Poesia

Leopoldo Lugones: El canto de la angustia

junio 13, 2024


[…] y ya no me besaste…
Y solté el cabo, y se me fue la vida.

LL

Mi recuerdo al poeta argentino en el aniversario de su nacimiento.

«El canto de la angustia»

Yo andaba solo y callado
Porque tú te hallabas lejos;
y aquella noche
Te estaba escribiendo,
Cuando por la casa desolada
Arrastró el horror su trapo siniestro.

Brotó la idea, ciertamente,
De los sombríos objetos:
El piano,
El tintero,
La borra de café en la taza,
y mi traje negro.

Sutil como las alas del perfume
Vino tu recuerdo.
los ojos de joven cordial y triste,
Tus cabellos,
Como un largo y suave pájaro
De silencio.
(Los cabellos que resisten a la muerte
Con la vida de la seda, en tanto misterio.)
Tu boca donde suspira
La sombra interior habitada por los sueños.
Tu garganta,
Donde veo
Palpitar como un sollozo de sangre,
La lenta vida en que te mece durmiendo.

Un vientecillo desolado,
Más que soplar, tiritaba en soplo ligero.
Y entre tanto,
El silencio,
Como una blanda y suspirante lluvia
Caía lento.

Caía de la inmensidad,
Inmemorial y eterno.
Adivinábase afuera
Un cielo,
Peor que oscuro:
Un angustioso cielo ceniciento.

Y de pronto, desde la puerta cerrada
Me dio en la nuca un soplo trémulo,
y conocí que era la cosa mala
De las cosas solas, y miré el blanco techo.
Diciéndome: «Es una absurda
Superstición, un ridículo miedo.»
Y miré la pared impávida.

Y noté que afuera había parado el viento.
¡Oh aquel desamparo exterior y enorme
Del silencio!
Aquel egoísmo de puertas cerradas
Que sentía en todo el pueblo.
Solamente no me atrevía
A mirar hacia atrás,
Aunque estaba cierto
De que no había nadie;
Pero nunca,
¡Oh, nunca habría mirado de miedo!
Del miedo horroroso
De quedarme muerto.

Poco a poco, en vegetante
Pululación de escalofrío eléctrico,
Erizáronse en mi cabeza
Los cabellos.
Uno a uno los sentía,
y aquella vida extraña era otro tormento.

Y contemplaba mis manos
Sobre la mesa, qué extraordinarios miembros;
Mis manos tan pálidas,
Manos de muerto.
y noté que no sentía
Mi corazón desde hacía mucho tiempo.
Y sentí que te perdía para siempre,
Con la horrible certidumbre de estar despierto.
y grité tu nombre
Con un grito interno,
Con una voz extraña
Que no era la mía y que estaba muy lejos.
Y entonces, en aquel grito,
Sentí que mi corazón muy adentro,
Como un racimo de lágrimas,
Se deshacía en un llanto benéfico.

Leopoldo Lugones

Leopoldo Lugones nació en Villa de María del Río Seco, Córdoba, Argentina, el 13 de junio de 1874.
Fue poeta, ensayista, periodista y político.
Su actividad literaria y política comenzó Córdoba, al acceder como periodista en El Pensamiento Libre, publicación considerada atea y anarquista, participando así mismo en la fundación del primer centro socialista de la ciudad. En ese tiempo publicó su poesía bajo el seudónimo de Gil Paz.
Posteriormente, se traslada a Buenos Aires, donde se unió al grupo socialista que integraban, entre otros escritores, José Ingenieros, Alberto Gerchunoff, Manuel Baldomero Ugarte y Roberto Payró. En este tiempo conoció a Rubén Darío que tendría una gran influencia en su poesía.
En 1915 fue nombrado director de la Biblioteca Nacional de Maestros, cargo que ocupó hasta su muerte.
En 1926 recibió el Premio Nacional de Literatura y en 1928 presidió la Sociedad Argentina de Escritores.
El 18 de febrero de 1938 se quitó la vida ingiriendo una mezcla de whisky y cianuro.

También de Leopoldo Lugones en este blog:

«Leopoldo Lugones: La blanca soledad»: AQUÍ

«Leopoldo Lugones: Holocausto»: AQUÍ

«Leopoldo Lugones: Elegía crepuscular»: AQUÍ

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