
Al pie de su propia sombra
lo mataron.
Al pie de su corazón…
EP
Mi recuerdo al poeta malagueño Emilio Prados, en el aniversario de su muerte.
«Se levantan lo muertos»
Acusación
Se levantan lo muertos; respetad a la sombra.
Si la Muerte se erige como fiel del combate,
que los paños solemnes del silencio lo cubran,
que suspendan las armas su voz en la tormenta.
Se levantan los muertos; respetad su pisada.
Los árboles sujetan al otoño en sus hojas;
las ciudades ocultan su dolor y ruinas;
se detienen las bestias al borde de sus pulsos.
Los muertos se levantan.
Escuchad a la Muerte, que es su voz la que rige;
su voz severa y dulce sobre el mundo se para.
Escuchad a la Muerte y a su pesado llanto.
Mirad la Tierra; gime la sangre de sus ríos.
Aun si vuestra mirada desconoce la vida;
si la nube no ocurre, ni el cielo en vuestras horas;
si en vuestra piel el barro aun no presiente el bosque,
ni el desierto os inflama desolado en sus tumbas:
Escuchad a la Muerte.
Temed su voz, potencia de acusaciones últimas;
su voz largo sudario de humedad y desprecio:
como el alto bramido de un viento amenazante
avanza hacia vosotros sobre vuestras trincheras.
No ocultad vuestros ojos, que ya ni el sueño habita.
Si aun la conciencia brilla la luz que no depone,
vuestras armas tendidas se doblarán, inútiles:
la verdad no es despojo que se olvide la Muerte.
Avanzan nuestros muertos.
Sus altísimas sombras forman ya multitudes;
como una muda selva de sombra y de gemido
lentos van, como el peso de las piedras que rinden
donde aún viven los cuerpos su abandono en la lluvia.
Inútil barricadas si la voluntad silba,
que una razón potente de entre el escombro emerge;
no hay sitio que se rinda si la Muerte ilumina,
coronando con héroes la acusación que cerca.
Temed a nuestro avance.
La multitud se aprieta detrás de la figura
que de frente hacia el Tiempo nuestro buque sustenta.
La multitud se agrupa; aún le cuelgan astillas
entre el pesado lodo del silencio en que hundieron.
Van junto a los mastines sin dueño de la guerra,
con los tristes harapos de los niños profundos,
los que al combate entraron desnudos todo el pecho,
y ahora los cruza el aire como a viejos castillos.
Aguardad nuestra entrada.
Quedaréis en la historia, por su papel tendidos,
como el labio infecundo de vuestra herida abierta;
no habrá alucinaciones que vuestra fiebre ilustren;
llegaréis a la nada sin voz por vuestro ejemplo.
Las fechas se presienten como inclina la fruta
la rama que halló el viento en flor bajo su carne.
Mirad; ya nuestra Muerte tan sólo tiene un ala:
una sola bandera dirige su cortejo.
Se levantan los muertos.
Detrás la vida sigue.
¡Preparad la batalla!
Emilio Prados
Madrid, diciembre de 1936
De: Destino fiel, 1938 –
Premio Nacional de Literatura
Recogido en: Emilio Prados – Poesía completa
Visor Libros, 2005©
ISBN Tomo I: 9788475229522
ISBN Tomo II: 9788475229539
Emilio Prados Such nació en Málaga, el 4 de marzo de 1899.
Poeta perteneciente a la Generación del 27′.
Sus primeros años transcurren en Málaga, donde estudió el bachiller y comenzó a relacionarse con la bohemia artística de la ciudad, que se reunía en las tertulias del Café Inglés, en la malagueña calle Larios, donde conoce a otros jóvenes poetas como Manuel Altolaguirre, José Moreno Villa, José María Hinojosa o José María Souvirón.
En 1914 obtiene una plaza en el Grupo de Niños de la Residencia de Estudiantes de Madrid. En este internado conoce a Juan Ramón Jiménez.
En 1918 se incorpora al grupo universitario de la Residencia, centro que se convierte en punto convergente de las ideas vanguardistas e intelectuales de Europa, así como en un foro de diálogo permanente entre ciencias y artes. En este fecundo caldo de cultivo se forma la Generación del 27 y es aquí donde Prados entabla amistad con el círculo que forman Federico García Lorca, Luis Buñuel, Juan Vicens, José Bello y Salvador Dalí. En el verano de 1924 regresa a la capital malagueña, donde continúa su actividad como escritor, funda y edita, junto a Manuel Altolaguirre, la revista Litoral, el hito más renovador de la cultura española de los años 20, en cuyas páginas refleja el diálogo entre poesía, música y pintura del que bebió en la Residencia de Estudiantes, logrando reunir bajo un único código creativo a figuras tan relevantes como Jorge Guillén, Moreno Villa, Manuel de Falla, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Ángeles Ortiz o Federico García Lorca, entre muchos otros.
En 1925 inicia su actividad como editor de la imprenta Sur, en la que trabaja también junto a Altolaguirre. De estos talleres saldrán publicados gran parte de los títulos de la poesía del 27. El esmerado trabajo de edición que realizan ambos poetas les procura prestigio internacional.
