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    Miguel Hernández Gilabert. Orihuela (Alicante) 30 de Octubre de 1910.
    Murió en la cárcel de Alicante el 28 de Marzo de 1942.

    En Orihuela (Alicante) un pueblo pequeño de la Huerta del Segura en el Levante de España, nació Miguel Hernández el 30 de Octubre de 1910, se cumplen pues hoy 99 años de su nacimiento.
      Su padre era un tratante de ganado y transcurre su infancia en la preciosa sierra oriolana tras su rebaño de cabras, en una naturaleza que lo maravilla desde niño, todo lo que la rodea, le interesa enormemente: las estrellas, la luna, la lluvia y las plantas, los animales, el sol…
      Por las tardes ordeña sus cabras y reparte la leche entre sus vecinos.
      Durante un breve periodo de tiempo asiste a un colegio que tiene que abandonar a los 15 años y volver con sus cabras, pero habiendo brillado como alumno pasa muchas de las horas que está en el campo leyendo a Gabriel y Galán, Gabriel Miró, Zorrilla, Rubén Darío… y a veces escribe sencillos versos bajo la sombra de algún árbol…

      Ayer en Orihuela comenzaros las obras de recuperación y restauración de su casa natal en la calle Antonio Piniés que deberán estar acabadas para celebrar su centenario

        No voy a escribir la biografía completa de Miguel, es de sobra conocida y hay mil páginas en la red en las que consultarla, solo quiero, con el alma dolida aún por su muerte injusta y el agradecimiento profundo por haber nacido, por haber tenido una vida tan breve pero tan fecunda y por haberme transmitido más que ningún otro poeta, mi amor por la poesía y mi necesidad de ser ser libre.

        Gracias Miguel.

    Solo unos pocos de mis poemas más amados:

    “El niño Yuntero”

    “Carne de yugo, ha nacido
    más humillado que bello,
    con el cuello perseguido
    por el yugo para el cuello.

    Nace, como la herramienta,
    a los golpes destinado,
    de una tierra descontenta
    y un insatisfecho arado.

    Entre estiércol puro y vivo
    de vacas, trae a la vida
    un alma color de olivo
    vieja ya y encallecida.

    Empieza a vivir, y empieza
    a morir de punta a punta
    levantando la corteza
    de su madre con la yunta.

    Empieza a sentir, y siente
    la vida como una guerra
    y a dar fatigosamente
    en los huesos de la tierra.

    Contar sus años no sabe,
    y ya sabe que el sudor
    es una corona grave
    de sal para el labrador.

    Trabaja, y mientras trabaja
    masculinamente serio,
    se unge de lluvia y se alhaja
    de carne de cementerio.

    A fuerza de golpes, fuerte,
    y a fuerza de sol, bruñido,
    con una ambición de muerte
    despedaza un pan reñido.

    Cada nuevo día es
    más raíz, menos criatura,
    que escucha bajo sus pies
    la voz de la sepultura.

    Y como raíz se hunde
    en la tierra lentamente
    para que la tierra inunde
    de paz y panes su frente.

    Me duele este niño hambriento
    como una grandiosa espina,
    y su vivir ceniciento
    resuelve mi alma de encina.

    Lo veo arar los rastrojos,
    y devorar un mendrugo,
    y declarar con los ojos
    que por qué es carne de yugo.

    Me da su arado en el pecho,
    y su vida en la garganta,
    y sufro viendo el barbecho
    tan grande bajo su planta.

    ¿Quién salvará a este chiquillo
    menor que un grano de avena?
    ¿De dónde saldrá el martillo
    verdugo de esta cadena?

    Que salga del corazón
    de los hombres jornaleros,
    que antes de ser hombres son
    y han sido niños yunteros.”

    “Aceituneros” (Andaluces de Jaén)

    “Andaluces de Jaén,
    aceituneros altivos,
    decidme en el alma: ¿quién,
    quién levantó los olivos?

    No los levantó la nada,
    ni el dinero, ni el señor,
    sino la tierra callada,
    el trabajo y el sudor.

    Unidos al agua pura
    y a los planetas unidos,
    los tres dieron la hermosura
    de los troncos retorcidos.

    Levántate, olivo cano,
    dijeron al pie del viento.
    Y el olivo alzó una mano
    poderosa de cimiento.

    Andaluces de Jaén,
    aceituneros altivos,
    decidme en el alma: ¿quién
    amamantó los olivos?

    Vuestra sangre, vuestra vida,
    no la del explotador
    que se enriqueció en la herida
    generosa del sudor.

    No la del terrateniente
    que os sepultó en la pobreza,
    que os pisoteó la frente,
    que os redujo la cabeza.

    Árboles que vuestro afán
    consagró al centro del día
    eran principio de un pan
    que sólo el otro comía.

    ¡Cuántos siglos de aceituna,
    los pies y las manos presos,
    sol a sol y luna a luna,
    pesan sobre vuestros huesos!”

    Andaluces de Jaén,
    aceituneros altivos,
    pregunta mi alma: ¿de quién,
    de quién son estos olivos?

