• Cernuda-1.jpg picture by TrianaTubes 

                                                                    “Para un andaluz, la felicidad aguarda siempre tras un arco” (Luís Cernuda: OCNOS, En Compás).

                                                                    ¡Ah, tiempo, tiempo cruel, que para tentarnos con la fresca rosa de hoy destruiste la dulce rosa de ayer!
                                                                                                                                                                                                                                                      Luis Cernuda.

    Es sin duda uno de los poetas imprescindibles para los sevillanos y uno de mis mas queridos y admirados. 

    Tras un breve resumen biografico, os dejo una muestra de mi obra favorita: *Ocnos*, obra en la que recrea a su Sevilla, sin que su nombre aparezca en ni una sola linea, aunque leerla es pasear por ella de la forma más bella; Además uno de sus mas conocidos poemas: * Donde habite el el olvido * 

    Luis Cernuda (1902-1963), nació en Sevilla y muere el 5 de noviembre en la Ciudad de México, es enterrado pocos días después en la sección española del Panteón Jardín. México

    Su educación fue rígida e intransigente debido al carácter y a la condición militar de su padre. Empezó a estudiar Derecho en la Universidad de Sevilla en 1919, siendo uno de sus profesores Pedro Salinas, quien lo ayudó con sus primeras publicaciones.

     En 1925 termina la Licenciatura de Derecho, y conoce a Juan Ramón Jiménez. En diciembre de ese año publica sus primeros poemas en “Revista de Occidente”; comienza sus primeros contactos con el mundo literario.

    Luego, en el año siguiente, comienza su distanciamiento del mundo surrealista para comenzar sus andadas por una poesía mucho más sencilla, más directa, más personal, basada fundamentalmente en un triple rechazo de los ritmos muy marcados de la rima, del lenguaje brillante y lleno de imágenes. Así escribe entre 1932 y 1933 su obra Donde habite el olvido, que publicó en 1934. Relee a Bécquer, cuya sombra fue referencia poética en sus orígenes y para siempre. Su adhesión comunista llega de la mano del poeta Rafael Alberti; lo que le lleva, incluso, a participar como voluntario en las milicias en la Sierra de Guadarrama durante la guerra. Publicó en esta época su emblemática obra La realidad y el deseo.

    En 1938 Luis Cernuda salió hacia Inglaterra a dar un ciclo de conferencias, y ya no volvió nunca más a España.
    Entre 1941 y 1942 escribe Ocnos y Como quien espera el alba. En el año 1947 se traslada a New York, donde ejercerá de profesor de literatura española, hasta 1949, donde tras veranear en México, la profunda impresión que le produce volver a escuchar palabras en castellano, y el parecido absoluto, para él, que tiene este país con Andalucía, le provocan la escritura de obras como Variaciones sobre Tema Mexicano y Poemas para un cuerpo, publicada en 1954.

    En esta época son sus Estudios sobre poesía española contemporánea (1954) y el primer tomo de Poesía y Literatura (1960), y Desolación de la quimera (1960).
    El 5 de noviembre de 1963 muere de un infarto en México, en el domicilio de doña Concha Méndez, donde vivía. Está enterrado en el Panteón Jardín de la misma ciudad donde murió.

    El magnolio

    Se entraba a la calle por un arco. Era estrecha, tanto que quien iba por en medio de ella, al extender a los lados sus brazos, podía tocar ambos muros. Luego, tras una cancela, iba sesgada a perderse en el dédalo de otras callejas y plazoletas que componían aquel barrio antiguo. Al fondo de la calle sólo había una puertecilla siempre cerrada, y parecía como si la única salida fuera por encima de las casas, hacia el cielo de un ardiente azul. En un recodo de la calle estaba el balcón, al que se podía trepar, sin esfuerzo casi, desde el suelo; y al lado suyo, sobre las tapias del jardín, brotaba cubriéndolo todo con sus ramas el inmenso magnolio. Entre las hojas brillantes y agudas se posaban en primavera, con ese sutil misterio de lo virgen, los copos nevados de sus flores. Aquel magnolio fue siempre para mí algo más que una hermosa realidad: en él se cifraba la imagen de la vida. Aunque a veces la deseara de otro modo, más libre, más en la corriente de los seres y de las cosas, yo sabía que era precisamente aquel apartado vivir del árbol, aquel florecer sin testigos, quienes daban a la hermosura tan alta calidad. Su propio ardor lo consumía, y brotaba en la soledad unas puras flores, como sacrificio inaceptado ante el altar de un dios.
    Pájaros en la mano

