
Charles Baudelaire. Murió el 31 de Agosto de 1867.
Había nacido en París en 1821 y en 1834 fue enviado por su padrastro a Las Antillas para intentar alejarlo del mundo bohemio en el que se movía; volvió a París en 1840 donde inició sus estudios de derecho, entabló amistad con notables artistas y empezó a elaborar críticas de arte y de poesía.
Está considerado como el padre de la poesía moderna, publicando en 1857 su obra cumbre: “Las flores del mal” que en aquél tiempo fue duramente criticada por considerarla una ofensa contra la moral pública. Le sucedieron obras como: Pequeños poemas en prosa”, y “Paraísos artificiales”, publicados en 1860.
Contrajo la sífilis debido a su vida caótica que le produjo una perdida de la voz y una parálisis que le llevo a la muerte el 31 de Agosto de 1867.
De forma póstuma se publicaron: “El arte romántico”, “Mi corazón al desnudo” y “Epistolario”.
De “Flores del mal”
11. El enemigo
Mi juventud no fue sino un gran temporal
Atravesado, a rachas, por soles cegadores;
Hicieron tal destrozo los vientos y aguaceros
Que apenas, en mi huerto, queda un fruto en sazón.
He alcanzado el otoño total del pensamiento,
y es necesario ahora usar pala y rastrillo
Para poner a flote las anegadas tierras
Donde se abrieron huecos, inmensos como tumbas.
¿Quién sabe si los nuevos brotes en los que sueño,
Hallarán en mi suelo, yermo como una playa,
El místico alimento que les daría vigor?
-¡Oh dolor! ¡Oh dolor! Devora vida el Tiempo,
Y el oscuro enemigo que nos roe el corazón,
Crece y se fortifica con nuestra propia sangre.
24. Perfume exótico
Cuando entorno los ojos bajo el sol otoñal
Y respiro el aroma de tu cálido seno,
Ante mí se perfilan felices litorales
Que deslumbran los fuegos de un implacable sol.
Una isla perezosa donde Naturaleza
Produce árboles únicos y frutos sabrosísimos,
Hombres que ostentan cuerpos ágiles y delgados
Y mujeres con ojos donde pinta el asombro.
Guiado por tu aroma hacia mágicos climas
Veo un puerto colmado de velas y de mástiles
Todavía fatigados del oleaje marino,
Mientras del tamarindo el ligero perfume,
Que circula en el aire y mi nariz dilata,
En mi alma se mezcla al canto marinero.
De “La muerte”
144. La muerte de los amantes
Poseeremos lechos colmados de aromas
Y, como sepulcros, divanes hondísimos
E insólitas flores sobre las consolas
Que estallaron, nuestras, en cielos más cálidos.
Avivando al límite postreros ardores
Serán dos antorchas ambos corazones
Que, indistintas luces, se reflejarán
En nuestras dos almas, un día gemelas.
Y, en fin, una tarde rosa y azul místico,
Intercambiaremos un solo relámpago
Igual a un sollozo grávido de adioses.
Y más tarde, un Ángel, entreabriendo puertas
Vendrá a reanimar, fiel y jubiloso,
Los turbios espejos y las muertas llamas.
De “Cuadros Parisienses”:
117. El amor engañoso
Cuando te veo cruzar, oh mi amada indolente,
Paseando el hastío de tu mirar profundo,
Suspendiendo tu paso tan armonioso y lento
Mientras suena la música que se pierde en los techos.
Cuando veo, al reverbero del gas que va tiñéndola,
Tu frente aureolada de un mórbido atractivo
Donde las luces últimas del sol traen a la aurora,
Y, como los de un cuadro, tus fascinantes ojos,
Me digo: ¡qué bella es! , ¡qué lozanía extraña!
El taraceado recuerdo, pesada y regia torre,
La corona, y su corazón, prensado como fruta,
Y su cuerpo, están prestos para el más sabio amor.
¿Serás fruto que en otoño da sazonados sabores?
¿Vaso fúnebre que aguarda ser colmado por las lágrimas?
¿Perfume que hace soñar en perfumes lejanísimos,
Almohadón acariciante o canastilla de flores?
Sé que hay ojos arrasados por la cruel melancolía
Que no guardan escondido ningún precioso secreto,
Bellos estuches sin joyas, medallones sin reliquias
Más vacíos y más lejanos, ¡oh cielos!, que esos dos tuyos.
Pero ¿no basta que seas la más sutil apariencia,
Alegrando al corazón que huye de la verdad?
¿Qué más da tontería en ti o qué más da indiferencia?
Te saludo adorno o máscara. Sólo adoro tu belleza.
XXXIII – Remordimiento póstumo
Cuando en el fondo duermas, mi bella tenebrosa,
de una tumba de mármol denegrido construida,
y ya tan sólo tengas por alcoba o guarida
una cueva lluviosa y una profunda fosa;
Cuando oprima la losa tu carne temblorosa
y tus flancos doblados con encanto tendida,
y el latir y el querer a tu pecho le impida,
Y a tus pies el correr su carrera azarosa,
La tumba, confidente de mi sueño infinito,
(porque la tumba siempre comprenderá al poeta),
en esas largas noches en que el sueño es proscrito,
Te dirá: “¿De qué os sirve, cortesana indiscreta,
lo que los muertos lloran no haber conocimiento?”
-Y te roerá el gusano como un remordimiento.
Traducción de: Antonio Martínez Sarrión
Sobre El Tasso en Prisión de Eugenio Delacroix
El poeta en prisión, desbocado, enfermizo,
Rodando un manuscrito bajo su pie convulso,
Mide con mirada que el terror inflama
La escala de vértigo en la que se hunde su alma.
Las embriagantes risas que llenan la prisión
Hacia lo extraño y absurdo invitan su razón;
La duda rodealo, el ridículo temor,
Feo y multiforme, al rededor de él circula.
El genio encerrado en un abrigo malsano,
Las muecas, los gritos, los espectros que el zumbido
agita, azuzados detrás de su oreja,
Soñador que el horror de su habitación despierta,
Es éste tu emblema, alma de cuidados oscuros,
Que la realidad ahoga entre sus cuatro muros





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