Poesia

Marina Tsvietáieva: La Carta

enero 2, 2019


«Ya es hora. Para este fuego
ya soy vieja…»
MT

«La carta»

Así no se esperan carta,
así se espera la carta.
Un trozo de tela
con un borde encolado.
Dentro, una palabra.
Y la felicidad, nada más.

Así no se espera la alegría,
así se espera el fin:
un saludo militar,
tres mínimos trozos de plomo
en el corazón. Niebla roja.
Sólo eso. Y nada más.

Para la dicha soy vieja.
La flor se la llevó el viento.
Rectángulo del patio
y boca negra los fusiles.

(El rectángulo de una carta:
tinta y encantamiento.)
Para el sueño de la muerte
nadie es demasiado viejo.

El rectángulo de esta carta.

11 de agosto de 1923

Marina Tsvietáieva

De: Otros poemas
Recogido en la antología: «El canto y la ceniza» (Anna Ajmátova -Marina Tsvietáieva)
Selección y traducción de Monika Zgustova y Olvido García Valdés
Ed. Galaxia Gutenberg 2018©
ISBN: 978-84-17355-64-7

Marina Ivánovna Tsvetáyeva nació el 26 de septiembre de 1892.
Hija del fundador del Museo Pushkin de Moscú Iván Tsvetáiev, hubo de exiliarse en Praga en 1922) y más tarde a Francia en 1925, tras la revolución rusa.
Vivió durante catorce años en Francia, desdichada y sumida en una gran depresión. Tenía tres hijos Irina y Ariadna, y Gueorgui. En 1939 volvió a la Unión Soviética para reunirse con su marido Serguéi Efrón, quien había regresado a Rusia, con su hija Ariadna poco antes, pero ese mismo año su marido y Ariadna fueron arrestados, Serguéi fue fusilado en 1941; Ariadna fue liberada en 1955.
Marina padeció la tiranía soviética, no logró encontrar vivienda ni trabajo, padeció en una pobreza extrema, tuvo que ingresar a su hija Irina en un orfanato, donde las condiciones precarias en las que este estaba, murió de hambre. Cuando comenzó la Gran Guerra Patria, Marina fue evacuada a Yelábuga, Tartaristán, allí se suicidó el 31 de agosto de 1941.
Pese a todas esas desdichas, dejó una obra viva, de impresionante calor, intransigente y llena de valentía, que fue salvada de la destrucción y del olvido por su hija Ariadna. En la Unión Soviética permaneció practicamente inédita hasta pasada de la Segunda Guerra Mundial, que comenzó a ser conocida a través de la publicación de algunos de sus poemas en hojas clandestinas.
Nabókov rectificó sus prejuicios sobre la «difícil Tsvietáyeva», de ella decía «leerla sólo causa estupor y dolor de cabeza», pero se negó a permitir su rehabilitación, que no ha llegado del todo hasta hace unos pocos años con la publicación en Rusia de su obra completa», según escribe Enrique Vila-Matas, «Su lírica es un gran tesoro de literatura rusa»

También de Marina Tsvetáyeva en este blog:

«Marina Tsvetaeva: A ti, dentro de un siglo»: AQUÍ

«Marina Tsvetáyeva: Poema del fin»: AQUÍ

«Marina Tsvetáyeva: Es sencilla mi ropa…»: AQUÍ

«Marina Tsvetaeva: Regreso del líder»: AQUÍ

«Marina Tsvetáeva: Cabello gris»: AQUÍ

**Ilyá Kamínsky en su libro «Bailando en Odesa” le dedicó este poema: «Marina Tsvietáieva»: AQUÍ

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