may 292012
 

“…si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido.”

“Tu me quieres alba”

“Tú me quieres alba,
Me quieres de espumas,
Me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada

Ni un rayo de luna
Filtrado me haya.
Ni una margarita
Se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
Tú me quieres blanca,
Tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
Las copas a mano,
De frutos y mieles
Los labios morados.
Tú que en el banquete
Cubierto de pámpanos
Dejaste las carnes
Festejando a Baco.
Tú que en los jardines
Negros del Engaño
Vestido de rojo
Corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
Conservas intacto
No sé todavía
Por cuáles milagros,
Me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
Me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡Me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
Vete a la montaña;
Límpiate la boca;
Vive en las cabañas;
Toca con las manos
La tierra mojada;
Alimenta el cuerpo
Con raíz amarga;
Bebe de las rocas;
Duerme sobre escarcha;
Renueva tejidos
Con salitre y agua;
Habla con los pájaros
Y lévate al alba.
Y cuando las carnes
Te sean tornadas,
Y cuando hayas puesto
En ellas el alma
Que por las alcobas
Se quedó enredada,
Entonces, buen hombre,
Preténdeme blanca,
Preténdeme nívea,
Preténdeme casta.”

Alfonsina Storni

Nació en Lugano, Suiza, el 29 de Mayo de 1892.
Murió en Mar del Plata, Argentina, el 25 de Octubre de 1938.

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  25 Responses to “Alfonsina Storni: Tu me quieres blanca…”

  1. “Amo los cielos claros, los pastos frescos,
    los campos dorados, las delicadas manos,
    las frentes amplias, las almas pulcras…”

    Alfonsina Storni.

  2. Sábado

    Me levanté temprano y anduve descalza
    Por los corredores: bajé a los jardines
    Y besé las plantas
    Absorbí los vahos limpios de la tierra,
    Tirada en la grama;
    Me bañé en la fuente que verdes achiras
    Circundan. Más tarde, mojados de agua
    Peiné mis cabellos. Perfumé las manos
    Con zumo oloroso de diamelas. Garzas
    Quisquillosas, finas,
    De mi falda hurtaron doradas migajas.
    Luego puse traje de clarín más leve
    Que la misma gasa.
    De un salto ligero llevé hasta el vestíbulo
    Mi sillón de paja.
    Fijos en la verja mis ojos quedaron,
    Fijos en la verja.
    El reloj me dijo: diez de la mañana.
    Adentro un sonido de loza y cristales:
    Comedor en sombra; manos que aprestaban
    Manteles.
    Afuera, sol como no he visto
    Sobre el mármol blanco de la escalinata.
    Fijos en la verja siguieron mis ojos,
    Fijos. Te esperaba.

  3. Peso ancestral

    Tú me dijiste: no lloró mi padre;
    tú me dijiste: no lloró mi abuelo;
    no han llorado los hombres de mi raza,
    eran de acero.

    Así diciendo te brotó una lágrima
    y me cayó en la boca; más veneno
    yo no he bebido nunca en otro vaso así pequeño.

    Débil mujer, pobre mujer que entiende,
    dolor de siglos conocí al beberlo.
    Oh, el alma mía soportar no puede
    todo su peso.

  4. La caricia perdida

    Se me va de los dedos la caricia sin causa,
    se me va de los dedos… En el viento, al rodar,
    la caricia que vaga sin destino ni objeto,
    la caricia perdida, ¿quién la recogerá?

    Pude amar esta noche con piedad infinita,
    pude amar al primero que acertara a llegar.
    Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
    La caricia perdida, rodará… rodará…

    Si en el viento te llaman esta noche, viajero,
    si estremece las ramas un dulce suspirar,
    si te oprime los dedos una mano pequeña
    que te toma y te deja, que te logra y se va.

    Si no ves esa mano, ni la boca que besa,
    si es el aire quien teje la ilusión de llamar,
    oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
    en el viento fundida, ¿me reconocerás?
    (Languidez)

    Alfonsina Storni

  5. Voy a dormir

    Dientes de flores, cofia de rocío,
    manos de hierbas, tú, nodriza fina,
    tenme prestas las sábanas terrosas
    y el edredón de musgos escardados.

    Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
    Ponme una lámpara a la cabecera;
    una constelación, la que te guste;
    todas son buenas, bájala un poquito.

    Déjame sola: oyes romper los brotes…
    te acuna un pie celeste desde arriba
    y un pájaro te traza unos compases

    para que olvides… Gracias… Ah, un encargo:

    si él llama nuevamente por teléfono
    le dices que no insista, que he salido.