    El aire, tan transparente, ¿se enturbia ahora con ondas oscuras? ¡Pájaros de nuevo! Bélicamente se despliegan sus bandos en volandas por el azul -por el azul, que

    ellos crean, más que devuelven…-. La agudísima espada de fuego del arcangélico otoño los arrojó del paraíso suyo. Y se fueron, sin verlos el hombre. Pero

    vuelven, vuelven siempre, como mi insaciado deseo constante de felicidad. Viéndolos volar, contemplando las figuras tan geométricas que trazan trinando musicales

    y alados, ¿no vuelan también los ojos que los contemplan? ¡Divinos pájaros: pájaros, sí, más casi humanos!

    El amor

     Estaban al borde de un ribazo. Eran tres chopos jóvenes, el tronco fino, de un gris claro, erguidos sobre el fondo pálido del cielo, y sus hojas blancas y verdes

    revolonado en las ramas delgadas. El aire y la luz del paisaje realzaban aún más con su serena belleza la de aquellos tres árboles.
    Yo iba con frecuencia a verlos. Me sentaba frente a ellos, cara al sol de mediodía, y mientras los contemplaba, poco a poco sentía cómo iba invadiéndome una

    especie de beatitud. Todo en el paisaje fuera un pensamiento, de una tranquila hermosura clásica: la colina donde se erguían, la llanura que desde allí se divisaba, la hierba, el aire, la luz.
    Algún reloj, en la ciudad cercana, daba una hora. Todo era bello, en aquel silencio y soledad, que se me saltaban las lágrimas de admiración y de ternura. Mi efusión, concretándose en torno a la clara silueta de los tres chopos, me llevaba hacia ellos. Y como nadie aparecía por el campo, me acercaba confiado a su tronco y los abrazaba, para estrechar contra mi pecho un poco de su fresca y verde juventud.

    El tiempo

    Llega un momento en la vida cuando el tiempo nos alcanza. (No sé si expreso esto bien.) Quiero decir que a partir de tal edad nos vemos sujetos al tiempo y obligados a contar con él, como si alguna colérica visión con espada centelleante nos arrojara del paraíso primero, donde todo hombre ha vivido una vez libre del aguijón de la muerte. ¡Años de niñez en que el tiempo no existe! Un día, unas horas son entonces cifra de la eternidad. ¿Cuántos siglos caben en las horas de un niño?
    Recuerdo aquel rincón del patio en la casa natal, yo a solas y sentado en el primer peldaño de la escalera de mármol. La vela estaba echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, y sobre la lona, por donde se filtraba tamizada la luz del mediodía, una estrella destacaba sus seis puntas de paño rojo. Subían hasta los balcones abiertos, por el hueco del patio, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y abajo, en torno de la fuente, agrupadas, las matas floridas de adelfas y azaleas. Sonaba el agua al caer con un ritmo igual, adormecedor, y allá en el fondo del agua unos peces escarlata nadaban con inquieto movimiento, centelleando sus escamas en un relámpago de oro. Disuelta en el ambiente había una languidez que lentamente iba invadiendo mi cuerpo.
    Allí, en el absoluto silencio estival, subrayado por el rumor del agua, los ojos abiertos a una clara penumbra que realzaba la vida misteriosa de las cosas, he visto cómo las horas quedaban inmóviles, suspensas en el aire, tal la nube que oculta un dios, puras y aéreas, sin pasar.

    Luis Cernuda

    Donde habite el olvido.-

     

    Donde habite el olvido,
    En los vastos jardines sin aurora;
    Donde yo sólo sea
    Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
    Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

    Donde mi nombre deje
    Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
    Donde el deseo no exista.

