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     Joaquín Álvarez Quintero, nació en Utrera (Sevilla) el 20 de enero de 1873.

    No se puede hablar de Joaquín Alvarez Quintero sin hablar de su hermano Serafín, ya que toda su obra está firmada con el nombre de ambos, obra que fue traducida a todos los idiomas y  gozó de un enorme reconocimiento, así mismo los dos fueron miembros de la Real Academia de la Lengua.  Su primer éxito resonante fue en 1897 con “El ojito derecho”, éxito al que sucedieron muchos más, quizá los más aplaudidos: “El genio alegre” en 1906, “Malvaloca” en 1912,  “Puebla de las Mujeres” en 1912, “Las de caín” en 1908 y “Mariquilla”, se representaron en casi todas las latitudes y fueron nombrados hijos predilectos de su ciudad natal, Utrera y de Sevilla como tambien hijos adoptivos de Zaragoza y Málaga.
      
       Aunque no solo escribieron comedias, publicaron tambien, sainetes, zarzuela y poesía, siendo su naturaleza costumbrista, llena de fuerza y de frescura a la vez que de su innata gracia del sur de España.
      Joaquín murió el 14 de noviembre de 1944.

    Algunos poémas de los Hermanos Alvarez Quintero.

    “La rosa del jardinero”

    Era un jardín sonriente;
    era una tranquila fuente
    de cristal;
    era, a su borde asomada
    una rosa inmaculada
    de un rosal.

    Era un viejo jardinero
    que cuidaba con esmero
    del vergel,
    y era la rosa un tesoro
    de más quilates que el oro
    para él.

    A la orilla de la fuente
    un caballero pasó,
    y la rosa dulcemente
    de su tallo separó.

    Y al notar el jardinero
    que faltaba en el rosal,
    cantaba así, plañidero,
    receloso de su mal:

    -Rosa la más delicada
    que por mi amor cultivada
    nunca fue;
    rosa la más encendida
    la más fragante y pulida
    que cuidé;

    blanca estrella que del cielo
    curiosa del ver el suelo
    resbaló;
    a la que una mariposa
    de mancharla temerosa
    no llegó.

    ¿Quién te quiere? ¿Quién te llama
    por tu bien o por tu mal?
    ¿Quién te llevó de la rama
    que no estás en tu rosal?

    ¿Tú no sabes que es grosero
    el mundo? ¿Que es traicionero
    el amor?
    ¿Que no se aprecia en la vida
    la pura miel escondida
    en la flor?

    ¿Bajo qué cielo caíste?
    ¿A quién tu tesoro diste
    virginal?
    ¿En qué manos te deshojas?
    ¿Qué aliento quema tus hojas
    infernal?

    ¿Quién te cuida con esmero
    como el viejo jardinero
    te cuidó?
    ¿Quién por ti sólo suspira?
    ¿Quién te quiere? ¿Quién te mira
    como yo?

    ¿Quién te miente que te ama
    con fe y con ternura igual?
    ¿Quién te llevó de la rama,
    que no estás en tu rosal?

    ¿Por qué te fuiste tan pura
    de otra vida a la ventura
    o al dolor?
    ¿Qué faltaba a tu recreo?
    ¿Qué a tu inocente deseo
    soñador?

    En la fuente limpia y clara
    ¿espejo que te copiara
    no te di?
    ¿Los pájaros escondidos,
    no cantaban en sus nidos
    para ti?

    ¿Cuando era el aire de fuego,
    no refresqué con mi riego
    tu calor?
    ¿No te dio mi trato amigo
    en las heladas abrigo
    protector?

    ¿Quién para sí te reclama?
    ¿Te hará bien o te hará mal?
    ¿Quién te llevó de la rama
    que no estás en tu rosal?

                     *****

    Así un día y otro día,
    entre espinas y entre flores,
    el jardinero plañía,
    imaginando dolores,
    desde aquél en que a la fuente
    un caballero llegó,
    y la rosa dulcemente
    de su tallo separó.

