•  -Jane_Shore_William_Blake-00.jpg picture by TrianaTubes

    Pinchar en la imágen para ver muestra de su obra píctorica. 

    William Blake, nació en Londres el 28 de noviembre de 1757.

    Poeta, místico y grabador que fué practicamente desconocido durante su vida es hoy altamente considerado. Se le puede considerar un artista al completo dada la relación entre su pintura y sus poemas. Según el periódico “The Guardian”, “William Blake es con gran margen el mayor artista que Gran Bretaña ha producido”.
     Blake consideraba la poesía y la pintura “como dos medios de un esfuerzo espiritual unificado” y no se pueden separar para entender su obra. Las ediciones ilustradas por él de su obra son altamente valoradas en el pasado y los avances en la impresión han favorecido su difusión y por tanto aumentado su fama.

    “Desde una edad temprana Blake tuvo visiones, la más precoz fue cuando, en Peckham Rye, teniendo alrededor de nueve años vio un árbol lleno de ángeles «adornando con destellos, como estrellas, cada rama». De acuerdo con el biógrafo victoriano de Blake, Alexander Gilchrist, después de tener la visión regresó a su casa y lo comentó, escapando de una paliza de su padre por la intervención de su madre. Aunque todas las evidencias sugieren que los padres apoyaban a Blake y eran de tendencia muy liberal, su madre parece que fue especialmente defensora; varios dibujos y poemas primerizos de Blake decoraban las paredes de su habitación”

    La marcada tendencia místicaen su obra, producto de sus alucinaciones, quedó cmanifiesta en su obra pictórica y poética, como se puede observar en su primera colección de poemas  publicados en 1783  (“Poetical Sketches”)

    Murió en Londres el 12 de agosto de 1827

    Algunos de sus poemas:

    Para ver el mundo en un grano de arena,
    Y el Cielo en una flor silvestre,
    Abarca el infinito en la palma de tu mano
    Y la eternidad en una hora.

    Aquel que se liga a una alegría
    Hace esfumar el fluir de la vida;
    Aquél quien besa la joya cuando esta cruza su camino
    Vive en el amanecer de la eternidad.

    Tú, rubio ángel de la noche
    Ahora, cuando el sol descansa sobre las montañas, la luz
    abrillanta la antorcha del amor; tu radiante corona
    ¡ ponla y sonríe sobre nuestro lecho nocturno !
    Sonríe a nuestros amores,
    y mientras echas las azules cortinas del cielo,
    esparce tu helada de plata sobre cada flor que cierra sus dulces ojos
    con oportuno sueño.

    Deja que tu viento del este duerma sobre el lago;
    habla el silencio con tus parpadeantes ojos,
    Y lava la oscuridad con plata. Pronto, muy pronto,
    te retiras, entonces el lobo se enfurece,
    y el león se queda a través del bosque pardo,
    Las pelajes de nuestros rebaños están cubiertos con tu sagrada helada,
    protégelos con tu influencia.

    El árbol que mueve algunos a lágrimas de felicidad,
    en la Mirada de otros no es más que un objeto Verde
    que se interpone en el camino.
    Algunas personas Ven la Naturaleza como algo Ridículo y Deforme,
    pero para ellos no dirijo mi discurso;
    y aun algunos pocos no ven en la naturaleza nada en especial.

    Pero para los ojos de la persona de imaginación,
    la Naturaleza es imaginación misma.
    Así como un hombre es, ve.
    Así como el ojo es formado, así es como sus potencias quedan establecidas.

    “No poseo nombre:
    pero nací hace dos días.”
    ¿Cómo te llamaré?
    “Soy feliz.
    Me llamo alegría.”
    ¡Que el dulce júbilo sea contigo!

    ¡Bonita alegría!
    Dulce alegría, de apenas dos días,
    te llamo dulce alegría:
    así tú sonríes,
    mientras yo canto.
    ¡Que el dulce júbilo sea contigo!