    En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
    No esconda como acero
    En mi pecho su ala,
    Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

    Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
    Sometiendo a otra vida su vida,
    Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

    Donde penas y dichas no sean más que nombres,
    Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
    Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
    Disuelto en niebla, ausencia,
    Ausencia leve como carne de niño.

    Allá, allá lejos;
    Donde habite el olvido.

    Donde habite el olvido

    Donde habite el olvido,
    En los vastos jardines sin aurora;
    Donde yo sólo sea
    Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
    Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

    Donde mi nombre deje
    Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
    Donde el deseo no exista.

    En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
    No esconda como acero
    En mi pecho su ala,
    Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

    Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
    Sometiendo a otra vida su vida,
    Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

    Donde penas y dichas no sean más que nombres,
    Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
    Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
    Disuelto en niebla, ausencia,
    Ausencia leve como carne de niño.

    Allá, allá lejos;
    Donde habite el olvido.

    Luis Cernuda

    Fuente: Poetas de Sevilla y Obra del autor.

    Compartelo...:
    • Digg
    • Sphinn
    • del.icio.us
    • Facebook
    • Mixx
    • Google Bookmarks
    • Live
    • Meneame
    • Technorati
    • Wikio IT
    • Bitacoras.com
    • Twitter
    Etiquetas:

    Entradas relacionadas

    This entry was posted on Martes, abril 28th, 2009 at 18:17 and is filed under Poesia. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.
  • 9 Comments

    Take a look at some of the responses we've had to this article.

    1. Posted on noviembre 23rd

      Información Bitacoras.com…

      Si lo deseas, puedes hacer click para valorar este post en Bitacoras.com. Gracias….

    2. Maribel Romero
      Posted on noviembre 23rd

      Ooooooooh! Qué bonito decorado navideño, estás en todo. Y gracias por esos apuntes sobre Cernuda, sin duda un poeta imprescindible. Un abrazo nevado.

    3. Posted on noviembre 23rd

      Gracias Maribel, el mérito es de Pilar (la madre de Fátima), un amigo nuestro dice que tiene arte en vez de sangre en las venas, ella cambia la decoración de los blogs cada poco, si te gusta, animate y pasa tu blog a WordPress, ya veras que aumentan un monton tus visitas, el de Lauren Mendinueta y el de Antonio Sarabia, tambien son de ella.

      Cernuda, eso es, IMPRESCINDIBLE.

      Un beso grande.

    4. Posted on noviembre 24th

      Triana, esta entrada es para saborearla.
      Voy a leerla muchas veces y después te cuento.
      Sólo te menciono que Octavio Paz admiraba a Cernuda con intensidad.
      Un abrazo en espera.
      Sergio Astorga

      Último post en la Web de…sergio Astorga…Retrato de Familia

    5. Posted on noviembre 25th

      Lo se, Sergio, Octavio Paz es una de las figuras claves en la biografía de Cernuda, y los dos, forman parte de mis amores literarios.

      La obra de Cernuda es grande, Cernuda era grande, Ocnos, mi favorita.

      Un abrazo desde el magnolio de la catedral, su magnolio.

    6. Posted on noviembre 25th

      Es para admirarlo, con toda la intensidad. Yo lo adoro y también leeré la entrada lentamente y me iré al libro a seguir. Gracias por tan bellas lecturas.
      Un abrazo.
      Izaskun

      Último post en la Web de…izaskun…RESACA de Shaun Tan

    7. Posted on noviembre 25th

      Gracias Izaskun, por venir y por adorar a Cernuda, se lo debemos, si lees Ocnos, renocerás los rincones que describe sin que él haya escrito su nombre.

      Un abrazo fuerte para ti.

      Último post en la Web de…Triana…Museo de Bellas Artes de Sevilla. Exposición Juan de Roelas.

    8. [...] “Luis Cernuda “Ocnos su Sevilla”"   [...]

  • Post a Comment

    Let us know what you thought.

  • Name:

    Email (required):

    Website:

    Message:

Canonical URL by SEO No Duplicate WordPress Plugin