Paralelamente a sus actividades creadoras, su compromiso social se va decantando hacia un progresivo interés por los sectores más pobres y desfavorecidos de la sociedad. Es en plena República, en 1934, cuando su acercamiento a la izquierda se muestra explícitamente. El clima de violencia que impera en Málaga al estallar la guerra, en el que es fusilado su amigo José María Hinojosa en las tapias del cementerio de San Rafael por un grupo de milicianos del ejército republicano que habían asaltado previamente la Prisión Provincial, le hace trasladarse a Madrid, donde entra a formar parte de la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Colabora en tareas humanitarias, ayuda en la organización del II Congreso Internacional de Escritores y en la edición de varios libros (Homenaje al poeta Federico García Lorca y Romancero general de la guerra de España), al tiempo que se publican varias de sus obras. Recibe el Premio Nacional de Literatura por la recopilación de su poesía de guerra, Destino fiel, en 1938.
Poco después se instaló en Barcelona para encargarse, junto con Altolaguirre otra vez, de las Publicaciones del Ministerio de Instrucción Pública, pero la situación es ya insostenible para un republicano en la España de comienzos de 1939, por lo que decide marcharse a París. El 6 de mayo de 1939 partió, junto con otras destacadas figuras de la intelectualidad republicana, hacia México, donde residiría hasta su muerte en 1962. No obstante sus cortos recursos —cuando no conseguía trabajo sobrevivía del dinero que le enviaba su hermano desde el Canadá— adoptó y crio a dos huérfanos.
Prados se anticipó en la defensa de la poesía pura a Jorge Guillén y en el surrealismo al resto del 27′ para acabar construyendo una voz de influencia filosófica inspirada en el romanticismo alemán y el cancionero popular, absolutamente única. (Javier Díez de Revenga en el congreso internacional sobre el poeta con que la Diputación de Málaga inauguró su centenario.)
Debido a su amistad con Juan Ramón Jiménez, le llevó a enviarle un manuscrito de Mosaicos, que durante 70 años permaneció dormido en los papeles del Nobel publicándose en 1999, coincidiendo con el centenario del nacimiento del poeta malagueño.
Murió en el exilio en México, el 24 de abril de 1962.
También de Emilio Prados en este blog:
«Emilio Prados: Se levantan lo muertos»: AQUÍ
«Emilio Prados: ¿Cuándo volverán?»: AQUÍ
«Emilio Prados: Hay voces libres»: AQUÍ
«Emilio Prados: Cuando se abre el día»: AQUÍ
«Emilio Prados: Llegada, A Federico García Lorca»: AQUÍ
«Emilio Prados: Mar como el mar»: AQUÍ
«Emilio Prados: Nuevo amor»: AQUÍ
«Emilio Prados: Cantar triste»: AQUÍ
«Emilio Prados: Y mi silencio»: AQUÍ
«Emilio Prados: Llegada, a Federico García Lorca»: AQUÍ
«Emilio Prados: Cerré mi puerta al mundo…»: AQUÍ
«Emilio Prados: Encuentro»: AQUÍ
«Emilio Prados: Quiero entrar en tu huerto…»: AQUÍ
«Emilio Prados: Vega en calma»: AQUÍ
«Emilio Prados: Soledad en el alba»: AQUÍ
«Emilio Prados: Cantar del dormido en la yerba»: AQUÍ
«Emilio Prados: Cuando era primavera»: AQUÍ
«Emilio Prados: Negación»: AQUÍ
«Emilio Prados: Reflejo»: AQUÍ
«Emilio Prados: La ciudad»: AQUÍ
«Emilio Prados: Promesa, de Espejo de tres lunas»: AQUÍ
«Emilio Prados: Alba rápida»: AQUÍ
«Emilio Prados: Órbita de mi sueño, de Jardín cerrado»: AQUÍ
«Emilio Prados: El cuerpo en el alba»: AQUÍ
«Emilio Prados: Letanía en la noche, de Mosaico»: AQUÍ
Bibliografía:
Tiempo – Veinte poemas en verso (1925)
Seis estampas para un rompecabezas (1925)
Canciones del farero (1926)
Vuelta (1927)
El misterio del agua (1926-27, publicado en 1954, en Antología)
Cuerpo perseguido (1927-28, publicado en 1946).
La voz cautiva (1932-35)
Andando, andando por el mundo (1931-35)
Calendario completo del pan y del pescado (1933-34)
La tierra que no alienta
Seis estancias
Llanto en la sangre (1933-37)
El llanto subterráneo (1936)
Tres cantos
Homenaje al poeta Federico García Lorca contra su muerte
Romances
Romancero general de la guerra de España
Cancionero menor para los combatientes (1938)
Destino fiel (recopilación de toda su poesía de guerra) – Premio Nacional de Literatura en 1938.
¿Cuàndo volverán? (1936 y 1939).
Época del exilio en México de 1939 a 1962
Memoria del olvido (1940)
Jardín cerrado (1940-46)
Mínima muerte (1944)
Penumbras
Dormido en la yerba (1953)
Río natural (1957)
Circuncisión del sueño (1957)
La piedra escrita (1961)
Signos del ser (1962)
Transparencias (1962)
Cita sin límite (edición póstuma, en 1965

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