    Cuando los verdes bosques ríen con la voz del júbilo,
    y el arroyo encrespado se desplaza riendo;
    cuando ríe el aire con nuestras divertidas ocurrencias,
    y la verde colina ríe del estrépito que hacemos;
    cuando los prados ríen con vívidos verdes,
    y ríe la langosta ante la escena gozosa;
    cuando Mary y Susan y Emily
    cantan “¡ja, ja, ji!” con sus dulces bocas redondas.
    Cuando los pájaros pintados ríen en la sombra
    donde nuestra mesa desborda de cerezas y nueces,
    acercaos y alegraos, y uníos a mí,
    para cantar en dulce coro el “¡ja, ja, ji!”
    Tigre, tigre, que te enciendes en luz
    por los bosques de la noche
    ¿qué mano inmortal, qué ojo
    pudo idear tu terrible simetría?

    ¿En qué profundidades distantes,
    en qué cielos ardió el fuego de tus ojos?
    ¿Con qué alas osó elevarse?
    ¿Qué mano osó tomar ese fuego?

    ¿Y qué hombro, y qué arte
    pudo tejer la nervadura de tu corazón?
    Y al comenzar los latidos de tu corazón,
    ¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?

    ¿Qué martillo? ¿Qué cadena?
    ¿En qué horno se templó tu cerebro?
    ¿En qué yunque?
    ¿Qué tremendas garras osaron
    sus mortales terrores dominar?

    Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
    y bañaron los cielos con sus lágrimas
    ¿sonrió al ver su obra?
    ¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?

    Tigre, tigre, que te enciendes en luz,
    por los bosques de la noche
    ¿qué mano inmortal, qué ojo
    osó idear tu terrible simetría?

    ¡ Despierta, despierta, mi pequeño !
    Tú eras la única alegría de tu madre;
    ¿Por qué lloras en tu sueño tranquilo?
    ¡Despierta! Tu padre te protege.

    Oh, ¿que tierra es la Tierra de los Sueños?
    ¿Cuáles son sus montañas, y cuáles sus ríos?
    ¡Oh padre! Allí vi a mi madre,
    Entre los lirios junto a las bellas aguas.

    Entre los corderos, vestida de blanco,
    Caminaba con su Thomas en dulce deleite.
    Lloré de alegría, como una paloma me lamento;
    ¡Oh! ¿Cuándo volveré allí?

    Querido hijo, también yo junto a ríos placenteros
    He caminado la noche entera en la Tierra de los Sueños;
    Pero por serenas y cálidas que fuesen las anchas aguas,
    No pude llegar hasta la otra orilla.

    ¡Padre, oh padre! ¿Qué hacemos aquí
    En esta tierra de incredulidad y temor?
    La Tierra de los Sueños es mucho mejor, allá lejos,
    Por sobre la luz del lucero del alba.

     “A la estrella nocturna”

    ¡Tú, ángel rubio de la noche,
    ahora, mientras el sol descansa en las montañas, enciende
    tu brillante tea de amor! ¡Ponte la radiante corona
    y sonríe a nuestro lecho nocturno!
    Sonríe a nuestros amores y, mientras corres los
    azules cortinajes del cielo, siembra tu rocío plateado
    sobre todas las flores que cierran sus dulces ojos
    al oportuno sueño. Que tu viento occidental duerma en
    el lago. Di el silencio con el fulgor de tus ojos
    y lava el polvo con plata. Presto, prestísimo,
    te retiras; y entonces ladra, rabioso, por doquier el lobo
    y el león echa fuego por los ojos en la oscura selva.
    La lana de nuestras majadas se cubre con
    tu sacro rocío; protégelas con tu favor.

    Versión de E. Caracciolo

    “Alegría”

    “No poseo nombre:
    pero nací hace dos días.”
    ¿Cómo te llamaré?
    “Soy feliz.
    Me llamo alegría.”
    ¡Que el dulce júbilo sea contigo!

