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                      “… por culpa de nadie habrá llorado esta piedra

    Gonzalo Rojas, nació en Lebú, Arauco (Chile) el 20 de diciembre de 1917.

    Perteneció a la generación de 1938, “su obra se enmarca en la tradición continuadora de las vanguardias literarias latinoamericanas del siglo XX”, está considerado el poeta vivo más importante de Chile y su poesía, según él mismo ha expresado, tiene grandes influencias del Surrealismo.

    Estudió Derecho y Literatura, fué profesor de Estetíca Literaria y Jefe del Departamento de Castellano en la Universidad de Concepción. Asó mismo fue docente en EE.UU, Alemania y Venezuela.
    Fué el organizador desde 1958 de los celebres “Congresos de Escritores de Concepción”, reuniendo en ellos a los escritores hispanos más selectos de la época.
      Ejerció como diplomático en China y en Cuba y recibió numerosos reconocimientos y premios, tales como:
    - Premio Sociedad de Escritores de Chile por “Poesía Inédita” en 1946
    - Premio Reina Sofía de poesía de España.
    - Premio Octavio Paz de México
    - Premio José Hernández de Argentina.
    - Premio Nacional de Literatura de Chile en 1992
    - Premio Cervantes de Literatura 2003.
    “La piedra”

    Por culpa de nadie habrá llorado esta piedra.

    Habrá dormido en lo aciago
    de su madre esta piedra
    precipicia por
    unimiento cerebral
    al ritmo
    de donde vino llameada
    y apagada, habrá visto
    lo no visto con
    los otros ojos de la música, y
    así, con mansedumbre, acostándose
    en la fragilidad de lo informe, seca
    la opaca habráse anoche sin
    ruido de albatros contra la cerrazón ido.

    Vacilado no habrá por esta decisión
    de la imperfección de su figura que por oscura no vio nunca nadie
    porque nadie las ve nunca a esas piedras que son de nadie
    en la excrecencia de una opacidad
    que más bien las enfría ahí al tacto como nubes
    neutras, amorfas, sin lo airoso
    del mármol ni lo lujoso
    de la turquesa, ¡tan ambiguas
    si se quiere pero por eso mismo tan próximas!

    No, vacilado no; habrá salido
    por demás intacta con su traza ferruginosa
    y celestial, le habrá a lo sumo dicho al árbol: -Adiós
    árbol que me diste sombra; al río: -Adiós
    río que hablaste por mí; lluvia, adiós,
    que me mojaste. Adiós,
    mariposa blanca.

    Por culpa de nadie habrá llorado esta piedra.

    “Asma es amor”

                                                        A Hilda, mi centaura

    Más que por la A de amor estoy por la A
    de asma, y me ahogo
    de tu no aire, ábreme
    alta mía única anclada ahí, no es bueno
    el avión de palo en el que yaces con
    vidrio y todo en esas tablas precipicias, adentro
    de las que ya no estás, tu esbeltez
    ya no está, tus grandes
    pies hermosos, tu espinazo
    de yegua de Faraón, y es tan difícil
    este resuello, tú
    me entiendes: asma
    es amor.

    “Carta del suicida”

    Juro que esta mujer me ha partido los sesos,
    Por que ella sale y entra como una bala loca,
    Y abre mis parietales y nunca cicatriza,
    Así sople el verano o el invierno,
    Así viva feliz sentado sobre el triunfo
    Y el estomago lleno, como un cóndor saciado,
    Así padezca el látigo del hambre,
    así me acueste
    O me levante, y me hunda de cabeza en el día
    Como una piedra bajo la corriente cambiante.

    Así toque mi citara para engañarme, así
    Se habrá una puerta y entren diez mujeres desnudas,
    Marcadas sus espaldas con mi letra, y se arrojen
    Unas sobre otras hasta consumirse.

    Juro que ella perdura porque ella sale y entra
    Como una bala loca,
    Me sigue a donde voy y me sirve de hada.