    Jaén, levántate brava
    sobre tus piedras lunares,
    no vayas a ser esclava
    con todos tus olivares.

    Dentro de la claridad
    del aceite y sus aromas,
    indican tu libertad
    la libertad de tus lomas.”

    “La Boca”

    “Boca que arrastra mi boca:
    boca que me has arrastrado:
    boca que vienes de lejos
    a iluminarme de rayos.

    Alba que das a mis noches
    un resplandor rojo y blanco.
    Boca poblada de bocas:
    pájaro lleno de pájaros.
    Canción que vuelve las alas
    hacia arriba y hacia abajo.
    Muerte reducida a besos,
    a sed de morir despacio,
    das a la grama sangrante
    dos fúlgidos aletazos.
    El labio de arriba el cielo
    y la tierra el otro labio.

    Beso que rueda en la sombra:
    beso que viene rodando
    desde el primer cementerio
    hasta los últimos astros.
    Astro que tiene tu boca
    enmudecido y cerrado
    hasta que un roce celeste
    hace que vibren sus párpados.

    Beso que va a un porvenir
    de muchachas y muchachos,
    que no dejarán desiertos
    ni las calles ni los campos.

    ¡Cuánta boca enterrada,
    sin boca, desenterramos!

    Beso en tu boca por ellos,
    brindo en tu boca por tantos
    que cayeron sobre el vino
    de los amorosos vasos.
    Hoy son recuerdos, recuerdos,
    besos distantes y amargos.

    Hundo en tu boca mi vida,
    oigo rumores de espacios,
    y el infinito parece
    que sobre mí se ha volcado.

    He de volverte a besar,
    he de volver, hundo, caigo,
    mientras descienden los siglos
    hacia los hondos barrancos
    como una febril nevada
    de besos y enamorados.

    Boca que desenterraste
    el amanecer más claro
    con tu lengua. Tres palabras,
    tres fuegos has heredado:
    vida, muerte, amor. Ahí quedan
    escritos sobre tus labios.”

    “Fue una alegría”

    “Fue una alegría de una sola vez,
    de esas que no son nunca más iguales.
    El corazón, lleno de historias tristes,
    fue arrebatado por las claridades.

    Fue una alegría como la mañana,
    que puso azul el corazón, y grande,
    más comunicativo su latido,
    más esbelta su cumbre aleteante.

    Fue una alegría que dolió de tanto
    encenderse, reírse, dilatarse.
    Una mujer y yo la recogimos
    desde un niño rodado de su carne.

    Fue una alegría en el amanecer
    más virginal de todas las verdades.
    Se inflamaban los gallos, y callaron
    atravesados por su misma sangre.

    Fue la primera vez de la alegría
    la sola vez de su total imagen.
    Las otras alegrías se quedaron
    como granos de arena ante los mares.

    Fue una alegría para siempre sola,
    para siempre dorada, destellante.
    Pero es una tristeza para siempre,
    porque apenas nacida fue a enterrarse.”

    “Nanas de la cebolla”

    “La cebolla es escarcha
    cerrada y pobre:
    escarcha de tus días
    y de mis noches.
    Hambre y cebolla:
    hielo negro y escarcha
    grande y redonda.

    En la cuna del hambre
    mi niño estaba.
    Con sangre de cebolla
    se amamantaba.
    Pero tu sangre,
    escarchada de azúcar,
    cebolla y hambre.

    Una mujer morena,
    resuelta en luna,
    se derrama hilo a hilo
    sobre la cuna.
    Ríete, niño,
    que te tragas la luna
    cuando es preciso.

    Alondra de mi casa,
    ríete mucho.
    Es tu risa en los ojos
    la luz del mundo.
    Ríete tanto
    que en el alma al oírte,
    bata el espacio.

    Tu risa me hace libre,
    me pone alas.
    Soledades me quita,
    cárcel me arranca.
    Boca que vuela,
    corazón que en tus labios
    relampaguea.

    Es tu risa la espada
    más victoriosa.
    Vencedor de las flores
    y las alondras.
    Rival del sol.
    Porvenir de mis huesos
    y de mi amor.

    La carne aleteante,
    súbito el párpado,
    el vivir como nunca
    coloreado.
    ¡Cuánto jilguero
    se remonta, aletea,
    desde tu cuerpo!

    Desperté de ser niño.
    Nunca despiertes.
    Triste llevo la boca.
    Ríete siempre.
    Siempre en la cuna,
    defendiendo la risa
    pluma por pluma.

    Ser de vuelo tan alto,
    tan extendido,
    que tu carne parece
    cielo cernido.
    ¡Si yo pudiera
    remontarme al origen
    de tu carrera!

    Al octavo mes ríes
    con cinco azahares.
    Con cinco diminutas
    ferocidades.
    Con cinco dientes
    como cinco jazmines
    adolescentes.

    Frontera de los besos
    serán mañana,
    cuando en la dentadura
    sientas un arma.
    Sientas un fuego
    correr dientes abajo
    buscando el centro.