    ¡Bonita alegría!
    Dulce alegría, de apenas dos días,
    te llamo dulce alegría:
    así tú sonríes,
    mientras yo canto.
    ¡Que el dulce júbilo sea contigo!

    Versión de Antonio Restrepo

     
    “Canto del reír”

    Cuando los verdes bosques ríen con la voz del júbilo,
    y el arroyo encrespado se desplaza riendo;
    cuando ríe el aire con nuestras divertidas ocurrencias,
    y la verde colina ríe del estrépito que hacemos;
    cuando los prados ríen con vívidos verdes,
    y ríe la langosta ante la escena gozosa;
    cuando Mary y Susan y Emily
    cantan “¡ja, ja, ji!” con sus dulces bocas redondas.
    Cuando los pájaros pintados ríen en la sombra
    donde nuestra mesa desborda de cerezas y nueces,
    acercaos y alegraos, y uníos a mí,
    para cantar en dulce coro el “¡ja, ja, ji!”

    Versión de Antonio Restrepo

     ”Canto para acunar”

    Dulces sueños, formad una pantalla
    Sobre la linda cabeza de mi niño;
    dulces sueños de agradables corrientes
    bajo rayos de luna felices y silenciosos.

    Dulce sueño, que tus cejas tejan
    con suave felpa una corona infantil;
    dulce sueño, Ángel terso,
    fluctúa sobre mi niño dichoso.
    Dulces sonrisas, durante la noche
    meceos sobre mi encanto;
    dulces sonrisas, sonrisas de Madre,
    cautivad la noche interminable.
    Dulces lamentos, suspiros de paloma,
    no alejéis el letargo de tus ojos,
    dulces lamentos, sonrisas aún más dulces,
    cautivad todos los lamentos de paloma.
    Duerme, duerme, niño afortunado,
    que toda la creación duerme y sonríe;
    duerme, duerme felices sueños,
    mientras tu madre llora sobre ti.

    Dulce bebé, en tu rostro
    puedo discernir la santa imagen;
    dulce bebé, otrora como tú
    yacía tu hacedor y lloraba por mí.

    Lloró por mí, por ti, por todos
    cuando era apenas un pequeñito.
    Su imagen siempre verás,
    rostro celestial que sobre ti sonríe,
    A ti, a mí, a todos les sonríe;
    quien se volvió un pequeñito.
    Las sonrisas infantiles son sus mismas
    sonrisas;
    y cautivan con paz el cielo y la tierra.

     
    “El pastor”

    ¡Qué dulce es la dulce fortuna del Pastor!
    Deambula desde el alba hasta el atardecer;
    debe seguir a su rebaño el día entero,
    y su lengua se embeberá con alabanzas.

    Pues oye el inocente llamado del borrego,
    y escucha la tierna respuesta de l a oveja;
    vigila mientras permanecen en calma
    pues saben cuándo está próximo su Pastor.

    Versión de Antonio Restrepo

     
    “El tigre”

    Tigre, tigre, que te enciendes en luz
    por los bosques de la noche
    ¿qué mano inmortal, qué ojo
    pudo idear tu terrible simetría?

    ¿En qué profundidades distantes,
    en qué cielos ardió el fuego de tus ojos?
    ¿Con qué alas osó elevarse?
    ¿Qué mano osó tomar ese fuego?

    ¿Y qué hombro, y qué arte
    pudo tejer la nervadura de tu corazón?
    Y al comenzar los latidos de tu corazón,
    ¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?

    ¿Qué martillo? ¿Qué cadena?
    ¿En qué horno se templó tu cerebro?
    ¿En qué yunque?
    ¿Qué tremendas garras osaron
    sus mortales terrores dominar?

    Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
    y bañaron los cielos con sus lágrimas
    ¿sonrió al ver su obra?
    ¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?

    Tigre, tigre, que te enciendes en luz,
    por los bosques de la noche
    ¿qué mano inmortal, qué ojo
    osó idear tu terrible simetría?

