Pintura

Manuel García Rodríguez: Paisaje y costumbrismo sevillano

septiembre 6, 2018

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Manuel García Rodríguez

Manuel García y Rodríguez nació en Sevilla en 1863.
Simultaneó sus estudios de enseñanza media con los de música, su idea en ese tiempo era la de ser sacerdote, que abandonó para estudiar pintura.

Inicialmente entró en el taller de José de la Vega Marrugal, en el que recibió una formación encuadrada en el más puro romanticismo, que caracterizaba la pintura sevillana en ese momento, y dentro de un detallista y minucioso realismo descriptivo que estaba vinculado al método de la Academia Libre de Bellas Artes de Sevilla.

Posteriormente ingresó en la Academia, donde tuvo como maestros a Manuel Wssel Guimbarda, Eduardo Cano, y Emilio Sánchez Perrier.

Pudo contactar con los artistas sevillanos de esa brillante generación de la pintura costumbrista y del paisaje sevillana.
Fue influenciado por los grandes maestros de Martín Rico y Mariano Fortuny, y coincidiendo con los primeros grandes éxitos en el extranjero de Sánchez Perrier.

Su pintura se encaminó al paisaje y las escenas costumbristas que practicaría de forma casi exclusiva durante toda su carrera.
Interesado en este género pictórico viajó a Madrid, donde entró en contacto con el círculo del maestro Carlos de Haes.

Siempre siguió muy de cerca la obra de Sánchez-Perrier, lo que hace pensar que su relación iba más allá de la de maestro/alumno, que entablaron una cercana amistad, de hecho se sabe que compartieron desplazamientos para pintar al aire libre, en especial a la localidad cercana a Sevilla de Alcalá de Guadaira.

Hecho que se confirma con las obras que ambos enviaron la Exposición de la Academia de Cádiz, donde presentaron telas de la citada ciudad y que se recogen en una publicación de La Ilustración Española y Americana en 1884.

Desde 1885 colaboró como ilustrador en distintas revisas, La Ilustración Artística, entre ellas, siendo destacable la que se editó en homenaje a Gustavo Adolfo Bécquer.

Presentó sus cuadros en numerosas muestras y certámenes, como la Exposición Universal de Barcelona, de 1888; La Exposición Universal de París en 1889, y de forma habitual en la anual Exposición Nacional de Madrid, donde obtuvo una segunda medalla por “La tarde”, en 1890.
Después de este éxito, su fama se extendió logrando una gran popularidad.

En 1891, su “Entrada a una huerta en Sevilla”, fue adquirida por el Museo de Arte de Barcelona, y “Sevilla”, fue comprada en la Exposición Internacional de Berlín.

Ese mismo año pintó una de sus grandes obras, “Diciembre en Sevilla”, actualmente en el Museo Nacional de Cuba, de La Habana.

En 1893 mostró “El verano” en a Exposición Universal de Chicago, y en Múnich participó con “Calle de Granada”, “Mañana de marzo en Sevilla” y “La casa del gobernador en Tánger”.

En la Nacional de 1895, concurrió con dos obras, “Sevilla” y “La presa del Molino del Arzobispo”, paisaje de la ribera de Alcalá, que le hizo obtener una segunda medalla.

En 1897 participó en la exposición que realizó el Ateneo de Sevilla e inició una colaboración con Blanco y Negro, a la que se vio vinculado frecuentemente.

En los últimos años del siglo, sus paisajes se ampliaron con otros lugares, como el Albaicín granadino, la costa de Cádiz, con vistas y rincones costeros, el Puerto de Santa María, Rota, Chipiona y Sanlúcar de Barrameda, en esta última localidad pasó sus veranos en las inmediaciones de la playa de La Jara.

De La Jara realizó varias vistas y panorámicas de la desembocadura del Guadalquivir, las playas y el entorno rural de la zona.

En 1899 fue nombrado miembro de la Academia de San Fernando de Madrid, y en 1904 viajó a Marruecos.
En la segunda década del siglo XX, alcanzó el punto álgido su obra y su fama personal, época en la que alternó su residencia entre Madrid y Sevilla.

Continuó enviando a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, y a las que de forma periódica organizaba en Sevilla la Sociedad Económica de Amigos del País y el Centro de Bellas Artes del Ateneo, paisajes de La Jara, de los jardines del Alcázar y rincones de patios, huertos y riberas.

Por su relación de amistad con el también paisajista José Pinelo Llull, en Alcalá de Guadaíra, a participó en obras en exposiciones de distintas capitales sudamericanas, en los años; 1899, 1902 y 1906.

Los últimos años de su vida fueron muy prolíficos, especialmente en sus escenas del Alcázar sevillano, en el que ya podemos ver las reformas previas que se realizaron para a la Exposición Iberoamericana de 1929.

También en la década de 1920, descubrió la ciudad de Ronda, donde se inspiró para los que serían casi sus últimas obras.
Murió en Sevilla, el 6 de mayo de 1925.

Fue sin duda un magnífico cronista de la Sevilla de finales del siglo XIX y principios del XX, en una obra colorista y de gran belleza.

Su obra está representada en museos de toda España, europeos y americanos.
El Museo Carmen Thyssen de Málaga cuenta con diez de sus cuadros.

*Entrada publicada el 7 de junio de 2015. Ha sido actualizada y ampliada el 6 de septiembre de 2018.

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