Pintura

Théodore Chassériau: El románticismo francés

septiembre 20, 2017

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Théodore Chassériau

Nació en Samaná, Santo Domingo, la actual República Dominicana, el 20 de septiembre de 1819.
De ascendencia francesa por parte de padre, que ocupaba un cargo en la Administración en lo que entonces era una colonia gala, y criolla por parte de madre.

Cuando contaba con tres años de edad, en 1821, se trasladó junto a su familia a París.
Desde muy joven mostró su interés y aptitudes para el dibujo.

En 1830 con once años de edad fue admitido en el estudio de Jean Auguste Dominique Ingres, convirtiéndose muy pronto en uno de los predilectos del maestro, solía decir refiriéndose a Théodore: “Vengan, caballeros, a ver a este niño que será el Napoleón de la pintura”.

En 1834 fue nombrado director de la Academia Francesa en Roma, donde fue fuertemente influenciado por Eugène Delacroix, cuyo uso del color en su pintura, era como un pecado para Ingres.

Chassériau intentó conciliar el clasicismo de Ingres con el romanticismo de Delacroix.
Cuando contaba con 16 años de edad abrió su propio taller, donde practicó sobre todo el retrato, influenciados por el realismo nórdico, la técnica de Ingres y por la pintura española.

Expuso por vez primera en el Salón de París en 1836, logrando una tercera medalla en la categoría de pintura histórica.
En 1840 volvió a Roma donde se reencontró encontró con Ingres, que comprobó con gran tristeza el cambio de rumbo en su pintura de su estudiante, lo que le llevó a una decisiva ruptura con él.

Sus obras más notables en su madurez más temprana, podemos citar “Susana y los viejos” y “Venus Anadyomene”, de 1839; “Diana sorprendida por Acteón”, Andrómeda encadenada a la roca por las nereidas, de 1840; y “La toilette de Ester” de 1841.
En todos estos cuadros nos muestra una idea muy personal e inequívoca de su estilo en el desnudo femenino.

Pintó también algunas obras religiosas, destacando entre estas “Cristo en el monte de los Olivos”. tema que repitió otras dos veces más, y “El Descendimiento de la Cruz”, obras que tuvieron críticas dispares, a su favor tuvo a Théophile Gautier.

En 1843 llevó a cabo varios murales sobre la vida de Santa María Egipcíaca, para la iglesia de Saint-Merri en París.
De ese periodo tiene varios magníficos retratos, como el del “Reverendo Padre Dominique Lacordaire”, de 1840, y “Las dos hermanas”, sus propias hermanas Adèle y Aline, de 1843.

Durante toda su carrera fue prolífico como dibujante, realizando cientos de retratos en grafito y con una clara influencia de Ingres. Igualmente fue un magnifico grabador y ejecutó una serie de 18 aguafuertes con el tema de la obra de William Shakespeare, “Otelo”, en 1844.

Como decíamos, intentó compaginar el estilo de Ingres con la paleta de colores de Delacroix, y a lo largo de su carrera podemos observar dos etapas claramente diferenciadas. En la primera que llega hasta 1845, es más fuerte la influencia de Ingres, con sus figuras siempre idealizadas.

Desde entonces abrió una segunda época en las que predominó el romanticismo colorista y el dibujo totalmente clásico que le inspiraba Delacroix.

En 1846 pintó una de sus obras más importantes, “Ali-Ben-Hamet, califa de Constantina y jefe de los haractas, seguido por su escolta”, tras acabarla, viajó a Argelia por primera vez, donde tomó numerosos apuntes y esbozos que le sirvieron para pintar toda una serie de cuadros de tema orientalista.

De 1853 es la considerada por muchos su obra maestra, ” El tepidarium”, actualmente en el Museo D’Orsay de París, inspirada en un viaje que realizó a Pompeya en 1840, la pintura nos muestra una escena de un gran número de mujeres secándose después del baño, en una ambientación arquitectónica inspirada en el citado viaje.

La más monumental de todas sus pinturas la realizó para decorar la gran escalera del Tribunal de Cuentas, por encargo del estado en la que trabajó de 1844 a 1848, obra que fue gravemente dañada en un incendio en 1871, durante la Comuna, los pocos fragmentos que pudieron rescatarse, se encuentran en el Museo del Louvre.

Tras una racha en la que su salud se vio seriamente comprometida y su agotamiento por los múltiples encargos de murales para distintas iglesias, murió con sólo 38 años de edad, el 8 de octubre de 1856.

Su obra influyó de forma importante en varios e importantes artistas, como los simbolistas  Puvis de Chavannes y Gustave Moreau, y por ende en la de Paul Gauguin y Henri Matisse.

*Esta entrada fue publicada el 29 de septiembre de 2010. Ha sido actualizada y ampliada el 20 de septiembre de 2017.

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  • Reply Gustave Moreau, el precursor del símbolismo | Trianarts octubre 21, 2011 at 10:53 am

    […] tras dos intentos fallidos de lograr el Premio Roma, decidió abandonarla y entro al taller de Théodore Chassériau, discípulo de Ingres y de Delacroix, y en esa misma época conoció a Pierre Puvis de […]

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