    “Versión de Antonio Restrepo”

     ”El viajero mental”

    He viajado a través de un país de hombres,
    un país de hombres y también de mujeres,
    y he oído y visto tan horrendas cosas
    como nunca los caminantes de la fría Tierra han conocido.

    Porque allí nace en la alegría el niño
    que en el atroz dolor fue concebido,
    tal como en la alegría cosechamos el fruto
    que fue sembrado en lágrimas amargas.

    Y si el recién nacido es un varón,
    es entregado a una mujer anciana
    que lo clava tendido en una roca
    y en copas de oro coge sus lamentos.

    Con espinas de hierro cierne su cabeza,
    y agujerea sus pies y sus manos,
    corta su corazón y lo desprende
    para hacerle sentir calor y frío.

    Sus dedos enumeran cada nervio
    como un avaro contando su oro,
    y de lamentos y gritos se nutre,
    y él envejece, y ella se hace joven.

    Hasta que convertido en un joven sangriento,
    y ella mudada en espléndida virgen,
    destroza sus cadenas, y la amarra
    a ella a la Tierra para su placer.

    Se planta él mismo en lo nervios de ella
    como un labriego planta en su terreno,
    y ella se convierte en su morada
    y en jardín que le rinde setenta veces frutos.

    Pronto se torna envejecida sombra
    vagando alrededor de una cabaña terrestre,
    llena de pedrerías y de oro
    que ganó su trabajo.

    Y éstas son las pedrerías del alma humana,
    los rubíes y las perlas de un ojo enfermo de amor,
    el oro innumerable del corazón que sufre,
    el gemido del mártir y el suspiro del enamorado.

    Son su alimento y su bebida,
    mantiene a los mendigos y a lo pobres,
    y para el caminante en viaje siempre
    su puerta permanece abierta.

    Su pena es alegría eterna en ellos;
    hacen resonar los techos y los muros
    hasta que de la lumbre del hogar
    una pequeñuela emerge de pronto.

    De fuego sólido ella es,
    y pedrerías y oro, en tal manera
    que nadie osa tocar su infantil forma
    o envolverla en pañales.

    Pero ella llega donde el que ama,
    joven o viejo o rico o pobre;
    muy pronto expulsan al anciano huésped
    que se va mendigando por puertas ajenas.

    Va llorando errante, muy lejos,
    hasta que alguien admita hospedarle,
    a menudo ciego por la edad, desesperado,
    hasta que puede ganar una doncella.

    Y para consolar su edad helada
    en sus brazos la toma el pobre hombre.
    La cabaña desaparece de su vista
    y también el jardín con sus dulces encantos.

    Los huéspedes están esparcidos por toda la región,
    porque el ojo alterado altera todo.
    Los sentidos se enrollan en sí mismos, con miedo,
    y la Tierra plana se convierte en una pelota.

    Las estrellas, el Sol, la Luna, todo huye.
    Un vasto desierto sin límites,
    y no queda nada de comer o beber,
    y alrededor sólo el desierto oscuro.

    La miel de sus labios de niña,
    el pan y el vino de su dulce sonrisa,
    el juego desordenado de su ojo vagabundo
    a una ilusoria infancia le conducen.

    Porque a medida que come y bebe se transforma
    haciéndose más joven cada día,
    y ambos, en el salvaje desierto
    van errantes llenos de terror y congoja.

    Ella huye como cierva salvaje,
    su temor planta muchos matorrales salvajes,
    mientras él la persigue de noche y de día,
    por artificios de amor conducido.

    Por artificios de amor y de odio
    hasta que el salvaje desierto entero está plantado
    con laberintos de díscolo amor
    donde vagan el león, el lobo y el oso,

    hasta que él se convierte en un díscolo niño
    y ella en una llorosa mujer envejecida.
    Van a vagar allí, entonces, muchos enamorados.
    El Sol y las estrellas aproximan su curso.

