Pintura

William G. Congdon: Expresionismo abstracto

julio 2, 2018

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William G. Congdon

Nació en Providence, Rhode Island, Estados Unidos, el 15 de abril de 1912.
De familia acaudalada norteamericana, con la que tuvo una relación difícil, estudió en la universidad de Yale de 1930 a 1934.

Tuvo como maestro al pintor impresionista Henry Hensche, en su taller de Provincetown, Massachusetts, con el qué permaneció tres años.

De 1937 a 1940, asistió a la Escuela de Escultura y Dibujo. bajo la tutela del escultor George Demetrios, en Boston y Gloucester. Más tarde asistiría durante unos meses a la Academia de Bellas Artes de Pensilvania.

En estos años realizó sus primeros trabajos y viajó a Europa, donde conoció las nuevas tendencias que se de estaban realizando en esa época.

En 1942 se alistó en la American Field Service, organización que en sus inicios fue un cuerpo de voluntarios de ambulancias durante la I Guerra Mundial, y qué más tarde, amplió sus objetivos para dedicarse a la educación internacional.

Dentro de ésta, trabajó como conductor de ambulancias en la Batalla de El Alamein en 1942, en el desierto egipcio, y después, tras la invasión de los aliados de Italia, en la región de los Abruzos, continuó trabajando prestando asistencia a los civiles afectados por la guerra.

En mayo de 1945 llegó al campo de concentración de Bergen Belsen que acababa de ser liberado, allí comprobó con horror la barbarie cometida por los criminales nazis.

Entre esas montañas de cadáveres descubrió que la pintura era la vocación de su vida, este escenario de terror sería una marcada influencia en su obra.
Tras la guerra, permaneció en Italia un tiempo ayudando a rehabilitar las áreas que habían sido más afectadas.

Volvió a Estados Unidos,  decidido a abandonar la rigidez del ambiente en su casa de Providence, se trasladó a Nueva York en 1948, donde conoció a los más importantes miembros del expresionismo abstracto de su país.

Al llegar se instaló en una casa del Bowery, barrio de chabolas habitado por la miseria, el vicio, el sufrimiento y la muerte. Esto unido a sus experiencias de la guerra en Europa, fue determinante y vital en su pintura, “sintió la necesidad de encontrar la experiencia de vida al límite, el drama de la vida y de la muerte”.

Logró en sólo tres meses, trasladarse al lujoso barrio de Park Avenue y viajar de nuevo a Europa.
En 1949 regresó, exponiendo en Manhattan, en la Galería de Betty Parsons, la marchante y también artista que fue conocida como la “Madre del Expresionismo Abstracto”.

En dicha galería conoció a los artistas de la nueva generación del “Action Painting”: Jackson Pollock, Mark Rothko, Robert Motherwell y Barnett Newman, entre otros.

Claramente influenciado por Paul Klee y por las técnica de chorreado de Jackson Pollock, realiza una serie de obras la ciudad de Nueva York.

Continuó viajando de forma regular a Europa, sobre todo a Nápoles, pintando en esta época, sus obras de mayor éxito, todas ellas cargadas de una gran fuerza y energía. Se empieza a vislumbrar en ellas, su personalísimo estilo que le hace inconfundible.

En la década de 1950, aunque su éxito era enorme en Estados Unidos, se trasladó a Venecia, que le había seducido por la belleza del agua y la luz.

Fue en la ciudad de los canales donde conoció a Peggy Guggenheim, esposa del pintor Max Ernst, conocida marchante y coleccionista de arte, que alabó la obra de Congdon, y lo situó a la altura de los grandes maestros antiguos. Venecia a partir de aquí, sería una influencia notable en su obra posterior.

En 1951 viajó a Asís, donde entró en contacto Giovanni Rossi, fundador de “Pro Civitate Christiana”, una organización misionera de voluntariado católica, en la que se cortejaba a una gran cantidad de artistas de todo el mundo. Viajó con ellos por el desierto del Sáhara, la isla griega de Santorini, Guatemala y Camboya.

En 1959 se convirtió al catolicismo, y fue bautizado en la Basílica de Asís. Giovanni Rossi le invitó a su casa y se trasladó a Asís, viviendo en ella casi dos décadas.

