubes de los cielos
cuando estos se caen y levantan casas y paisajes
de arena cuando son gacelas
las que levantan paredes de viento y celajes
de hierba para los ojos donde mueren
escritos y palabras en el frío
del desierto
que hielan.

10.

No
sube porque
la gloria de la puerta ha cerrado
su escaparate
y arcángeles no quedan
que puedan atender milagros que sólo
el misterio de la luz
si hay oscuridad y talegas de oro
y sólo euros
concede.

11.

Vayamos
a sembrar cantos y hormigas
y vuelos y pájaros que bajo tierra dicen
que también cantan
y no suben hasta los labios porque estos
ya queman por el frío
del acantilado que siempre está asomado
al vacío donde polvo
sólo existe
y piedras.

José María Millares Sall

De: «Esa luz que nos quema»
Ediciones Barataria 2009©
ISBN: 9788495764928

José María Millares Sall nació en Las Palmas de Gran Canaria, el 28 de enero de 1921.
Obtuvo el Premio Canarias de Literatura en 2009.
Murió el 8 de septiembre de 2009.
En Octubre 2010, recibió de forma póstuma el Premio Nacional de Poesía.

Reseña de Santos Domínguez Ramos en su blog, Encuentros de Lecturas, de «Esa luz que nos quema»: AQUÍ

*La imagen es el óleo de Domenikos Theotokopoulos, «El Greco», «El entierro del señor de Orgaz»

También de José María Millares Sal en este blog:

«José María Millares Sall: Playa»: AQUÍ

«José María Millares Sall: Celan 5»: AQUÍ

«José María Millares: La casa que iba al agua, de Azotea marina»: AQUÍ

«José María Millares Sall: Debajo»: AQUÍ

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No Comments

  • Reply Bitacoras.com junio 23, 2014 at 10:24 pm

    Información Bitacoras.com

    Valora en Bitacoras.com: “…aparta ya de mí esa amarga y cruel expresión que mancha la pared de la escritura donde la muerte nos une y ya luz nos separa.” JMS “Aguaviva” 1. Asistimos al entierro del Conde Orgaz y entre tantos personajes no…

  • Reply José María Millares Sall: La casa que iba al agua | Trianarts julio 23, 2014 at 9:28 pm

    […] “José María Millares Sall: Aguaviva”: AQUÍ […]

  • Reply José María Millares Sall: Playa | Trianarts febrero 25, 2015 at 1:03 am

    […] “José María Millares Sall: Aguaviva”: AQUÍ […]

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