    Dulce éxtasis los árboles producen
    para todos los que vagan en el desierto,
    hasta que más de una ciudad allí es alzada
    y más de una agradable cabaña de pastor.

    Pero cuando hallan al colérico niño
    el terror cunde en la extensa región:
    gritan ¡El niño, el niño ha nacido!
    y huyen en todas direcciones.

    Porque hasta la raíz se seca el brazo
    de aquel que osó tocar la colérica forma:
    osos, leones, lobos, todos huyen aullando,
    y todo árbol arroja sus frutos.

    Y nadie puede tocar esa forma colérica
    a menos que lo haga una mujer anciana.
    Ella al niño tendido clava sobre la Tierra
    y todo pasa como ya lo he dicho.

    Versión de Luis Oyarzún

     
    “Eternidad”

    Quien a sí encadenare una alegría
    malogrará la vida alada.
    Pero quien la alegría besare en su aleteo
    vive en el alba de la eternidad.

    Versión de Màrie Montand
     ”La noche”

    Desciende el sol por el oeste,
    brilla el lucero vespertino;
    los pájaros están callados en sus nidos,
    y yo debo buscar el mío.
    La luna, como una flor
    en el alto arco del cielo,
    con deleite silencioso,
    se instala y sonríe en la noche.
    Adiós, campos verdes y arboledas dichosas
    donde los rebaños hallaron su deleite.
    Donde los corderos pastaron, andan en silencio
    los pies de los ángeles luminosos;
    sin ser vistos vierten bendiciones
    y júbilos incesantes,
    sobre cada pimpollo y cada capullo,
    y sobre cada corazón dormido.
    Miran hasta en nidos impensados
    donde las aves se abrigan;
    visitan las cuevas de todas las fieras,
    para protegerlas de todo mal.
    Si ven que alguien llora
    en vez de estar durmiendo,
    derraman sueño sobre su cabeza
    y se sientan junto a su cama.

    Cuando lobos y tigres aúllan por su presa,
    se detienen y lloran apenados;
    tratan de desviar su sed en otro sentido,
    y los alejan de las ovejas.
    Pero si embisten enfurecidos,
    los ángeles con gran cautela
    amparan a cada espíritu manso
    para que hereden mundos nuevos.
    Y allí, el león de ojos enrojecidos
    vertirá lágrimas doradas,
    y compadecido por los tiernos llantos,
    andará en torno de la manada,
    y dirá: “La ira, por su mansedumbre,
    y la enfermedad, por su salud,
    es expulsada
    de nuestro día inmortal.
    Y ahora junto a ti, cordero que balas,
    puedo recostarme y dormir;
    o pensar en quien llevaba tu nombre,
    pastar después de ti y llorar.
    Pues lavada en el río de la vida
    mi reluciente melena
    brillará para siempre como el oro,
    mientras yo vigilo el redil.

     
    “La primavera”

    ¡Que resuene el flautín
    que ahora está callado!
    Delicia de las aves
    de día y de noche;
    el ruiseñor
    en la quebrada,
    la alondra en el cielo,
    festivamente,
    festivamente, festivamente,
    para darle la bienvenida al año.

    El muchachito,
    repleto de gozo;
    la muchachita,
    dulce y diminuta;
    el gallo canta
    como tú lo haces;
    voz alborozada,
    barullo infantil,
    jubilosamente,
    jubilosamente,
    para darle la bienvenida al año.

    Corderito,
    aquí estoy;
    acércate y lame
    mi blanco cuello;
    deja que tironee
    tu lanilla suave;
    déjame besar
    tu suave rostro:
    jubilosamente,
    jubilosamente,
    para darle la bienvenida al año.

    Versión de Antonio Restrepo

     ”La rosa enferma”

    estás enferma, ¡oh rosa!
    El gusano invisible,
    que vuela, por la noche,
    en el aullar del viento,

    tu lecho descubrió
    de alegría escarlata,
    y su amor sombrío     y       secreto
    consume tu vida.