Sin embargo, tras la conversión, comenzó una etapa difícil para él, su individualismo exagerado, su latente instinto de rebeldía chocaban con la realidad eclesiástica. Sólo una relación personal de amistad profunda le permitió buscar la mínima estabilidad para trabajar y vivir sin ceder a los impulsos autodestructivos, tan relacionados con su creatividad.

Conoció a Pablo Mangini, miembro de Pro Civitate Christiana, cuya devota amistad y atención le ayudaron a sostenerse durante los años que le restaban de vida.

A través de este conoció a Luigi Giussani, fundador del movimiento eclesial Comunión y Liberación. Los dos estaban vinculados a Giussani; abriéndose la posibilidad de crear un centro de meditación en Subiaco, en la región del Lacio, Italia, en el convento abandonado del beato Lorenzo.

De 1960 a 1965, el punto de inflexión existencial por el que pasó, se observa con gran fuerza en sus cuadros.
En estos años realizó casi exclusivamente obras de tema religioso, sobre todo crucifixiones. Esta decisión en cuanto a la temática constituyó un dramático final al prestigio de su carrera.

En la mayoría de los círculos culturales, fue acusado de haber traicionado a la pintura, para otorgar su arte a la iglesia, de hecho, la última exposición individual que realizó en la Galería Berry Parsons fue acogida con frialdad y decepción por público y crítica.

En la década de 1970 admitió que Asís y Subiaco ya no le ofrecían el entorno que necesita para su inspiración y además comenzó a sentir el peso de los años; gracias a la ayuda de su amigo Pablo se instaló en un pueblo cercano a Milán, Gudo Gambaredo, en La Lombardía, sus condiciones físicas ya estaban muy deterioradas y no podía continuar viajando.

Después de dos años en este lugar, de forma inesperada, consiguió pasar una temporada muy activa, pintando sus “campos de color”, cuadros de gran tamaño, muy distantes en estilo de sus pinturas pasadas.

Sus últimos años los pasó en la clausura de un monasterio benedictino de la campaña milanesa. A pesar de su mala salud, emergió de lo que pintó en este tiempo, una vena fresca de naturalismo, casi naif.
Murió el 15 de abril de 1998, el mismo día que cumplía 86 años; sobre la mesa de su estudio dejó un regalo inesperado, su último cuadro, cuyo tema fue inspirado en la lectura de un ensayo de “La Trinidad” del más grande pintor de iconos ruso Andrei Rublev.

Se han realizado varias retrospectivas de su obra, una de ellas en Madrid, el mismo año que murió: “William Congdon: la mirada de un testigo del siglo XX”.

En la actualidad, existe una fundación dedicada a él, con sede oficial en Milán, que se encarga de guardar y gestionar su obra pictórica y literaria.

Su obra en colecciones públicas:

Estados Unidos

MFA – Museum of Fine Arts, Boston, Boston, MA
The Cleveland Museum of Art, Cleveland, OH

Italia

Galleria d’Arte Contemporanea, Asís
Fondazione Querini Stampalia ONLUS, Venecia
Colección Peggy Guggenheim, Venecia

Reino Unido

Kettle’s Yard, Cambridge, Cambridgeshire (Inglaterra)

*Esta entrada fue publicada en este blog el 12 agosto de 2012. Ha sido actualizada y ampliada con más de cincuenta nuevas obras, el 2 de julio de 2018.

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5 Comments

  • Reply Miguel Veyrat: Manos que investigan, de Contraluz | Trianarts septiembre 23, 2012 at 4:16 pm

    […] *La imagen es un óleo de William Congdon […]

  • Reply Juan Carlos Olivas: Elegía del poeta que vuelve | Trianarts octubre 3, 2012 at 10:26 pm

    […] *La imagen es un óleo de William G. Congdon […]

  • Reply León Felipe: Qué lástima | Trianarts junio 25, 2013 at 11:56 am

    […] *La imagen es un óleo de William G. Congdon […]

  • Reply Claudio Rodríguez: Cosecha eterna | Trianarts junio 9, 2014 at 7:17 pm

    […] *La imagen es un óleo de William G. Congdon […]

  • Reply Aleksandr Blok: El viento irrumpe, aúlla la nieve - Trianarts febrero 13, 2016 at 12:15 am

    […] *La imagen es un óleo de William Congdon […]

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