    (24 de octubre de 1938)

    Alfonsina Storni

  6. DOLOR

    Quisiera esta tarde divina de octubre
    pasear por la orilla lejana del mar;
    que la arena de oro, y las aguas verdes,
    y los cielos puros me vieran pasar.

    Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
    como una romana, para concordar
    con las grandes olas, y las rocas muertas
    y las anchas playas que ciñen el mar.

    Con el paso lento, y los ojos fríos
    y la boca muda, dejarme llevar;
    ver cómo se rompen las olas azules
    contra los granitos y no parpadear;
    ver cómo las aves rapaces se comen
    los peces pequeños y no despertar;
    pensar que pudieran las frágiles barcas
    hundirse en las aguas y no suspirar;
    ver que se adelanta, la garganta al aire,
    el hombre más bello, no desear amar…

    Perder la mirada, distraídamente,
    perderla y que nunca la vuelva a encontrar;
    Y, figura erguida, entre cielo y playa,
    sentirme el olvido perenne del mar.

    Alfonsina storni

  7. Dos palabras

    Esta noche al oído me has dicho dos palabras
    Comunes. Dos palabras cansadas
    De ser dichas. Palabras
    Que de viejas son nuevas.

    Dos palabras tan dulces que la luna que andaba
    Filtrando entre las ramas
    Se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras
    Que una hormiga pasea por mi cuello y no intento
    Moverme para echarla.

    Tan dulces dos palabras
    ?Que digo sin quererlo? ¡oh, qué bella, la vida!?
    Tan dulces y tan mansas
    Que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman.

    Tan dulces y tan bellas
    Que nerviosos, mis dedos,
    Se mueven hacia el cielo imitando tijeras.
    Oh, mis dedos quisieran
    Cortar estrellas.

    Alfonsina Storni

  8. DULCE Y SOMBRÍO

    Dónde estarás ahora? Eras tan dulce, niño
    de los cabellos rubios y los ojos de acero…
    Niño que a pesar mío fuiste mi prisionero,
    ¡Oh, mi pálido niño!

    Tan humilde era el beso que besaba mis plantas,
    con tan honda delicia, con tan límpida queja,
    que a medida que el tiempo va pasando y se aleja
    lo desean mis plantas.

    Te quedabas callado en las tardes de oro
    cuando un libro en las manos nos ponía tristeza,
    y luego en mis rodillas caía tu cabeza
    como un copo de oro.

    Entonces de tu alma ascendían perfumes
    hasta el alma cansada que agobiaba mi pecho…
    ¡Oh, tu alma… tan fresca como rama de helecho!
    Ascendía en perfumes.

    Niño que yo adoraba… Oh tus lágrimas blancas
    que regaban copiosas la palabra imposible,
    fui tu hermana discreta, niño triste y sensible
    de las lágrimas blancas.

    Como a ti no amé a nadie, niño dulce y sombrío
    que lloraste en mis brazos mi desvío prudente.
    Te amará mi recuerdo inacabablemente,
    niño dulce y sombrío.

    Vamos hacia los árboles… El sueño
    se hará en nosotros por virtud celeste.
    Vamos hacia los árboles; la noche
    nos será blanda, la tristeza leve.

    Vamos hacia los árboles, el alma
    adormecida de perfume agreste,
    pero calla, no hables, sé piadoso;
    no despiertes los pájaros que duermen.

    A. Storni

  9. SILENCIO..SILENCIO..

    Me besarás los ojos… estarás a mi lado…
    -Adiós, hasta mañana, hasta mañana amado.

    Y caerá en mis pupilas una luz bienhechora,
    la luz azul-celeste de la última hora.

    Una luz tamizada que bajando del cielo
    me pondrá en las pupilas la dulzura de un velo.

    Una luz tamizada que ha de cubrirme toda
    con su velo impalpable como un velo de boda.

    Oh, silencio, silencio… esta tarde es la tarde
    en que la sangre mía ya no corre ni arde.

    Oh, silencio, silencio… en torno de mi cama
    tu boca bien amada dulcemente me llama.

    Oh silencio, silencio que tus besos sin ecos
    se pierden en mi alma temblorosos y secos.

    Oh silencio, silencio que la tarde se alarga
    y pone sus tristezas en tu lágrima amarga.

    Oh silencio, silencio que se callan las aves,
    se adormecen las flores, se detienen las naves.

    Oh silencio, silencio que una estrella ha caído
    dulcemente a la tierra, dulcemente y sin ruido.

    Oh silencio, silencio que la noche se allega
    y en mi lecho se esconde, susurra, gime y ruega.

    Oh silencio, silencio… que el silencio me toca
    y me apaga los ojos, y me apaga la boca.