    Versión de Màrie Montand

     
    “Nueva Jerusalén”

    Del poema “Milton”

    ¿Y hollaron esos pies, antaño,
    los verdes montes de Inglaterra?
    ¿Y viose el sacro Cordero de Dios
    por los pastos ingleses, placenteros?

    Resplandeció el divino rostro
    sobre nuestras colinas nubladas?
    ¿Y edificose una Jerusalén
    en medio de esos negros, satánicos molinos?

    ¡Dadme mi arco de oro ardiente!
    ¡Dadme mis flechas de deseo!
    ¡Traed mi lanza! ¡Abríos, oh nubes!
    ¡Traedme mi carro de llama!

    No cejará en mi espíritu la lucha
    ni ha de dormirse en mi mano la espada,
    hasta que levantemos otra Jerusalén
    en el solar verdeante y dulce de Inglaterra.

    Versión de Màrie Montand

     ”Proverbios del infierno”

    En tiempos de siembra aprende, en tiempos de cosecha enseña
                      y en el invierno goza.

    Conduce tu carro y tu arado sobre los huesos de los muertos.

    La senda del exceso lleva al palacio de la sabiduría.

    La prudencia es una fea y rica solterona cortejada por la incapacidad.

    Quien desea y no actúa engendra la plaga.

    El gusano perdona al arado que lo corta.

    Sumergid en el río a quien ama el agua.

    El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio.

    Aquel cuyo rostro no irradia luz nunca será estrella.

    La eternidad está enamorada de las creaciones del tiempo.

    A la atareada abeja no le queda tiempo para la pena.

    Las horas de la locura las mide el reloj,
    pero ningún reloj puede medir las horas de la sabiduría.

    Ningún alimento sano se atrapa con red ni trampa.

    En años de escasez, usa número, peso y medida.

    No hay pájaro que vuele demasiado alto si lo hace con sus propias alas.

    Un cuerpo muerto no venga injurias.

    El acto más sublime consiste en poner a otro delante de ti.

    Si el necio persistiera en sus necedades llegaría a sabio.

    La necedad es el atuendo de la bellaquería, la vergüenza es
                          el atuendo del orgullo.

    Las prisiones se construyen con piedras de Ley; los burdeles
                          con ladrillos de religión.

    La altivez del pavo real es la gloria de Dios.

    La lujuria del chivo es la liberalidad de Dios.

    La ira del león es la sabiduría de Dios.

    La desnudez de la mujer es obra de Dios.

    El exceso de pena ríe; el exceso de dicha llora.

    El rugir de los leones, el aullido de los lobos, el oleaje furioso del mar huracanado
                  y la espada destructora, son porciones de la eternidad demasiado grandes
                  para que las aprecie el ojo humano.

    El zorro condena a la trampa, no a sí mismo.

    El júbilo impregna; las penas engendran.

    Dejad que el hombre vista la melena del león y la mujer el vellón de la oveja.

    El ave un nido, la araña una tela, el hombre la amistad.

    El egoísta y sonriente necio y el necio que frunce malhumorado el ceño han de considerarse sabios, y podrían ser medidos con la misma vara.

    Lo que hoy está probado, en su momento era sólo algo imaginado.

    La rata, el ratón, el zorro y el conejo vigilan las raíces; el león, el tigre, el caballo
                y el elefante vigilan los frutos.

    La cisterna contiene; el manantial rebosa.

    Un pensamiento llena la inmensidad.

    Si estás siempre listo a expresar tu opinión, el vil te evitará.

    Todo lo que es creíble, es una imagen de la verdad.

    Nunca el águila malgastó tanto su tiempo como cuando se propuso aprender del cuervo.

    El zorro se provee a si mismo; pero Dios provee al león. 

    Piensa por la mañana, actúa a mediodía, come al anochecer y duerme por la noche.

    Quien ha sufrido tus imposiciones, te conoce.

    Así como el arado sigue a las palabras, Dios recompensa las plegarias.