    “Autorretrato”

    Fuimos… entre espigas y olivares:
    el uno esperó al otro en la lactancia,
    y en el primer pinito de la infancia
    ya escribimos comedias y cantares

    Después… libros, y novias y billares
    (¡memorias que ilumina la distancia!)
    luego… una juventud cuya fragancia
    envenenan agobios y pesares.

    Fuimos… cuanto hay que ser: covachuelistas,
    estudiantes, “diablillos”, editores,
    críticos, “pintamonos”, retratistas…

    Y hoy, como ayer, sencillos escritores
    que siguen, a la luz de sus conquistas,
    sembrando sueños por que nazcan flores.

     
    “Año Nuevo”

    De su ventana, tras el verde herraje,
    entre flores de invierno prisionera,
    una mujer, humana primavera,
    teje, soñando, delicado encaje.

    Sus manos, palomitas sin plumaje,
    hacen labor paciente y duradera,
    y su alma, mariposa volandera,
    libre va de un paraje a otro paraje.

    Se lleva un año muertas ilusiones:
    ni amor de novio, ni amistad de amigo…
    ¿Dónde están los amantes corazones?

    Y entristecida, y sola, y sin testigo,
    piensa, al calor de ocultas emociones:
    “¡Ven, Año Nuevo! ¡Y el amor contigo!”

     
    “Abril”

    Con sus nieves y aguas mil
    al invierno el sol destierra;
    suspira alegre la tierra
    y ese suspiro es abril.

    ¡Abril!, el primer albor
    de la mañana en el cielo;
    ¡abril!, el primer anhelo;
    ¡abril!, la primera flor.

    El primer ímpetu ardiente
    de la vida, antes en calma;
    el primer grito en el alma;
    el primer sueño en la frente.

    Abril es por maravilla
    flor de eterna juventud;
    abril es fuerza y salud;
    abril sabe a manzanilla.

    Abril es aura que cruza
    entre flores a escoger;
    abril es una mujer,
    y una mujer andaluza.

    Abril ama, sueña, engríe
    canta, bulle y alborota;
    abril es clavel que brota,
    abril es boca que ríe.

    ¡Abril! ¿A quién no has dejado
    el recuerdo de un amor
    y las hojas de una flor
    en el libro más preciado?

     
    “Guadalquivir”

    En su nacimiento, en Cazorla.

    ¡Detente aquí, viajero! En estas peñas
    nace el que es y será rey de los ríos,
    entre pinos gigantes y bravíos,
    que arrullan su nacer y ásperas breñas.

    El reflejo otro tiempo las enseñas,
    las armas, los corceles y atavíos
    de razas imperiosas, cuyos bríos
    postráronse en sus márgenes risueñas
    ensancha entre olivos y trigales,
    y al mar corre a rendirle sus cristales.

    Mas coma lleva sal de Andalucía,
    sus aguas vuelve a las del mar iguales,
    para llegar mas lejos todavía…

    Y así van sus caudales,
    triunfantes en el seno de las olas,
    a las p]ayas de América españolas.

     ”La siesta”

    En un rincón de un patio fresco y ameno,
    que alegran y perfuman aves y flores,
    una niña morena, que tiene amores,
    duerme, puestas las manos sobre su seno.

    .
    Sueña, y al grato hechizo de cuanto mira
    a través de la bruma de lo soñado,
    se dilata su seno blanco y rosado,
    y su boca de grana se abre y suspira.

    Luz del alma ilumina su rostro hermoso:
    se encienden sus mejillas, tiembla y sonríe,
    y más con lo que sueña su amor se engríe,
    y es cada vez su aliento más anheloso…

    Murmura luego su nombre: nadie contesta…
    Abre sus ojos negros con mudo espanto,
    y al ver de sus quimeras roto el espanto
    volviendo al sueño dice: ¡Bendita siesta!

