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    Silivina Ocampo.

    Buenos Aires.- 28/7/1903-14/12/1994.

    Una de las mejores escritoras argentinas del Siglo XX .

    Su entrada a la literatura esta unida a la influencia de su hermana Victoria y la del tambien escritor Adolfo Bioy Casares, con quien se casó en 1940. 

    Su primera obra fue un libro de cuentos, publicado en 1939: “Viaje olvidado”.

    Obtuvo numerosos premios a lo largo de su carrera, en 1962 el Premio Nacional de Poesía por “Espacios metricos”.

    La obra en prosa de Silvina extensa, tiene como rasgo singular su imaginación, utiliza un lenguaje cultivado para narrar sus retorcidas invenciones situando sus historias en un ambiente fantastico, caracteristica que se advierte muy pronto en su obra (Viaje Olvidado.1937).

    Su obra poética en un principio con metrica clasica y rimas inocentes, posterioremente está dotada de versos más elaborados.  “Los nombres”, “Lo amargo por dulce”, “Amarillo celeste”.

    En colaboración con Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, publicó  “Antología de la literatura fantástica”, en 1940, y la “Antología poética argentina”, en 1941.

    Tradujo a algunos importantes poetas de habla inglesa, como a Emily Dickinson

    En los últimos años el ámbito academico de Argentina la ha redescubierto, no fue muy leída ni apreciada en vida, hecho que coincide con la publicación de algunas obras inéditas.  Las repeticiones y otros cuentos (2006) o Ejércitos de la oscuridad (2008). 

    La llave maestra.-

    La luz de su cuarto me habla de él cuando no está,
    me acompaña cuando tengo miedo,
    y siempre tengo miedo porque soy valiente;
    oye su paso sobre los mosaicos de la entrada
    va a su encuentro cuando abre la puerta lentamente
    cuando lo espero, y siempre lo espero;
    lo mismo es para la luz eléctrica que para la luz del sol,
    lo mismo para el sol que la luna o la estrella.
    Un tapiz forma la luz complicada
    es la vida y siempre la vida.
    Si me quedara ciega la vería con mis patas
    o tal vez con mi frente cuando llega.
    El tapiz no lo forma la luz sino su llegada, el sonido
    que cambia de oscuro en claro.
    El tablero de la luz tiene varias llaves
    pero una gobierna el resto:
    se llama la llave maestra.
    Del mismo modo el tablero de mi luz
    tiene una sola llave que gobierna las otras
    la llave que está en sus manos.
    Apagaría todas las luces si quisiera
    pero yo cierro los ojos para no ver
    la oscuridad que podría ser luz
    para no herirlo.
    La visión.-

    Caminábamos lejos de la noche,
    citando versos al azar,
    no muy lejos del mar.
    Cruzábamos de vez en cuando un coche.

    Había un eucalipto, un pino oscuro
    y las huellas de un carro
    donde el cemento se volvía barro.
    Cruzábamos de vez en cuando un muro.

    Íbamos a ninguna parte, es cierto,
    y estábamos perdidos: no importaba.
    La calle nos llevaba
    junto a un caballo negro casi muerto.

    Era de noche -esto será mentira.
    Tal vez, pero en mis versos es verdad-.
    Una arcana deidad
    casi siempre nocturna que nos mira

    vio que nos deteníamos y el día
    suspendió sus fanáticos honores,
    clausuró sus colores
    pues también el caballo nos veía.

    No digas que no es cierto: nos miraba.
    Con la atónita piedra de sus ojos,
    bajo los astros rojos,
    nos vio como los dioses que esperaba.
    Los mosaicos.-

    a M.C.B.

    SI llevaran las lágrimas inscripto su dolor,
    verías que no lloro, como parece, tanto;
    si fueran piedras, vidrios grabados, en mi llanto
    verías el favor que me hacen al correr,
    con perfección y cuánto.

    Te mostrarían, créeme, que sufrir nos depara
    lugares y personas y objetos que están lejos;
    y que la oscuridad pánica que vibra en sus reflejos
    es transitable y clara,
    y como la ilusión dentro de los espejos:

    Similares figuras vimos en los mosaicos:
    el Minotauro, Orfeo, las vírgenes en duelo,
    sacrificios de Abraham, Venus, el asfodelo,
    los rostros más arcaicos
    de Daniel con los leones, en el muro, en el suelo.
     

    Nos iremos, me iré con los que me aman…

    Nos iremos, me iré con los que aman,
    dejaré mis jardines y mi perro
    aunque parezcas dura como el hierro
    cuando los vientos vagabundos braman.

    Nos iremos, tu voz, tu amor me llaman:
    dejaré el son plateado del cencerro
    aunque llegue a las luces del desierto
    por ti, porque tus frases me reclaman.

