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    Luis Chamizo y el castúo.

    El extremeño -estremeñu- (reconocido con esta denominación por organismos internacionales, llamado así por sus propios hablantes cuando han tenido conciencia lingüística

    También recibe el nombre de castúo, aunque además de ser un término creado modernamente por el poeta Luis Chamizo en la década de 1920, dicho término puede llevar a confusión, pues también se denomina así a las hablas castellanas meridionales de tránsito con el leonés habladas en el resto de Extremadura y es precisamente para una obra escrita en un habla de esta índole para lo que fue creado el término originalmente aunque más tarde se popularizara para referirse a todas las hablas de Extremadura en general.

     Luis Chamizo. Guareña (Badajoz), 1894, Madrid, 1945.

    La obra de Luis Chamizo cierra el ciclo de la literatura regionalista, y lo hace renovando la visión de Gabriel y Galán en un libro, El Miajón de los castuos , que consagró para siempre la añoranza de una comunidad rural armoniosa, ajena a cualquier modernidad. La sonoridad de los versos de Chamizo y lo emotivo de algunos de sus poemas, junto a la creación de tópicos como el nombre que otorga a una pretendida identidad extremeña (lo castúo) y sus referencias a una raza extremeña hacen del autor extremeño un modelo completo de literatura regionalista.

    De familia artesana -su padre era un alfarero que prosperó-, como tantos autores regionalistas sale de Extremadura una temporada para estudiar: en Sevilla y Madrid. Residió en Extremadura la mayor parte de su vida. Antes del matrimonio desempeñó diferentes ocupaciones; tras éste, se ocupó del cuidado de las tierras matrimoniales hasta el final de la Guerra Civil, en que se traslada, finalmente, a Madrid.

    Chamizo es el más tardío de los autores regionalistas, y aunque conoce en su juventud el modernismo -del que asimila algunos aspectos formales, como cierta versificación- y las tendencias regeneracionistas y del 98, la publicación de sus poemas más conocidos coincide con las vanguardias y el grupo del 27 en el panorama literario español. Sin embargo, está al margen de la renovación lírica que estos movimientos supusieron, y voluntariamente se reduce al ámbito localista y agotado del regionalismo en tono y temas: su posmodernismo, tan frecuente en los poetas de provincia de la época, es apenas un conjunto de rasgos estilísticos deslavazados…
     
    La obra de Chamizo se reduce, en esencia, a tres títulos: El Miajón de los castuos publicado en 1921, será su libro definitivo; una obra de teatro, Las brujas, estrenada en 1930, y una colección de poesías de intención unitaria (pero escritas en diferente época), Extremadura, publicada en 1942, que son una continuación del tono de El Miajón.  En estos títulos desarrolla su particular relectura de los temas y tonos del regionalismo: la visión nostálgica de un pasado armonioso, la felicidad de la vida rural (en una métrica de formas muy libres, en ocasiones cercanas a la silva, en otras, a las coplas de tradición popular)…

     *Compuerta*

    Corre´l tren retumbando por los jierros

    de la via. Retiemblan

    los recios alcornoques qu´esparraman

    al reor del troncón las hojas secas.

    Juyen las yuntas cuando´l bicho negro

    silvando traquetea.

    S´enmorona un terrón y el jumo riñe

    con las ramas d´encinas que l´enrean…

     

         Vusotros qu´ajuís pa no sé onde

    no queändo´n los jierros ni las juellas,

    vusotros qu´asomaus a las ventanas

    guipáis las foscas y arrogantes jesas

    y las jondas colás con sus regachos

    y la tierra e labor onjuta y seria

    donde rumian su pan unos gañanes

    del coló de la tierra.

     

         Vusotros qu´atendéis a las lerturas

    y seis tan sabijondos en las cencias

    que quizás nus larguéis de carrerilla

    y en romances jazañas extremeñas

    que los nuestros ejaron sin contaglas

    endispués de jaceglas.

     

         Vusotros los que vais drento del bicho

    que juyendo retumba y traquetea,

    ¿no sentís al pasá junto por junto

    al mesmo corazón de nuestras tierras

    argo asín com´un juerte deseo

    que s´eschanguen del chisme toas las rueas

    pa queäros aquí, junt´a nusotros

    pa endurzá una mijina nuestras penas,

    pa rumiá nuestro pan y p´ampaparos

    en la sal del süor que nus chorrea?

     

         Vusotros corriendo, mu corriendo,

    sin queär en los jierros ni las juellas,

    qu´asina como ´l tren vais por la vida,

    retumbando y depriesa…

     

         Si n´os podéis pará, meté pal bolso

    este cacho e libreta

    y al pasá por aquí mirá pal cielo,

    y endispués pa la tierra.

    y endispués de miranos con cariño,

    precipiar a leegla;

    porqu´ella sus dirá nuestros quereles,

    nuestros guapos jorgorios, nuestras penas,

    ocurrencias mu juertes y mu jondas

    y cosinas mu durces y mu tiernas.

     

         Y sus dirá tamién como palramos

    los hijos d´estas tierras,

    porqu´icimos asina: – Jierro, jumo

    y la jacha y el jigo y la jiguera.