    “Dolores, Dolores”

    I

    -Dime: ¿por qué as ese llanto?
    -Por una ilusión perdida
    por una reciente herida,
    por un nuevo desencanto…
    Pues no llores más… y olvida.
    II

    -¿Por qué lloras, flor de flores?
    -Porque el que era dueño mío,
    el que me hablaba de amores,
    me hiere con un desvío…
    -Pues olvídalo… y no llores.
    III

    -¿Por qué sollozas ahora?
    -¡Ay! Ya no alumbra la aurora
    ni dará. flores mi huerto…
    Lloro por mi niño muerto…
    -Pues no lo olvides… y llora.

    “La mejor copla”

    En el descanso de una jornada,
    que si fue dura, si fue sangrienta,
    por ha Victoria fue coronada,
    junta a la hoguera que los calienta,
    enardecidos y decidores
    con fe en la vida y alma contenta,
    varios soldados cantan amores,
    como quien quiere buscando flores
    borrar el daño de la tormenta.

    Harto seguro de su donaire,
    toca uno de ellos una guitarra,
    y una garganta que se desgarra
    lanza esta copla, que roba el aire:

    La heridita que me han hecho
    es chiquitita y es roja:
    ¡bendiga Dios esta herida,
    que me recuerda tu boca!

    Con recios gritos y ¡oles! ardientes
    al que ha cantado premia el cornillo:
    porque la copla lleva a las frentes,
    en su lenguaje puro y sencillo
    la imagen viva de las ausentes
    cuyo retrato guarda el hatillo.

    Y aun no repuestos los campeones
    de esta alegría que en sentimiento
    tiene anegados los corazones
    cuando quejosa como un lamento
    de ha vihuela siempre a los sones,
    salta otra copla que roba el viento:

    Aquel base de mi madre me
    dio miedo de la guerra,
    y en la guerra soy valiente
    por devolvérselo a ella

    ¡Amor de madre! Rico tesoro
    que late dentro de las entrañas,
    como en el centro de las montañas
    oculto el oro:
    al evocarte con voz dolida,
    sienten los héroes como encendida
    sobre su rostro la intensa huella
    de aquellos besos de despedida
    que da tan sólo la boca de ella.

    En algún pecho brota un sollozo;
    algunos ojos anubla el llanto;
    y al advertirlo sagaz el mozo
    de las cantares, por el quebranto
    volver en gozo,
    para la patria tiene este canto:

    Que cuál patria era su patria
    le preguntaron a Dios,
    y sin pararse a pensarlo,
    Él dijo que era español.

    Estallan risas frescas y locas
    de honda alegría;
    gritan a un tiempo todas las bocas,
    y amortiguando la algarabía
    con su apostura serena y pía,
    pasa una virgen de blancas tocas.

    Lleva en sus ojos, dulces y bellos,
    por el insomnio martirizados
    de amor cristiano dulces destellos;
    lleva sus dedos ensangrentados,
    porque amorosos tocaron ellos
    en las heridas de los soldados.

    ¡Amor de todos! Este as su emblema,
    éste es su norte y éste su aliento,
    y amando a todos viva el poema
    de la ternura y el sufrimiento.

    La mira el mozo, su ardor extrema,
    y con el alma puesta en su acento,
    canta esta copla, que luego el viento
    lleva a más alta región suprema:

    La caridad no pregunta
    ni las nombres ni las tierras:
    como la mar llama al río,
    el llanto la llama a ella.

    Canto de penas del mundo entero,
    por generoso, por lastimero,
    conmueve a todos… Noble y augusta
    sigue la hermana por el sendero.

    Y otro muchacho dice al coplero
    con voz velada, pero robusta:
    -Tengo una patria por la que muero,
    tengo una novia que es un lucero,
    tengo una madre cristiana y justa,
    y, sin embargo, mi compañero,.
    ése es el canto que yo prefiero,
    ¡ésa es la copla que más me gusta!

    Joaquín y Serafín Alvarez Quintero

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    1. Posted on enero 20th

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