Poesia

Pier Paolo Pasolini: Las cenizas de Gramsci, Canto VI

julio 31, 2018


«…montones de lata, hierros viejos, donde
canta inútilmente un muchacho que concluye
su jornada, mientras alrededor la lluvia cesa…»

PPP

«Las cenizas de Gramsci»

Canto VI

Me voy, te dejo en el atardecer
que aunque triste, tan dulcemente desciende
para nosotros los vivos, con la luz de vela

que al barrio en penumbra descubre.
Y lo desordena. Lo hace aún más grande, vacío
más amplio y lejano, lo enciende

de una vida inquieta, y del ronco
rodar del tranvía, de los gritos humanos
dialectales, conjuga un concierto sordo

y absoluto. Y sientes cómo en aquellos lejanos
seres que en la vida gritan, ríen,
en aquellos sus vehículos, en aquellos tristes

caseríos donde se consume el infiel
y expansivo don de la existencia-
esa vida no es más que un temblor,

corpóreo, colectiva presencia;
sientes la ausencia de toda religión
verdadera, no vida sino sobrevivencia

-quizás más dulce que la vida- como
de un pueblo de animales, en el que el misterioso
orgasmo no tenga otra pasión

que la del actuar cotidiano:
humilde fervor a la que da sentido festivo
la humilde corrupción. Cuanto más vano es

en este vacío de la historia, en esta
ronroneante pausa en la que la vida calla
todo ideal, mejor se manifiesta

la estupenda, adusta sensualidad
casi alejandrina, que todo lima
e impúdicamente enciende, cuando acá

en el mundo algo se derrumba, y se arrastra
el mundo, en la penumbra al volver
a plazas vacías, a talleres sin entusiasmo…

Ya se encienden las luces, ribeteando
vía Zabaglia, vía Franklin, todo el
Teataccio, despojado de su gran

escuálido monte, los caminos a lo largo del Tíber, la negra profundidad, más allá del río,
que Monteverde amasa o esfuma invisible sobre el cielo
.
Diademas de luces que se pierden
brillantes y frías de tristeza
casi marina…Falta poco para la cena;

brillan los pocos ómnibus del barrio
con racimos de obreros en las puertas
y grupos de militares van, sin apuro

hacia el monte que cobija en medio de montones
sucios y muchos cestos de basura
a la sombra, subrepticias mujerzuelas

que esperan ansiosas sobre la basura
afrodisíaca; y no lejos, entre casillas
abusivas a los costados del monte, o en medio

de las casonas, como mundos, muchachones
livianos como jirones juegan en el aire
no ya frío, primaveral; ardientes

de desenfado juvenil su romana
tarde de mayo, oscuros adolescentes
silban por la calle, en la fiesta

vespertina; y estruenden las persianas
de los garajes de golpe, alegremente
si la oscuridad vuelve sereno el atardecer,

y en medio de los plátanos de la plaza Testaccio
el viento que cae en lenguas de tempestad
es muy dulce, aunque afeite los sombreros

y los olores del matarife, se odorice
con sangre putrefacta, y por doquier
sacuda rechazos y olor de miseria.

Es un murmullo la vida, y estos perdidos
en ella, la pierden serenamente
si el corazón tienen colmo de ella: a gozar

he los miserables, el atardecer; y potente
en ellos, inerme para ellos, el mito
renace…Pero yo con el corazón consciente

de quien solamente en la historia tiene vida
podré alguna vez por pura pasión actuar
si sé que nuestra historia ha concluido?

Pier Paolo Pasolini

De: «Las cenizas de Gramsci» – 1957
Traducción de Elena Tardonato

Ed. Doble 2009©
ISBN: 978-84-96875-60-9

Original en italiano

«Le ceneri di Gramsci»

VI

Me ne vado, ti lascio nella sera
che, benché triste, così dolce scende
per noi viventi, con la luce cerea

che al quartiere in penombra si
rapprende.
E lo sommuove. Lo fa più grande, vuoto,
intorno, e, più lontano, lo riaccende

di una vita smaniosa che del roco
rotolio dei tram, dei gridi umani,
dialettali, fa un concerto fioco

e assoluto. E senti come in quei lontani
esseri che, in vita, gridano, ridono,
in quei loro veicoli, in quei grami

caseggiati dove si consuma l’infido
ed espansivo dono dell’esistenza –
quella vita non è che un brivido;

corporea, collettiva presenza;
senti il mancare di ogni religione
vera; non vita, ma sopravvivenza

– forse più lieta della vita – come
d’un popolo di animali, nel cui arcano
orgasmo non ci sia altra passione

che per l’operare quotidiano:
umile fervore cui dà un senso di festa
l’umile corruzione. Quanto più è vano

– in questo vuoto della storia, in questa
ronzante pausa in cui la vita tace –
ogni ideale, meglio è manifesta

la stupenda, adusta sensualità
quasi alessandrina, che tutto minia
e impuramente accende, quando qua

nel mondo, qualcosa crolla, e si trascina
il mondo, nella penombra, rientrando
in vuote piazze, in scorate officine…

Già si accendono i lumi, costellando
Via Zabaglia, Via Franklin, l’intero
Testaccio, disadorno tra il suo grande

lurido monte, i lungoteveri, il nero
fondale, oltre il fiume, che Monteverde
ammassa o sfuma invisibile sul cielo.