    Oh silencio, silencio… que la calma destilan
    mis manos cuyos dedos lentamente se afilan…

    Alfonsina Storni

  10. DIENTES DE FLORES, COFIA DE ROCÍO…

    Último poema antes de suicidarse.

    Dientes de flores, cofia de rocío,
    manos de hierbas, tú, nodriza fina,
    tenme prestas las sábanas terrosas
    y el edredón de musgos escardados.

    Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
    Ponme una lámpara en la cabecera;
    una constelación, la que te guste;
    todas son buenas, bájala un poquito.

    Déjame sola; oyes romper los brotes…
    te acuna un pie celeste desde arriba
    y un pájaro te traza unos compases

    para que olvides… Gracias… Ah, un encargo:
    si él llama nuevamente por teléfono
    le dices que no insista, que he salido.

  11. UN SOL

    Mi corazón es como un dios sin lengua,
    mudo se está a la espera del milagro,
    he amado mucho, todo amor fue magro,
    que todo amor lo conocí con mengua.

    He amado hasta llorar, hasta morirme.
    Amé hasta odiar, amé hasta la locura,
    pero yo espero algún amor-natura
    capaz de renovarme y redimirme.

    Amor que fructifique mi desierto
    y me haga brotar ramas sensitivas,
    soy una selva de raíces vivas,
    sólo el follaje suele estarse muerto.

    ¿En dónde está quien mi deseo alienta?
    ¿Me empobreció a sus ojos el ramaje?
    Vulgar estorbo, pálido follaje
    distinto al tronco fiel que lo alimenta.

    ¿En dónde está el espíritu sombrío
    de cuya opacidad brote la llama?
    Ah, si mis mundos con su amor inflama
    yo seré incontenible como un río.

    ¿En dónde está el que con su amor me envuelva?
    Ha de traer su gran verdad sabida…
    Hielo y más hielo recogí en la vida:
    Yo necesito un sol que me disuelva.

    A. Storni

  12. EL CLAMOR

    Alguna vez, andando por la vida,
    por piedad, por amor,
    como se da una fuente, sin reservas,
    yo di mi corazón.

    Y dije al que pasaba, sin malicia,
    y quizá con fervor:
    -Obedezco a la ley que nos gobierna:
    He dado el corazón.

    Y tan pronto lo dije, como un eco
    ya se corrió la voz:
    -Ved la mala mujer esa que pasa:
    Ha dado el corazón.

    De boca en boca, sobre los tejados,
    rodaba este clamor:
    -¡Echadle piedras, eh, sobre la cara;
    ha dado el corazón!

    Ya está sangrando, sí, la cara mía,
    pero no de rubor,
    que me vuelvo a los hombres y repito:
    ¡He dado el corazón!

  13. EL ENGAÑO

    Soy tuya, Dios lo sabe por qué, ya que comprendo
    que habrás de abandonarme, fríamente, mañana,
    y que bajo el encanto de mis ojos, te gana
    otro encanto el deseo, pero no me defiendo.

    Espero que esto un día cualquiera se concluya,
    pues intuyo, al instante, lo que piensas o quieres.
    Con voz indiferente te hablo de otras mujeres
    y hasta ensayo el elogio de alguna que fue tuya.

    Pero tú sabes menos que yo, y algo orgulloso
    de que te pertenezca, en tu juego engañoso
    persistes, con un aire de actor del papel dueño.

    Yo te miro callada con mi dulce sonrisa,
    y cuando te entusiasmas, pienso: no te des prisa.
    No eres tú el que me engaña; quien me engaña es mi sueño.

    A. Storni.

  14. VIDA

    Mis nervios están locos, en las venas
    la sangre hierve, líquido de fuego
    salta a mis labios donde finge luego
    la alegría de todas las verbenas.

    Tengo deseos de reír; las penas
    que de donar a voluntad no alego,
    hoy conmigo no juegan y yo juego
    con la tristeza azul de que están llenas.

    El mundo late; toda su armonía
    la siento tan vibrante que hago mía
    cuando escancio en su trova de hechicera.

    Es que abrí la ventana hace un momento
    y en las alas finísimas del viento
    me ha traído su sol la primavera.

    A. Storni

  15. EL DIVINO AMOR

    Te ando buscando, amor que nunca llegas,
    te ando buscando, amor que te mezquinas,
    me aguzo por saber si me adivinas,
    me doblo por saber si te me entregas.

    Las tempestades mías, andariegas,
    se han aquietado sobre un haz de espinas;
    sangran mis carnes gotas purpurinas
    porque a salvarme, ¡oh niño!, te me niegas.