     

         Y tamién sus dirá que semos güenos

    que nuestra vida es güena

    en la pas d´un viví lleno e trabajos

    y al doló d´un viví lleno e miserias;

    ¡el miajón que llevamos los castüos

    por bajo a la corteza!

     

         Porque semos asina, semos pardos

    del coló de la tierra

    los nietos de aquellos machos que otros días

    trunfaron en América.

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    This entry was posted on Sábado, septiembre 6th, 2008 at 21:47 and is filed under Extremadura, Poesia. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.
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    1. Posted on septiembre 9th

      LA NACENCIA

      I

      Bruñó los recios nubarrones pardos

      la lus del sol que s´agachó en un cerro,

      y las artas cogollas de los árboles

      d´un coló de naranjas se tiñeron.

      A bocanás el aire nos traía

      los ruídos d´alla lejos

      y el toque d´oración de las campanas

      de l´iglesia del pueblo.

      Ibamos dambos juntos, en la burra,

      por el camino nuevo,

      mi mujé mu malita,

      suspirando y gimiendo.

      Bandás de gorriatos montesinos

      volaban, chirrïando por el cielo,

      y volaban pal sol qu´en los canchales

      daba relumbres d´espejuelos.

      Los grillos y las ranas

      cantaban a lo lejos,

      y cantaban tamién los colorines

      sobre las jaras y los brezos,

      y roändo, roändo, de las sierras

      llegaba el dolondón de los cencerros.

      ¡Qué tarde más bonita!

      ¡Qu´anochecer más güeno!

      ¡Qué tarde más alegre

      si juéramos contentos!…

      - No pué ser más- me ijo- vaite, vaite

      con la burra pal pueblo,

      y güervete de prisa con l´agüela,

      la comadre o el méico -.

      Y bajó de la burra poco a poco,

      s´arrellenó en el suelo,

      juntó las manos y miró p´arriba,

      pa los bruñíos nubarrones recios.

      ¡Dirme, dejagla sola,

      dejagla yo a ella sola com´un perro,

      en metá de la jesa,

      una legua del pueblo…

      eso no! De la rama

      d´arriba d´un guapero,

      con sus ojos roendos

      nos miraba un mochuelo,

      un mochuelo con ojos vedriaos

      como los ojos de los muertos…

      ¡No tengo juerzas pa dejagla sola;

      pero yo de qué sirvo si me queo!

      La burra, que rroía los tomillos

      floridos del lindero

      carcaba las moscas con el rabo;

      y dejaba el careo,

      levantaba el jocico, me miraba

      y seguía royendo.

      ¡Qué pensará la burra

      si es que tienen las burras pensamientos!

      Me juí junt´a mi Juana,

      me jinqué de roillas en el suelo,

      jice por recordá las oraciones

      que m´enseñaron cuando nuevo.

      No tenía pacencia

      p´hacé memoria de los rezos…

      ¡Quién podrá socorregla si me voy!

      ¡Quién va po la comadre si me queo!

      Aturdio del tó gorví los ojos

      pa los ojos reondos del mochuelo;

      y aquellos ojos verdes,

      tan grandes, tan abiertos,

      qu´otras veces a mí me dieron risa,

      hora me daban mieo.

      ¡Qué mirarán tan fijos

      los ojos del mochuelo!

      No cantaban las ranas,

      los grillos no cantaban a lo lejos,

      las bocanás del aire s´aplacaron,

      s´asomaron la luna y el lucero,

      no llegaba, rondo, de las sierras

      el dolondón de los cencerros…

      ¡Daba tanta quietú mucha congoja!

      ¡Daba yo no sé qué tanto silencio!

      M´arrimé más pa ella;

      l´abrasaba el aliento,

      le temblaban las manos,

      tiritaba su cuerpo…

      y a la luz de la luna eran sus ojos

      más grandes y más negros.

      Yo sentí que los míos chorreaban

      lagrimones de fuego.

      Uno cayó roändo,

      y, prendío d´un pelo,

      en metá de su frente

      se queó reluciendo.

      ¡Que bonita y que güena,

      quién pudiera sé méico!

      Señó, tú que lo sabes

      lo mucho que la quiero.

      Tú que sabes qu´estamos bien casaos,

      Señó, tú qu´eres güeno;

      tú que jaces que broten las simientes

      qu´echamos en el suelo;

      tú que jaces que granen las espigas,

      cuando llega su tiempo;

      tú que jaces que paran las ovejas,

      sin comadres, ni méicos…

      ¿por qué, Señó, se va morí mi Juana,

      con lo que yo la quiero,

      siendo yo tan honrao

      y siendo tú tan güeno?…

      ¡Ay! qué noche más larga

      de tanto sufrimiento;

      ¡qué cosas pasarían

      que decilas no pueo!

      Jizo Dios un milagro;

      ¡no podía por menos!

      II

      Toito lleno de tierra

      le levanté del suelo,

      le miré mu despacio, mu despacio,

      con una miaja de respeto.