    Los tigres de la ira son más razonables que los caballos de la instrucción.

    Del agua estancada espera veneno.

    Nunca sabrás lo que es suficiente a menos que sepas lo que es más que suficiente.

    ¡Escucha los reproches de los tontos! ¡Forman un título real!

    Los ojos del fuego, las narices del aire, la boca del agua las barbas de la tierra.

    El débil en coraje es fuerte en astucia.

    El manzano nunca pregunta al haya cómo ha de crecer, tal como el león no
                             interroga al caballo sobre cómo atrapar la presa.

    Quien recibe agradecido da copiosas cosechas.

    Si otros no hubiesen sido tontos, lo seríamos nosotros.

    El alma rebosante de dulce deleite jamás será profanada.

    Cuando ves un águila, ves una porción de Genio: ¡Alza la cabeza!

    Tal como la oruga elige las hojas mejores para depositar en ellas sus huevos,
    el sacerdote lanza sus imprecaciones  para los más  dulces goces.

    Crear una florecilla es labor de siglos.

    La condena estimula, la bendición relaja.

    El mejor vino es el más añejo; la mejor agua, la más nueva.

    ¡Las plegarias no aran! ¡Los elogios no cosechan!

    Las alegrías no ríen. Las tristezas no lloran.

    La cabeza lo Sublime; el corazón, lo patético; los genitales, la Belleza;
             manos y pies la Proporción.

    Como el aire al pájaro o el agua al pez, así es el desprecio para el despreciable.

    El cuervo quisiera que todo fuese negro; el búho, que todo fuese blanco.

    La exuberancia es belleza.

    Si el león recibiese consejos del zorro, sería astuto.

    El perfeccionamiento traza caminos rectos; pero los torcidos y sin perfeccionar son los caminos del Genio.

    Mejor matar a un niño en su cuna que alimentar deseos que no se llevan a la práctica.

    Donde no está el hombre, la naturaleza es estéril.

    La verdad nunca puede decirse de modo que sea comprendida sin ser creída.

    ¡Suficiente! o demasiado.

     
    “Un sueño”

    Cierta vez un sueño tejió una sombra
    sobre mi cama que un ángel protegía:
    era una hormiga que se había perdido
    por la hierba donde yo creía que estaba.

    Confundida, perpleja y desesperada,
    oscura, cercada por tinieblas, exhausta,
    tropezaba entre la extendida maraña,
    toda desconsolada, y le escuché decir:
    “¡Oh, hijos míos! ¿Acaso lloran?
    ¿Oirán cómo suspira su padre?
    ¿Acaso rondan por ahí para buscarme?
    ¿Acaso regresan y sollozan por mí?”

    Compadecido, solté una lágrima;
    pero cerca vi una luciérnaga,
    que respondió: “¿Qué quejido humano
    convoca al guardián de la noche?

    Me corresponde iluminar la arboleda
    mientras el escarabajo hace su ronda:
    sigue ahora el zumbido del escarabajo;
    pequeña vagabunda, vuelve pronto a casa.”

    “Una imagen divina”

    La crueldad tiene corazón humano
    y la envidia humano rostro;
    el terror reviste divina forma humana
    y el secreto lleva ropas humanas.

    Las ropas humanas son de hierro forjado,
    la forma humana es fragua llameante,
    el rostro humano es caldera sellada
    y el corazón humano, su gola hambrienta.

    Versión de Antonio Restrepo

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    This entry was posted on Sábado, noviembre 28th, 2009 at 0:00 and is filed under General. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.
  • 1 Comment

    Take a look at some of the responses we've had to this article.

    1. Posted on noviembre 27th

      Información Bitacoras.com…

      Valora en Bitacoras.com:   Pinchar en la imágen para ver muestra de su obra píctorica.  William Blake, nació en Londres el 28 de noviembre de 1757. Poeta, místico y grabador que fué practicamente desconocido durante su vida es hoy altamente considera…..

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