Poesia

Ernestina de Champourcin: Primavera

abril 9, 2018


“Voy a a arraigar en ti. Mis fuerzas más oscuras
remueven lentamente la tierra de tu alma…”

RC

“Primavera”

¡Toda la primavera dormía entre tus manos!
Iniciaste en un gesto la fiesta de las rosas
y erguiste, enajenada,
esa flecha de luz que impregna los caminos.
¡Toda la primavera!
Fervores del instante transido de capullos,
gracia tímida y leve del perfume sin rastro,
caricias que despiertan el sexo de las horas.
Brotaron de tus palmas en éxtasis gozoso
los trinos y las brisas. Y tu ademán secreto
despertó en rubores la pubertad del mundo.
¡Todo vino por ti! Porque tus manos lentas
ciñeron brevemente mi carne estremecida,
porque al rozar mi cuerpo
despertaste una flor que trae la primavera.

Ernestina de Champourcin

Ernestina de Champourcín nació en Vitoria, el 10 de julio de 1905.
Es una de las poetas más desconocidas de la Generación del 27, cómo la mayoría de los miembros de la misma, sus primeros poemas publicados a partir de 1923, lo fueron en diversas revistas de la época, como Manantial, Cartagena Ilustrada o La Libertad.
Entró en contacto con algunos de los integrantes de la Generación del 27, entre ellos con: Rafael Alberti, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Jorge Guillén, Pedro Salinas y Vicente Aleixandre.
Además, gracias a Juan Ramón Jiménez pudo conocer la poesía inglesa clásica y moderna de entre otros: John Keats, Percy Shelley, William Blake y William Butler Yeats.
Publicó sus primeros libros en Madrid: “En silencio”, en 1926, “Ahora”, en 1928, “La voz en el viento”, en 1931, “Cántico inútil”,
en(1936, logrando con ello ser reconocida en el mundo literario de la capital.
Se puede ver una evolución en su obra desde un Modernismo inicial a la sombra de Juan Ramón Jiménez a una poesía más personal marcada por la temática amorosa envuelta en una rica sensualidad, por lo que probablemente Gerardo Diego la seleccionó para su Antología de 1934.
En 1930, tiempo en el que participaba en actividades en el Liceo Femenino, como lo hicieran otros intelectuales de la República, conociçió a Juan José Domenchina, poeta y secretario personal de Manuel Azaña, con quien se casó.
Poco tiempo antes del golpe de Estado de 1936, publicó la que sería su única novela: “La casa de enfrente”.
Durante la Guerra Civil, Juan Ramón y Zenobia, preocupados por los niños huérfanos o abandonados, fundaron una especie de comité denominado “Protección de Menores”, al que se unió Ernestina en calidad de enfermera, pero debido a ciertos problemas con algunos milicianos hubo de abandonar esta labor, tras lo que entró como auxiliar de enfermera en el hospital que regentaba Lola Azaña.
Debido al trabajo de su marido, como decíamos secretario político de Azaña, el matrimonio no tuvo más remedio que abandonar Madrid, en un periplo que les llevó Valencia, Barcelona y Francia, en el país galo estuvieron en Toulouse y París, hasta que, finalmente, en 1939, fueron invitados por el diplomático y escritor mexicano Alfonso Reyes, fundador y director de la Casa de España de México, país que sería el lugar definitivo de su exilio.
En México, los primeros años su producción literaria sería muy escasa, su tiempo hubo de ocuparlo para mantener su hogar, trabajando para el Fondo de Cultura Económica y como intérprete para la Asociación de Personal Técnico de Conferencias Internacionales.
Sin embargo una vez asentados, México fue una de sus etapas más fecundas, publicó: “Presencia a oscuras”, en 1952, “Cárcel de los sentidos”, en 1960 y “El nombre que me diste”, en 1960.
Sin embargo el cambio no fue fácil; el matrimonio no tuvo hijos, y sobrellevaron de forma muy distinta el desgajamiento de sus raíces. Mientras, su esposo, no llevó bien su nueva vida como exiliado, y murió prematuramente en 1959, ella, por su parte llegó a tener fuertes sentimientos de arraigo con esta su nueva patria.​
En el exilio, la religiosidad vivida durante su niñez se agudizó, dando a su obra un misticismo desconocido hasta el momento, muestra de ellos son sus publicaciones: “Hai-kais espirituales”, en 1967, “Cartas cerradas”, en 1968 y “Poemas del ser y del estar”, de 1972, año que regresó a Madrid,
La vuelta no fue fácil, prueba de ellos son sus obras: “Primer exilio”, de 1978, “La pared transparente”, de 1984), “Huyeron todas las islas”, de 1988, “Los encuentros frustrados”, de 1991, “Del vacío y sus dones”, de 1993 y “Presencia del pasado”, de 1996.
Para Emilio Lamo de Espinosa (catedrático de Sociología de la Universidad Complutense y sobrino de Ernestina de Champourcin): “una de las razones del silencio sobre la obra de esta gran literata española es debido a su mística. Para este autor, el intimismo de su obra y el creciente peso de la poesía religiosa, hizo que no se le tuviera en cuenta, ni su gran labor social, ni su compromiso a la causa republicana, ni sus actividades en pro del reconocimiento de los derechos de las mujeres a ser tratadas al igual que sus compañeros hombres.7​ Y así lo hizo constar en un homenaje que se le hizo a la poeta en la Residencia de Estudiantes en 2005, año del centenario del nacimiento de Ernestina.
Pese a poder considerar a Ernestina de Champourcin como la única mujer que realmente estuvo, en una situación de igualdad con el resto de los poetas hoy llamados de 27, su reconocimiento en España no se produce hasta 1989, y a partir de ese año, se le concedió el Premio Euskadi de Literatura en castellano en su modalidad de Poesía (1989), el Premio Mujeres Progresistas (1991), la nominación al Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1992 y la Medalla al Mérito Artístico del Ayuntamiento de Madrid en 1997.
Murió en Madrid, el 27 de marzo de 1999.

Bibliografía:

En silencio. Madrid, Espasa-Calpe, 1926.
Ahora. Madrid, Imprenta Brass, 1928.
La voz en el viento. Madrid, Compañía Ibero-Americana de Publicaciones, 1931.
Cántico inútil. Madrid, Aguilar, 1936.
Presencia a oscuras. Madrid, Rialp, 1952.
El nombre que me diste…. México, Finisterre, 1960.
Cárcel de los sentidos. México, Finisterre, 1964.
Hai-kais espirituales. México, Finisterre, 1967.
Cartas cerradas. México, Finisterre, 1968.
Poemas del ser y del estar. Madrid, Alfaguara, 1972.
Primer exilio. Madrid, Rialp, 1978.
Poemillas navideños. México, 1983.
La pared transparente. Madrid, Los Libros de Fausto, 1984.
Huyeron todas las islas. Madrid, Caballo Griego para la Poesía, 1988.
Antología poética, (prólogo de Luz María Jiménez Faro). Madrid, Torremozas, 1988.
Ernestina de Champourcín. Málaga, Centro Cultural de la Generación del 27, 1991.
Los encuentros frustrados. Málaga, El Manatí Dorado, 1991.
Poesía a través del tiempo. Barcelona, Anthropos, 1991.
Del vacío y sus dones. Madrid, Torremozas, 1993.
Presencia del pasado (1994-1995) . Málaga, Poesía circulante, núm. 7, 1996.
Cántico inútil, Cartas cerradas, Primer exilio, Huyeron todas las islas. Málaga, Centro Cultural de la Generación del
27, 1997.

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