    Buscaré el mar por ti, por tus hechizos,
    me echaré bajo el ala de la vela,
    después que el barro zarpe cuando vuela

    la sombra del adiós. Como en los fríos
    lloraré la cabeza entre tu mano
    lo que me diste y me negaste en vano.
     

    Presentimiento.-

    Durante muchos días me seguiste.
    En el canto del pájaro, en las sombras,
    en las modulaciones del espacio:
    aprendí a conocerte.
    Yo sentía tu luz atravesarme
    como una flecha de oro envenenada.
    Te desobedecía arrepentida.
    Me hablabas en secreto.
    En los espejos rotos, en la tinta
    azul de los cuadernos que dejabas
    sobre la mesa de mi dormitorio.
    Yo temblaba al mirarte, yo temblaba
    como tiemblan las ramas reflejadas
    en el agua movida por el viento.
    Ahora que conozco tus señales,
    tu piel y tus orejas, tu semblante,
    no trataré de desobedecerte,
    y me arrodillaré frente a tu imagen,
    implacable sibila que me sigues.
     

    Quiero morir si de mi vida no hallo…

    Quiero morir si de mi vida no hallo
    la meta del misterio que me guía,
    quiero morir, volverme ciega y fría
    como la planta que fulmina el rayo.

    Si lo que ansío decir es lo que callo,
    y si he de aborrecer lo que quería
    sin asco y sin vergüenza hasta este día,
    si todo lo que intento es mero ensayo,

    será porque he vivido de mentiras.
    Por no morir quiero morir. El viento
    que suena entre los muros con sus liras

    o el hibisco bermejo, o el fragmento
    de la luna, siempre algo, hasta mi queja,
    me deslumbra y me deja más perpleja.
     

    Quisiera ser tu predilecta almohada.-

    Quisiera ser tu predilecta almohada
    donde de noche apoyas tus orejas
    para ser tu secreto y ser las rejas
    de tu sueño: dormida o desvelada

    ser tu puerta, tu luz cuando te alejas,
    alguien que no trató de ser amada.
    Huir de la ansiedad que está en mis quejas,
    poder a veces ser lo que soy, nada,

    no tener nunca miedo de perderte
    con variación y honda infidelidad,
    jamás llegar por nada a concederte

    la tediosa y vulgar fidelidad
    de los abandonados que prefieren
    morir por no sufrir, y que no mueren.

     
    Si la verdad se vuelve mentira.-

    Si la verdad se vuelve una mentira,
    si se vuelve dolor la dicha aviesa,
    si se vuelve alegría la tristeza
    con sus falsas promesas cuando expira,

    si la virtud a la cual en vano aspira
    mi vida frustra la habitual promesa,
    si el corazón de odio o de amor me pesa
    y al helarse cual mármol, aún suspira.

    Si no pude enmendarme al recibir
    la ingratitud de los que más he amado
    ni pude ensombrecerme al eximir

    de mi cariño a los que me han colmado,
    será porque los dioses me han herido
    del inocente horror de haber nacido.

    Si soy en vano.-

    Si soy en vano ahora lo que fui,
    como la blanda y persistente arena
    donde se borra el paso que la ordena,
    no he sufrido bastante, amor, por ti.

    Ah, si me hubieras dado sólo pena
    y no la infiel intrépida alegría
    tu crueldad no me lastimaría,
    no podría apresarme tu cadena.

    Quiero amarte y no amarte como te amo;
    ser tan impersonal como las rosas;
    como el árbol con ramas luminosas

    no exigir nunca dichas que hoy reclamo;
    alejarme, perderme, abandonarte,
    con mi infidelidad recuperarte.

     
    Sobre un mármol.-

    Tantos recuerdos juntos en el viento,
    tantos jardines juntos que recuerdan
    sin nadie nadie ya que los recuerde,
    tantas fuentes con ángeles, sirenas,
    tritones o cupidos o pescados,
    tanto mar en el sueño hecho de mármol,
    tantas flores de caña ya perdidas
    detrás de las mareas de los ríos
    y un “moriré o no moriré muy pronto”
    que dicen deshojadas margaritas
    en lugar de “me quiere” o “no me quiere”.

    Silvina Ocampo

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    This entry was posted on Sábado, diciembre 20th, 2008 at 1:23 and is filed under Poesia. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.
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    1. Posted on diciembre 21st

      Triana, un descubrimiento para mí la poesia de Sivia Ocampo, la conocía como exelente traductora y antologista.
      Gracias por el regalo.
      Sergio Asorga

      Último post en la Web de…sergio astorga…Le doy mi palabra

    2. Posted on diciembre 22nd

      Yo la conocía muy poco tambien, pero de pronto me encontré con un poema suyo en un blog cuando buscaba otra cosa y me fuí a buscar más obra suya, todo un descubrimiento reciente, tambien para mí.

      Un abrazo más cercano hoy.

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