Escultura

Alberto Giacometti: La escultura más cotizada del siglo XX

octubre 10, 2017

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Alberto Giacometti

Nació en Borgonovo, Suiza, el 10 de octubre de 1901.
Escultor y pintor cuyas obras fueron la traducción plástica de la crisis existencialista por la que pasó la sociedad occidental al finalizar la Segunda Guerra Mundial.
Perteneciente a una familia de artistas, hijo del pintor neoimpresionista Giovanni Giacometti y ahijado de Cuno Amiet.
Se formó inicialmente en L’ École des Beaux-Arts de Ginebra, y posteriormente en L’École des Arts et Métiers donde estudio dibujo y escultura.

En 1922 marchó a París, para estudiar en la Académie de la Grande Chaumière en Montparnasse, donde tuvo como maestro a un ayudante de Rodin, Antoine Bourdelle.
Junto a su padre realizó un viaje a Italia, donde fue impresionado por las obras de Tintoretto y Giotto, por el arte africano y egipcio y por la pintura de Alexander Archipenko y de Paul Cézanne que conoció en la Bienal de Venecia.

Durante un tiempo experimentó con el cubismo; no obstante se sintió pronto atraído por el trabajo de los surrealistas y hacia 1927, año en que su hermano Diego se convirtió en su ayudante, expuso sus primeras esculturas surrealistas en el Salón de las Tullerías.
Al poco tiempo, era considerado uno de los escultores surrealistas más importantes de de su tiempo.

En 1929, en la Galerie Jeanne Bucher expuso dos esculturas de la serie Plaques que llamaron poderosamente la atención entre el mundo del arte parisiense, especialmente a los surrealistas, movimiento al que permaneció unido hasta 1934.
Viviendo en Montparnasse, tuvo oportunidad de conocer y entablar amistad con, entre otros, con los pintores Joan Miró, Max Ernst y Pablo Picasso, y con escritores como Samuel Beckett, Jean-Paul Sartre, Paul Éluard y André Breton, para el que escribió y dibujó en su publicación “Le surréalisme au Service de la Révolution”.

En esa época esta fechada su “Cabeza que mira”, dotada de toques de arte tribal, que tanto influyó en los artistas de esa época.
En 1935 inició un periodo de crisis creativa que se prolongaría durante casi una década, en la que retornó a sus dibujos y pinturas con modelo en interminables sesiones de posado.

En plena Guerra Civil viajó a España.
En el transcurso de la Segunda Guerra Mundial residió en Ginebra, tiempo en el que conoció a Annette Arm, con la que se casaría en París, adonde habían vuelto en 1946, en 1949.

Anette ejerció una buena influencia sobre él, siendo este quizá la época más productiva de toda su carrera; posó en interminables sesiones para su marido, algo que con otras modelos había sido complicado, ella con enorme paciencia soportó sesiones que podían durar horas, hasta que Giacometti lograba el resultado deseado.

Su forma de trabajar que había abandonado al iniciarse su etapa surrealista, dieron lugar a una serie de esculturas que redujo a la mínima expresión y que serían la semilla de su inconfundible estilo en toda su producción posterior, concentrándose especialmente en la cabeza humana, en las que el centro de atención fue principalmente la mirada, seguido de una nueva y muy personal estilo, en el que sus estatuas comenzaron a alargar sus extremidades.
Sus largas y delgadas figuras fueron percibidas como la metáfora apropiada del hombre que emergía de las secuelas de la guerra, según la interpretación de Jean-Paul Sartre, gran amigo de Giacometti desde que se conocieran en Ginebra en 1943.

Tras casi veinte años sin dibujar ni utilizar los pinceles, retomó la pintura y el dibujo de manera regular, practicando un estilo abocetado con el que lograba aislar las figuras.
En 1948 exhibió en la galería Pierre Matisse de Nueva York, para cuyo catálogo su amigo Jean-Paul Sartre escribió la introducción, y en 1951 lo hizo en la Maeght de París. A partir de ese momento se sucedieron numerosas retrospectivas.
En 1954 le fue encargado diseñar un medallón con la imagen de Henri Matisse, para cuyo trabajo creó numerosos dibujos durante los últimos meses de vida del pintor.

En 1965 le fue concedido el Grand Prix National des Arts del Gobierno francés.
En 1962 recibió el gran premio de escultura en la Bienal de Venecia, lo que le llevó a convertirse en una celebridad internacional.
Murió en Coira, Suiza, el 11 de enero de 1966.

En febrero de 2010, su escultura “El hombre que camina” fue subastada por Sotheby’s, en Londres, por 65 millones de libras esterlinas (74,2 millones de euros, 104,3 millones de dólares), cifra que supero el récord mundial hasta entonces de una obra de arte vendida en una subasta.
En España podemos ver varias de sus obras en el Museo Reina Sofía y en el Museo Thyssen Bornemisza, de Madrid.

*Entrada actualizada y ampliada el 9 de octubre de 2017.

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2 Comments

  • Reply Balthus: Figurativismo sin etiquetas - Trianarts octubre 26, 2015 at 10:18 pm

    […] Josef Breitenbach,  Man Ray, y Antonin Artaud, y los pintores: André Derain, Joan Miró y Alberto Giacometti. En 1948, Albert Camus, le encargó los diseños para los decorados y vestuario de su obra […]

  • Reply André Masson: Surrealismo y expresionismo abstracto - Trianarts enero 19, 2016 at 10:31 pm

    […] la arena en sus cuadros, arrojándola sobre el lienzo previamente engrasado. En 1927 conoce a Alberto Giacometti y bajo su supervisión, realizó su primera escultura: Metamorfosis. En 1929 fue de alguna forma […]

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