    Mira que estoy de pie sobre los leños,
    que a veces bastan unos pocos sueños
    para encender la llama que me pierde.

    Sálvame, amor, y con tus manos puras
    trueca este fuego en límpidas dulzuras
    y haz de mis leños una rama verde.

  16. ¿Y TÚ?

    Sí, yo me muevo, vivo, me equivoco;
    agua que corre y se entremezcla, siento
    el vértigo feroz del movimiento:
    huelo las selvas, tierra nueva toco.

    Sí, yo me muevo, voy buscando acaso
    soles, auroras, tempestad y olvido.
    ¿Qué haces allí misérrimo y pulido?
    Eres la piedra a cuyo lado paso.

    A. Storni

  17. CARTA LÍRICA A OTRA MUJER

    Vuestro nombre no sé, ni vuestro rostro
    conozco yo, y os imagino blanca,
    débil como los brotes iniciales,
    pequeña, dulce… Ya ni sé… Divina,
    en vuestros ojos, placidez de lago
    que se abandona al sol y dulcemente
    le absorbe su oro mientras todo calla.

    Y vuestras manos, finas, como aqueste
    dolor, el mío, que se alarga, se alarga,
    y luego se me muere y se concluye
    así, como lo veis, en algún verso.

    Ah, ¿sois así? Decidme si en la boca
    tenéis un rumoroso colmenero,
    si las orejas vuestras son a modo
    de pétalos de rosa ahuecados…

    Decidme si lloráis, humildemente,
    mirando las estrellas tan lejanas
    y si en las manos tibias se os duermen
    palomas blancas y canarios de oro.

    Porque todo eso y más, vos sois, sin duda
    vos, que tenéis el hombre que adoraba
    entre las manos dulces, vos la bella
    que habéis matado, sin saberlo acaso,
    toda esperanza en mí… Vos, su criatura.

    Porque él es todo vuestro: cuerpo y alma
    estáis gustando del amor secreto
    que guardé silencioso… Dios lo sabe
    por qué, que yo no alcanzo a penetrarlo.

    Os lo confieso que una vez estuvo
    tan cerca de mi brazo, que a extenderlo
    acaso mía aquella dicha vuestra
    me fuera ahora… Sí, acaso mía…

    Mas ved, estaba el alma tan gastada
    que el brazo mío no alcanzó a extenderse:
    la sed divina, contenida entonces,
    me pulió el alma….Y él ha sido vuestro!

    ¿Comprendéis bien? Ahora, en vuestros brazos
    él se estremece y le decís palabras
    pequeñas y menudas que semejan
    pétalos volanderos y muy blancos.

    ¡Oh, ceñidle la frente! ¡Era tan amplia!
    Arrancaban tan firmes los cabellos
    a grandes ondas, que a tenerla cerca,
    no hiciera yo otra cosa que ceñirla!

    Luego dejad que en vuestras manos vaguen
    los labios suyos; él me dijo un día
    que nada era tan dulce al alma suya
    como besar las femeninas manos…

    Y acaso, alguna vez, yo, la que anduve
    vagando por afuera de la vida,
    -como aquellos filósofos mendigos
    que van a las ventanas señoriales
    a mirar sin envidia toda fiesta-

    me allegue alguna vez a vuestro lado
    y con palabras quedas, susurrantes,
    os pida vuestras manos un momento,
    para besarlas, yo, cómo él las besa…

    Y al recubrirlas, lenta, lentamente,
    vaya pensando: aquí se aposentaron
    ¿cuánto tiempo, sus labios, cuánto tiempo
    en las divinas manos que son suyas?

    Oh, qué amargo deleite, este deleite
    de buscar huellas suyas y seguirlas
    sobre las manos vuestras tan sedosas,
    tan finas, con las venas tan azules!

    Oh, que nada podría, ni ser suya,
    ni dominarle el alma, ni tenerlo
    rendido aquí a mis pies, recompensarme
    este horrible deleite de ser mío
    un inefable, apasionado rastro…

    Y allí en vos misma, sí, pues sois barrera,
    barrera ardiente, viva, que al tocarla
    ya me remueve este cansancio amargo,
    este silencio de alma en que me escudo,

    este dolor mortal en que me abismo
    esta inmovilidad del sentimiento,
    que sólo salta bruscamente cuando
    nada es posible!

    Alfonsina Storni

  18. Frente al mar.

    Oh mar, enorme mar, corazón fiero
    De ritmo desigual, corazón malo,
    Yo soy más blanda que ese pobre palo
    Que se pudre en tus ondas prisionero.