    Vuela niño en la doble
    luna del pecho.
    Él, triste de cebolla.
    Tú, satisfecho.
    No te derrumbes.
    No sepas lo que pasa
    ni lo que ocurre.”

    “Me tiraste un limón y tan amargo.”

    “Me tiraste un limón, y tan amargo,
    con una mano cálida, y tan pura,
    que no menoscabó su arquitectura
    y probé su amargura sin embargo.

    Con el golpe amarillo, de un letargo
    dulce pasó a una ansiosa calentura
    mi sangre, que sintió la mordedura
    de una punta de seno duro y largo.

    Pero al mirarte y verte la sonrisa
    que te produjo el limonado hecho,
    a mi voraz malicia tan ajena,

    se me durmió la sangre en la camisa,
    y se volvió el poroso y áureo pecho
    una picuda y deslumbrante pena.”

    “Te me mueres de casta”

    “Te me mueres de casta y de sencilla:
    estoy convicto, amor, estoy confeso
    de que, raptor intrépido de un beso,
    yo te libé la flor de la mejilla.

    Yo te libé la flor de la mejilla,
    y desde aquella gloria, aquel suceso,
    tu mejilla, de escrúpulo y de peso,
    se te cae deshojada y amarilla.

    El fantasma del beso delincuente
    el pómulo te tiene perseguido,
    cada vez más potente, negro y grande.

    Y sin dormir estás, celosamente,
    vigilando mi boca ¡con qué cuido!
    para que no se vicie y se desmande.”

    “Umbrío por la pena”

    “Umbrío por la pena, casi bruno,
    porque la pena tizna cuando estalla,
    donde yo no me hallo no se halla
    hombre más apenado que ninguno.

    Sobre la pena duermo solo y uno,
    pena es mi paz y pena mi batalla,
    perro que ni me deja ni se calla,
    siempre a su dueño fiel, pero importuno.

    Cardos y penas llevo por corona,
    cardos y penas siembran sus leopardos
    y no me dejan bueno hueso alguno.

    No podrá con la pena mi persona
    rodeada de penas y cardos:
    ¡cuánto penar para morirse uno!”
    “Para la libertad” (De “El Rayo que no cesa”)

    “Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
    Para la libertad, mis ojos y mis manos,
    como un árbol carnal, generoso y cautivo,
    doy a los cirujanos.

    Para la libertad siento más corazones
    que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
    y entro en los hospitales, y entro en los algodones
    como en las azucenas.

    Para la libertad me desprendo a balazos
    de los que han revolcado su estatua por el lodo.
    Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
    de mi casa, de todo.

    Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
    ella pondrá dos piedras de futura mirada
    y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
    en la carne talada.

    Retoñarán aladas de savia sin otoño
    reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
    Porque soy como el árbol talado, que retoño:
    porque aún tengo la vida.”
    “Soneto final”

    “Por desplumar arcángeles glaciales,
    la nevada lilial de esbeltos dientes
    es condenada al llanto de las fuentes
    y al desconsuelo de los manantiales.

    Por difundir su alma en los metales,
    por dar el fuego al hierro sus orientes,
    al dolor de los yunques inclementes
    lo arrastran los herreros torrenciales.

    Al doloroso trato de la espina,
    al fatal desaliento de la rosa
    y a la acción corrosiva de la muerte

    arrojado me veo, y tanta ruina
    no es por otra desgracia ni por otra cosa
    que por quererte y sólo por quererte.”

     Miguel Hernández

    El sonido del video es de muy mala calidad, pero el documento gráfico de la voz de Miguel es para mi muy valioso.

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    This entry was posted on Viernes, octubre 30th, 2009 at 1:04 and is filed under Poesia. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.
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    1. Posted on octubre 30th

      Información Bitacoras.com…

      Valora en Bitacoras.com: Miguel Hernández Gilabert. Orihuela (Alicante) 30 de Octubre de 1910. Murió en la cárcel de Alicante el 28 de Marzo de 1942. En Orihuela (Alicante) un pueblo pequeño de la Huerta del Segura en el Levante de España, nació Migu…..

    2. [...] This post was mentioned on Twitter by Trianarts and Trianarts, Vicente Juan. Vicente Juan said: RT @Trianarts: Miguel Hernández. Nació en Orihuela (#Alicante) el 30 de Octubre de 1910 http://bit.ly/Bz64n [...]

    3. Posted on octubre 30th

      Triana, conmovedor testimonio, no solo tu carne viva en tu recuerdo sino también el escuchar su voz profunda de poeta.

      Hombre fue aunque Miguel se llame.

      Un abrazo que lo cante.
      Sergio Astorga

    4. Posted on octubre 30th

      Miguel se llama y como digo en mi alma lo llevo prendido, recuerdo aquél fragmento que siendo muy niña leí en un mural de un Colegio Mayoren el que estaba de visita circunstancial, aunque por razones obvias (en pleno franquismo), no llevaba la firma: “A las aladas almas de las rosas, del almendro de nata, te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero”
      Un amigo me consiguió pasados unos años una antología en Francia, está toda gastadita, pero siempre viene conmigo.
      Un abrazo libre.

    5. Posted on octubre 30th

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