Poesia

Pablo Neruda: Muere lentamente

agosto 10, 2008

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“…Te forjé en lucha viva.
De mi pelea oscura contra mí mismo, fuiste…”

“Muere lentamente”

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito,
repitiendo todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca, no arriesga vestir un
color nuevo y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.

Muere lentamente quien evita una pasión, quien
prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las
“íes” a un remolino de emociones, justamente las que
rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los
bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está
infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por
lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite
por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee,
quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente quien destruye su amor propio,

quien no se deja ayudar.

Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de
su mala suerte o de la lluvia incesante.

Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes
de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce
o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.

Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando
siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor
que el simple hecho de respirar.

Solamente la ardiente paciencia hará
que conquistemos una espléndida felicidad.

Pablo Neruda.

Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, que era su nombre real, nació en Parral, Chile, el 12 de julio de 1904.
Murió en Santiago de Chile, el 23 de septiembre de 1973.

Otras entradas con contenido sobre Pablo Neruda en este blog:

Pablo Neruda “Amor en Estravagario”

Pablo Neruda, murió el 23 de Septiembre de 1973

Pablo Neruda. el 15 de Junio de 1924, se publicó: “20 poemas de amor y una canción desesperada”

No me hagas caso: Pablo Neruda

Pablo Neruda

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21 Comments

  • Reply Triana agosto 13, 2008 at 2:20 am

    POEMA 05… PARA QUE TÚ ME OIGAS…

    Para que tú me oigas
    mis palabras
    se adelgazan a veces
    como las huellas de las gaviotas en las playas.

    Collar, cascabel ebrio
    para tus manos suaves como las uvas.

    Y las miro lejanas mis palabras.
    Más que mías son tuyas.
    Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.

    Ellas trepan así por las paredes húmedas.
    Eres tú la culpable de este juego sangriento.

    Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
    Todo lo llenas tú, todo lo llenas.

    Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
    y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.

    Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
    para que tú las oigas como quiero que me oigas.

    El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
    Huracanes de sueños aún a veces las tumban

    Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
    Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.
    Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.
    Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.

    Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
    Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.

    Voy haciendo de todas un collar infinito
    para tus blancas manos, suaves como las uvas.

    P. Neruda.

  • Reply Triana agosto 15, 2008 at 12:59 am

    SED DE TI

    Sed de ti me acosa en las noches hambrientas.
    Trémula mano roja que hasta su vida se alza.
    Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía.
    Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas……

    Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla.
    Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.
    Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo.
    Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos.
    Sed de ti, guirnalda atroz y dulce.
    Sed de ti que en las noches me muerde como un perro.
    Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.

    La boca tiene sed, para qué están tus besos.
    El alma está incendiada de estas brasas que te aman.
    El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo.
    De sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed.
    Y en ella se aniquila como el agua en el fuego.

    P. Neruda

  • Reply Triana agosto 16, 2008 at 8:19 pm

    LA CANCIÓN DESESPERADA

    Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
    El río anuda al mar su lamento obstinado.

    Abandonado como los muelles en el alba.
    Es la hora de partir, oh abandonado!.

    Sobre mi corazón llueven frías corolas.
    Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!

    En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
    De ti alzaron las alas los pájaros del canto.

    Todo te lo tragaste, como la lejanía.
    Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!

    En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
    Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

    Era la alegre hora del asalto y el beso.
    La hora del estupor que ardía como un faro.

    Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
    turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!

    Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
    Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!

    Hice retroceder la muralla de sombra,
    anduve más allá del deseo y del acto.

    Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
    a ti esta hora húmeda, evoco y hago canto.

    Como un vaso albergaste la infinita ternura,
    y el infinito olvido te trizó como a un vaso.

    Era la negra, negra soledad de las islas,
    y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.

    Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
    Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.

    Ah mujer, no sé como pudiste contenerme
    en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!

    Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
    el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.
    Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
    aún los racimos arden picoteados de pájaros.

    Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
    oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.

    Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
    en que nos anudamos y nos desesperamos.

    Y la ternura, leve como el agua y la harina.
    Y la palabra apenas comenzada en los labios.

    Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
    y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!

    Oh, sentina de escombros, en ti todo caía,
    qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!

    De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste.
    De pie como un marino en la proa de un barco.

    Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
    Oh sentina de escombros, pozo abierto y amago.

    Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
    descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

    Es la hora de partir, la dura y fría hora
    que la noche sujeta a todo horario.

    El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
    Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.

    Abandonado como los muelles en el alba.
    Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.

    Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.

    Es la hora de partir. Oh abandonado!.

    Pablo Neruda

  • Reply Triana agosto 18, 2008 at 12:28 pm

    Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.

    Pablo Neruda.

  • Reply Triana agosto 21, 2008 at 2:56 am

    ERES TODA DE ESPUMAS…

    Eres toda de espumas delgadas y ligeras
    y te cruzan los besos y te riegan los días.
    Mi gesto, mi ansiedad cuelgan de tu mirada.
    Vaso de resonancias y de estrellas cautivas.
    Estoy cansado, todas las hojas caen, mueren.
    Caen, mueren los pájaros. Caen, mueren las vidas.

    Cansado, estoy cansado. Ven, anhélame, víbrame.
    Oh, mi pobre ilusión, mi guirnalda encendida!
    El ansia cae, muere. Cae, muere el deseo.
    Caen, mueren las llamas en la noche infinita.

    Fogonazo de luces, paloma de gredas rubias,
    líbrame de esta noche que acosa y aniquila.

    Sumérgeme en tu nido de vértigo y caricia.
    Anhélame, retiéneme.
    La embriaguez a ]a sombra florida de tus ojos,
    las caídas, los triunfos, los saltos de la fiebre.
    Ámame, ámame, ámame.
    De pie te grito! Quiéreme.
    Rompo mi voz gritándote y hago horarios de fuego
    en la noche preñada de estrellas y lebreles.
    Rompo mi voz y grito. Mujer, ámame, anhélame.
    Mi voz arde en los vientos, mi voz que cae y muere.

    Cansado. Estoy cansado. Huye. Aléjate. Extínguete.
    No aprisiones mi estéril cabeza entre tus manos.
    Que me crucen la frente los látigos del hielo.
    Que mi inquietud se azote Con los vientos atlánticos.
    Huye, Aléjate. Extínguete. Mi alma debe estar sola.
    Debe crucificarse, hacerse astillas, rodar,
    verterse, contaminarse sola,
    abierta a la marea de los llantos,
    ardiendo en el ciclón de las furias,
    erguida entre los cerros y los pájaros,
    aniquilarse, exterminarse sola,
    abandonada y única como un faro de espanto.

    P. Neruda

  • Reply Triana agosto 23, 2008 at 9:13 pm

    ** Citas **

    Es tan corto el amor y tan largo el olvido.

    Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera.

    En un beso, sabrás todo lo que he callado.

    Sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano.

    La timidez es una condición ajena al corazón, una categoría, una dimensión que desemboca en la soledad.

    Para que nada nos separe, que no nos una nada.

    Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos.

    Me piden lo profético que hay en mí, con melancolía y un golpe de objetos que llaman sin ser respondidos hay, y un movimiento sin tregua, y un nombre confuso.

    El vino mueve la primavera, crece como una planta la alegría. Caen muros, peñascos, se cierran los abismos, nace el canto.

    El vino abre las puertas con asombro y en el refugio de los meses vuelca su cuerpo de empapadas alas rojas.

    El amor no se mira, se siente, y aún más cuando ella está junto a ti.

    Y si no das más, tan solo encuentra lo que hay en tus manos, piensa que dar amor nunca es en vano. Sigue adelante sin mirar atrás.

    Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida.

    Queda prohibido no sonreír a los problemas, no luchar por lo que quieres, abandonarlo todo por miedo, no convertir en realidad tus sueños.

    Hay un cierto placer en la locura, que solo el loco conoce.

    ¿Cuál será la diferencia entre tener paciencia para nada y perder el tiempo?.

  • Reply Triana agosto 24, 2008 at 9:57 pm

    A Miguel Hernández, asesinado en los presidios de España.-

    LLEGASTE a mí directamente del Levante. Me traías,
    pastor de cabras, tu inocencia arrugada,
    la escolástica de viejas páginas, un olor
    a Fray Luis, a azahares, al estiércol quemado
    sobre los montes, y en tu máscara
    la aspereza cereal de la avena segada
    y una miel que medía la tierra con tus ojos.