    Oh mar, dame tu cólera tremenda,
    Yo me pasé la vida perdonando,
    Porque entendía, mar, yo me fui dando:
    «Piedad, piedad para el que más ofenda».

    Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
    Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
    Hazme tener tu cólera sin nombre:
    Ya me fatiga esta misión de rosa.

    ¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
    Me falta el aire y donde falta quedo,
    Quisiera no entender, pero no puedo:
    Es la vulgaridad que me envenena.

    Me empobrecí porque entender abruma,
    Me empobrecí porque entender sofoca,
    ¡Bendecida la fuerza de la roca!
    Yo tengo el corazón como la espuma.

    Mar, yo soñaba ser como tú eres,
    Allá en las tardes que la vida mía
    Bajo las horas cálidas se abría…
    Ah, yo soñaba ser como tú eres.

    Mírame aquí, pequeña, miserable,
    Todo dolor me vence, todo sueño;
    Mar, dame, dame el inefable empeño
    De tornarme soberbia, inalcanzable.

    Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.
    ¡Aire de mar!… ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo!
    Desdichada de mí, soy un abrojo,
    Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

    Y el alma mía es como el mar, es eso,
    Ah, la ciudad la pudre y la equivoca;
    Pequeña vida que dolor provoca,
    ¡Que pueda libertarme de su peso!

    Vuele mi empeño, mi esperanza vuele…
    La vida mía debió ser horrible,
    Debió ser una arteria incontenible
    Y apenas es cicatriz que siempre duele.

    A. Storni

  19. LA INVITACIÓN AMABLE

    Acercate, poeta; mi alma es sobria,
    de amor no entiende -del amor terreno-
    su amor es mas altivo y es mas bueno.

    No pediré los besos de tus labios.
    No beberé en tu vaso de cristal,
    el vaso es frágil y ama lo inmortal.

    Acercate, poeta sin recelos…
    ofréndame la gracia de tus manos,
    no habrá en mi antojo pensamientos vanos.

    ¿Quieres ir a los bosques con un libro,
    un libro suave de belleza lleno?…
    Leer podremos algun trozo ameno.

    Pondré en la voz la religión de tu alma,
    religión de piedad y de armonía
    que hermana en todo con la cuita mía.

    Te pediré me cuentes tus amores
    y alguna historia que por ser añeja
    nos dé el perfume de una rosa vieja.

    Yo no diré nada de mi misma
    porque no tengo flores perfumadas
    que pudieran asi ser historiadas.

    El cofre y una urna de mis sueños idos
    no se ha de abrir, cesando su letargo,
    para mostrarte el contenido amargo.

    Todo lo haré buscando tu alegría
    y seré para ti tan bondadosa
    como el perfume de la vieja rosa.

    La invitación esta….sincera y noble.
    ¿Quieres ser mi poeta buen amigo
    y solo tu dolor partir conmigo?

    A. Storni

  20. LO INACABABLE

    No tienes tú la culpa si en tus manos
    mi amor se deshojó como una rosa:
    Vendrá la primavera y habrá flores…
    el tronco seco dará nuevas hojas.

    Las lágrimas vertidas se harán perlas
    de un collar nuevo; romperá la sombra
    un sol precioso que dará a las venas
    la savia fresca, loca y bullidora.

    Tú seguirás tu ruta; yo la mía
    y ambos, libertos, como mariposas
    perderemos el polen de las alas
    y hallaremos más polen en la flora.

    Las palabras se secan como ríos
    y los besos se secan como rosas,
    pero por cada muerte siete vidas
    buscan los labios demandando aurora.

    Mas… ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera!
    ¡Y toda primavera que se esboza
    es un cadáver más que adquiere vida
    y es un capullo más que se deshoja!

    A. Storni

  21. [...] Sin duda una de las más grandes poetas de la literatura universal, su apasionante biografía está ampliamente difundida en la red, es por eso que esta entrada sirva solo de homenaje en su memoria en el aniversario de su nacimiento, ella marcó mi adolescencia desde que descubrí su poema: “Tu me quieres blanca” En otra entrada de este blog: AQUI [...]

  22. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: “Tu me quieres alba” “Tú me quieres alba, Me quieres de espumas, Me quieres de nácar. Que sea azucena Sobre todas, casta. De perfume tenue. Corola cerrada Ni un rayo de luna Filtrado me haya. Ni una margarita Se diga ……

  23. [...] “Alfonsina Storni: Tu me quieres blanca…”: AQUÍ  [...]

  24. [...] “Alfonsina Storni: Tu me quieres blanca…”: AQUÍ  [...]

  25. [...] “Alfonsina Storni: Tu me quieres blanca…”: AQUÍ  [...]

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