Diademi di lumi che si perdono,
smaglianti, e freddi di tristezza
quasi marina… Manca poco alla cena;

brillano i rari autobus del quartiere,
con grappoli d’operai agli sportelli,
e gruppi di militari vanno, senza fretta,

verso il monte che cela in mezzo a sterri
fradici e mucchi secchi d’immondizia
nell’ombra, rintanate zoccolette

che aspettano irose sopra la sporcizia
afrodisiaca: e, non lontano, tra casette
abusive ai margini del monte, o in mezzo

a palazzi, quasi a mondi, dei ragazzi
leggeri come stracci giocano alla brezza
non più fredda, primaverile; ardenti

di sventatezza giovanile la romanesca
loro sera di maggio scuri adolescenti
fischiano pei marciapiedi, nella festa

vespertina; e scrosciano le
saracinesche
dei garages di schianto, gioiosamente,
se il buio ha resa serena la sera,

e in mezzo ai platani di Piazza Testaccio
il vento che cade in tremiti di bufera,
è ben dolce, benché radendo i capellacci

e i tufi del Macello, vi si imbeva
di sangue marcio, e per ogni dove
agiti rifiuti e odore di miseria.

È un brusio la vita, e questi persi
in essa, la perdono serenamente,
se il cuore ne hanno pieno: a godersi

eccoli, miseri, la sera: e potente
in essi, inermi, per essi, il mito
rinasce… Ma io, con il cuore cosciente

di chi soltanto nella storia ha vita,
potrò mai più con pura passione operare,
se so che la nostra storia è finita?

Pier Paolo Pasolini

De: «Le ceneri di Gramsci» – 1954

Pier Paolo Pasolini nació en Bolonia, el 5 de marzo de 1922.
Escritor, poeta y director de cine, es uno de los escritores más reconocidos de su generación, al igual que uno de los cineastas más venerados de su país.
Comenzó a escribir poesía cuando contaba sólo siete años de edad y con 19 publicó por primera vez cuando era estudiante universitario en Bolonia.
Fue reclutado durante la Segunda Guerra Mundial, en el transcurso de la misma fue capturado por los alemanes, pero logró escapar.
Al finalizar la guerra se unió al Partido Comunista Italiano en Ferrara, pero fue expulsado dos años después, según el PCI en el periódico L’Unità publicó: «Con fecha del 26 de octubre la federación del PCI de Pordenone ha resuelto expulsar del partido por indignidad moral a D. Pier Paolo Pasolini, de Casarsa. Los hechos que han determinado tan graves medidas disciplinarias contra el poeta Pasolini2 , nos dan la ocasión de denunciar una vez más las deletéreas influencias de determinadas corrientes ideológicas y filosóficas, como las de los Gide, Sartre y demás celebrados poetas y literatos que se las dan de progresistas cuando, en realidad, adoptan los aspectos más deletéreos de la generación burguesa».
Murió asesinado en Ostia, cerca de Roma, el 2 de noviembre de 1975, sin que a día de hoy se hayan esclarecido las causas, ni los responsables identificados.

También de Pier Paolo Pasolini en este blog:

«Pier Paolo Pasolini: Un trapo rojo como aquel…»: AQUÍ

«Pier Paolo Pasolini: Cercana a los ojos»: AQUÍ

«Pier Paolo Pasolini: Al príncipe»: AQUÍ

«Pier Paolo Pasolini: Dies Irae»: AQUÍ

«Pier Paolo Pasolini: Súplica a mi madre»: AQUÍ

«Pier Paolo Pasolini: Temor de mí»: AQUÍ

«Pier Paolo Pasolini: Carne y cielo»: AQUÍ

«Pier Paolo Pasolini: Las cenizas de Gramsci – Canto II»: AQUÍ

«Pier Paolo Pasolini: No es de mayo este aire impuro»: AQUÍ

«Pier Paolo Pasolini: Ladrones»: AQUÍ

«Pier Paolo Pasolini: Los pobres de Malafiesta»: AQUÍ

«Pier Paolo Pasolini: El llanto de la excavadora»: AQUÍ

«Pier Paolo Pasolini: Las hermosas banderas»: AQUÍ

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«Pier Paolo Pasolini: El motivo de Charlot»: AQUÍ

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«Pier Paolo Pasolini: Abro a la mañana de un blanco lunes…»: AQUÍ

«Pier Paolo Pasolini: Al muchacho Codignola»: AQUÍ

Bibliografía poética:

Poesie a Casarsa – 1942
Poesie – 1945
Diarii – 1945
I pianti – 1946
Dov’è la mia patria, con 13 disegni di G. Zigaina – 1949
Tal còur di un frut, Edizioni di Lingua Friulana – 1953 (reeditada en 1974)
Dal diario (1945-47) – 1954
La meglio gioventù – 1954
Il canto popolare – 1954
Le ceneri di Gramsci – 1957
L’Usignolo della Chiesa Cattolica – 1958
Roma 1950 – 1960
Sonetto primaverile (1953) – 1960
La religione del mio tempo – 1961
Poesia in forma di rosa (1961-1964) – 1964
Poesie dimenticate, al cuidado de Luigi Ciceri – 1965
Trasumanar e organizzar – 1971
La nuova gioventù. Poesie friulane 1941-1974 – 1975
Le poesie: Le ceneri di Gramsci, La religione del mio tempo, Poesia in forma di rosa – 1975
Bestemmia. Tutte le poesie, 2 vols. – 1993
Poesie scelte – 1997
Tutte le poesie, 2 vols. – 2003

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  • Reply Pier Paolo Pasolini: Los pobres de Malafiesta » Trianarts junio 12, 2015 at 2:50 am

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