      Era un hijo, ¡mi hijo!,

      hijo dambos, hijo nuestro…

      Ella me le pedía

      con los brazos abiertos,

      ¡Qué bonita qu´estaba

      llorando y sonriyendo!

      Venía clareando;

      s´oïan a lo lejos

      las risotás de los pastores

      y el dolondón de los cencerros.

      Besé a la madre y le quité mi hijo;

      salí con él corriendo,

      y en un regacho d´agua clara

      le lavé tó su cuerpo.

      Me sentí más honrao,

      más cristiano, más güeno,

      bautizando a mi hijo como el cura

      bautiza los muchachos en el pueblo.

      Tié que ser campusino,

      tié que ser de los nuestros,

      que por algo nació baj´una encina

      del camino nuevo.

      Icen que la nacencia es una cosa

      que miran los señores en el pueblo;

      pos pa mí que mi hijo

      la tié mejor que ellos,

      que Dios jizo en presona con mi Juana

      de comadre y de méico.

      Asina que nació besó la tierra,

      que, agraecía, se pegó a su cuerpo;

      y jue la mesma luna

      quien le pagó aquel beso…

      ¡Qué saben d´estas cosas

      los señores aquellos!

      Dos salimos del chozo,

      tres golvimos al pueblo.

      Jizo dios un milagro en el camino:

      ¡no podía por menos!

      Luis Chamizo

    2. Posted on septiembre 10th

      LA EXPERENCIA

      Ven p´acá hija mia
      que yo soy ya vieja
      y ya dí ese paso que tú das agora
      y viví esa vida que llamamos güena,
      y estrujé mis ojos pa secame el llanto,
      que a juerza de llanto m´entro la experencia.

      Mi Juan mesmamente paece un chiquillo,
      y tú eres mu nueva,
      y sus queréis mucho, y tenéis ajorros,
      y estáis mu solitos dambos en la tierra…
      ¡y este pícaro mundo es tan güeno
      con los que así empiezan…!
      Con cosinas durces sus va engatusando,
      sus tapia los ojos,
      sus jace promesas,
      y aluego se rie,
      dispués que sus ceba
      y sus eja solos erramando jielis
      por el sumiero de vuestra concencia.

      ¡Hia de mi arma, si paice mentira
      que ya estéis casaos dambos po la Iglesia;
      si a mí me paece que sois dos muñecos
      entavía, Teresa,
      pa dirse con tiento pa gastá los cuartos,
      p´atendé a los gorpes de las desigencias,
      pa jacé, jormales, el troncón robusto
      d´una nueva casta que dé castas nuevas;
      unos chirivines que páescan d´azogue,
      qu´estrujen, qu´arañen, que muerdan la teta,
      que lloren con genio, qu´estrocen, que chillen,
      que jagan pucheros al jacegle fiestas…

      ¡Míala cómo jimpla la recandongona
      cuando se le palra de cosinas tiernas!

      Ejate de mimos
      y delicaësas,
      ¡si ya estáis casaos
      dambos, po la Iglesia!

      Ascucha hija mía,
      y no t´encapriches con tu comenencia,
      que la vida es corta,
      mu corta y mu güena
      pa los que vivimos de nuestro trebajo
      y estamos contentos con nuestra pobreza.

      Hay que ver y cómo refalan los días,
      y pasan los años,
      y s´hace una vieja,
      rebuscando siempre lo desconocío,
      siempre suspirando por cosinas nuevas.

      Primero la noche d´estar dambos solos
      con nuestras querencias,
      y endispués los hijos, y endispués los nietos,
      y endispués el pago de nuestra concencia.

      Mi Juan es un santo;
      tié sus cosiquillas como tié cualquiera;
      pero le tiés ley y tiés mucha labia
      y sabrás llevagle por güena verea;
      porque miá tú, hija, aquí pa nusotras,
      toitos los hombres son como si jueran
      unos muñequinos d´esos bailarines
      qu´un jilillo jace danzar, en la feria;
      nusotras los vemos, mus encaprichamos
      y mercamos uno, a tontas y ciegas,
      sin que mus endilguen los revendeores
      de los chismecitos, qu´enganchan la cuerda.

      Y es claro, qu´aluego
      ¡que si quíes, morena!
      qu´icen que no bailan,
      que no se menean,
      que t´andas espacio pa dir a enterate,
      y que ya se jueron los tíos de la feria…
      y anda, ponte moños,
      ¡buscale el risorte
      de la bailaera!

      Tamién las mujeres semus como semus,
      mu dás a los lujos de las vestimentas,
      desajeraoras y amigas de chismes
      y de requilorios y de cuchufletas.

      Tú, hija mia, precura
      seguir las leciones que da ña experencia,
      que yo te iré iciendo lo qu´has de jacete
      pa que vos resulte la vida mu güena.
      Amos a ver, mía: esta mesma noche,
      asín qu´arrematen los mozos la fiesta,
      sus diréis pal cuarto, pus bien…

      ¡Ay qué contra, y qué mimosina
      t´has güerto, Teresa;
      ¡si ya estáis casaos
      dambos, po la Iglesia!

      Luis Chamizo

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