    También el ruiseñor en tu boca traías.
    Un ruiseñor manchado de naranjas, un hilo
    de incorruptible canto, de fuerza deshojada.
    Ay, muchacho, en la luz sobrevino la pólvora
    y tú, con ruiseñor y con fusil, andando
    bajo la luna y bajo el sol de la batalla.

    Ya sabes, hijo mío, cuánto no pude hacer, ya sabes
    que para mí, de toda la poesía, tú eras el fuego
    azul.
    Hoy sobre la tierra pongo mi rostro y te escucho,
    te escucho, sangre, música, panal agonizante.

    No he visto deslumbradora raza como la tuya,
    ni raíces tan duras, ni manos de soldado,
    ni he visto nada vivo como tu corazón
    quemándose en la púrpura de mi propia bandera.

    Joven eterno, vives, comunero de antaño,
    inundado por gérmenes de trigo y primavera,
    arrugado y oscuro como el metal innato,
    esperando el minuto que eleve tu armadura.

    No estoy solo desde que has muerto. Estoy con los que
    te buscan.
    Estoy con los que un día llegarán a vengarte.
    Tú reconocerás mis pasos entre aquellos
    que se despeñarán sobre el pecho de España
    aplastando a Caín para que nos devuelva
    los rostros enterrados.

    Que sepan los que te mataron que pagarán con sangre.
    Que sepan los que te dieron tormento que me verán
    un día.
    Que sepan los malditos que hoy incluyen tu nombre
    en sus libros, los Dámasos, los Gerardos, los hijos
    de perra, silenciosos cómplices del verdugo,
    que no será borrado tu martirio, y tu muerte
    caerá sobre toda su luna de cobardes.
    Y a los que te negaron en su laurel podrido,
    en tierra americana, el espacio que cubres
    con tu fluvial corona de rayo desangrado,
    déjame darles yo el desdeñoso olvido
    porque a mí me quisieron mutilar con tu ausencia.

    Miguel, lejos de la prisión de Osuna, lejos
    de la crueldad, Mao Tse-tung dirige
    tu poesía despedazada en el combate
    hacia nuestra victoria.
    Y Praga rumorosa
    construyendo la dulce colmena que cantaste,
    Hungría verde limpia sus graneros
    y baila junto al río que despertó del sueño.
    Y de Varsovia sube la sirena desnuda
    que edifica mostrando su cristalina espada.

    Y más allá la tierra se agiganta,
    la tierra
    que visitó tu canto, y el acero
    que defendió tu patria están seguros,
    acrecentados sobre la firmeza
    de Stalin y sus hijos.
    Ya se acerca
    la luz a tu morada.
    Miguel de España, estrella
    de tierras arrasadas, no te olvido, hijo mío,
    no te olvido, hijo mío!
    Pero aprendí la vida
    con tu muerte: mis ojos se velaron apenas,
    y encontré en mí no el llanto,
    sino las armas
    inexorables!
    · Espéralas! Espérame!

    Pablo Neruda

  • Reply Triana agosto 28, 2008 at 11:48 am

    Poema 1

    Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
    te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
    Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
    y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.
    Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros
    y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
    Para sobrevivirme te forjé como un arma,
    como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.
    Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
    Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
    Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!
    Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!
    Cuerpo de mujer mía, persistirá en tu gracia.
    Mi sed, mi ansia sin limite, mi camino indeciso!
    Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
    y la fatiga sigue, y el dolor infinito.

    Pablo Neruda

  • Reply Triana septiembre 5, 2008 at 12:23 am

    Poema 2

    En su llama mortal la luz te envuelve.
    Absorta, pálida doliente, así situada
    contra las viejas hélices del crepúsculo
    que en torno a ti da vueltas.
    Muda, mi amiga,
    sola en lo solitario de esta hora de muertes
    y llena de las vidas del fuego,
    pura heredera del día destruido.
    Del sol cae un racimo en tu vestido oscuro.
    De la noche las grandes raíces
    crecen de súbito desde tu alma,
    y a lo exterior regresan las cosas en ti ocultas.
    de modo que un pueblo pálido y azul
    de ti recién nacido se alimenta.
    Oh grandiosa y fecunda y magnética esclava
    círculo que en negro y dorado sucede:
    erguida, trata y logra una creación tan viva
    que sucumben sus flores, y llena es de tristeza.

    P. Neruda

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