     ”El fornicio”

    Te besaré en la punta de las pestañas y en los pezones,
    te turbulentamente besara,
    mi vergonzosa, en esos muslos
    de individua blanca, tacara esos pies
    para otro vuelo más aire que ese aire
    felino de tu fragancia, te dijera española
    mía, francesa mía, inglesa, ragazza,
    nórdica boreal, espuma
    de la diáspora del Génesis… ¿Qué más
    te dijera por dentro?
                                     ¿griega,
    mi egipcia, romana
    por el mármol?
                           ¿fenicia,
    cartaginesa, o loca, locamente andaluza
    en el arco de morir
    con todos los pétalos abiertos,
                                                   tensa
    la cítara de Dios, en la danza
    del fornicio?

    Te oyera aullar,
    te fuera mordiendo hasta las últimas
    amapolas, mi posesa, te todavía
    enloqueciera allí, en el frescor
    ciego, te nadara
    en la inmensidad
    insaciable de la lascivia,
                                          riera
    frenético el frenesí con tus dientes, me
    arrebatara el opio de tu piel hasta lo ebúrneo
    de otra pureza, oyera cantar las esferas
    estallantes como Pitágoras,
                                              te lamiera,
    te olfateara como el león
    a su leona,
                    para el sol,
    fálicamente mía,
                              ¡te amara!

     “A unas muchachas que hacen eso en lo oscuro”

    Bésense en la boca, lésbicas
    baudelerianas, árdanse, aliméntense
    o no por el tacto rubio de los pelos, largo
    a largo el hueso gozoso, vívanse
    la una a la otra en la sábana
    perversa,
                    y
    áureas y serpientes ríanse
    del vicio en el
    encantamiento flexible, total
    está lloviendo peste por todas partes de una costa
    a otra de la Especie, torrencial
    el semen ciego en su granizo mortuorio
    del Este lúgubre
    al Oeste, a juzgar
    por el sonido y la furia del
    espectáculo.
                       Así,
    equívocas doncellas, húndanse, acéitense
    locas de alto a bajo, jueguen
    a eso, ábranse al abismo, ciérrense
    como dos grandes orquídeas, diástole y sístole
    de un mismo espejo.
                                    De ustedes
    se dirá que amaron la trizadura.
    Nadie va a hablar de belleza.
    “Carbón”

    Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir
    mi Lebú en dos mitades de fragancia, lo escucho,
    lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces,
    cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento
    como una arteria más entre mis sienes y mi almohada.

    Es él. Está lloviendo.
    Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor
    a caballo mojado. Es Juan Antonio
    Rojas sobre un caballo atravesando un río.
    No hay novedad. La noche torrencial se derrumba
    como mina inundada, y un rayo la estremece.

    Madre, ya va a llegar: abramos el portón,
    dame esa luz, yo quiero recibirlo
    antes que mis hermanos. Déjame que le lleve un buen vaso de vino
    para que se reponga, y me estreche en un beso,
    y me clave las púas de su barba.

    Ahí viene el hombre, ahí viene
    embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso
    contra la explotación, muerto de hambre, allí viene
    debajo de su poncho de Castilla.

    Ah, minero inmortal, ésta es tu casa
    de roble, que tú mismo construiste. Adelante:
    te he venido a esperar, yo soy el séptimo
    de tus hijos. No importa
    que hayan pasado tantas estrellas por el cielo de estos años,
    que hayamos enterrado a tu mujer en un terrible agosto,
    porque tú y ella estáis multiplicados. No
    importa que la noche nos haya sido negra
    por igual a los dos.
    -Pasa, no estés ahí
    mirándome, sin verme, debajo de la lluvia.

    Gonzalo Rojas

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    This entry was posted on Lunes, diciembre 21st, 2009 at 21:40 and is filed under Poesia. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.
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    1. Posted on diciembre 21st

      Información Bitacoras.com…

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    2. [...] This post was mentioned on Twitter by Roger Michelena, Trianarts. Trianarts said: Gonzalo Rojas, (Chile), nació el 20 de diciembre de 1917. http://tinyurl.com/yl3v783 [...]

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