Poesia

Gabriel Celaya: La soledad abierta

marzo 18, 2012

«Vivir es fácil y, a veces, casi alegre…»

Recordándole en el aniversario de su nacimiento…

«La soledad abierta»

Siento el olor salobre de la madrugada,
la fruta verde y agria entre los gritos del cuchillo,
o entre los dientes voraces y blanquísimos
de esta luz nueva que estrena su avidez.

Los árboles tienen brazos de amor para la tierra
y brazos extáticos tendidos a lo alto ;
pero el hombre no tiene ni ramas ni raíces
y es un grito que resuena en lo cóncavo vacío.

La arena cruje leve, casi tierna, bajo la planta desnuda,
la hierba es en mi piel como un labio sediento,
las piedrecillas blancas, las rocas y la arcilla
como la grava gris parece que me aman.

Su frío o su aspereza, su humedad, su dulzura
suben como un escalofrío de yedra por mis piernas.
La tierra se extiende abierta a mis brazos,
mas yo sólo la toco con un ansia de salto.

El hombre no, no hunde raíces en lo oscuro,
no siente las larvas, los topos y la muerte,
los mil siglos de hielo, de aliento duro y seco
de los que, dormidos, le esperan en el fondo;

no siente en su silencio los brazos que se alargan,
las uñas que arañan las blanquísimas raíces,
la terquedad obstinada con que un ojo perfora,
como espada de luz, una vida de sombra.

Hay algo denso y callado algo que pesa y vive:
el sueño de la tierna dormida en nuestra carne ;
pero el hombre lo ignora y vive sin raíces
porque nunca ha tocado con pie desnudo el suelo.

Ni ramas, ni raíces, ni la brisa que enreda
un amor tumultuoso en las hojas del sauce,
ni sentir tan siquiera las manos de los muertos
que buscan nuestras manos debajo de la tierra.

Ni ramas en los blancos jardines del alba,
ni ramas sobre el sueño de la virgen dormida,
ni aun de un agua más quieta, ni aun del mismo mar
que a esta hora es el rubio corazón de lo eterno.

En el fondo del cuerpo pesan cien gritos muertos,
pesan como un sueño de sombra amordazada ;
pero no lo retienen, la tierra se le escapa,
y el hombre es una loca cabellera perdida.

Por los ventanales, un día inmaculado,
o por tus mismos ojos, acaso, cuando tiemblas,
por las grietas del alba y la luna aterida
escapa transparente, flotando sin sentido.

¡ Decidme amor perdido, decidme adónde voy !
Un ansia tumultuosa me arrastra por los limbos,
por los límites blancos, más allá de la muerte,
por las fronteras claras de un mar que ya no es mar.

¡ Qué serena tristeza de amor contenido !
¡ Qué silencio en el alma como un veneno dulce !
Sé que bajo mis párpados duermen vidas quietas
que esperan que los abra para volver a ser.

Hay árboles, jardines, casas, pájaros, gritos.
¡ Oh claridad lejana de las tardes de infancia !
hay quizá tamarindos, o nubes, o luz blanca
de una mañana eterna vivida no sé cuándo.

Todo espera tranquilo y soy yo mismo muerto,
yo mismo que he olvidado lo que fui, que reposo
sobre esta dulce ausencia de no sentirme nada,
que es un sentirme todo, que es no sentirme a mí.

Cabellera perdida sin ramas ni raíces
fríamente flotando en los limbos callados
con una suavidad de agua mansa y sin forma,
de agua que así fluye muriendo en negaciones.

¡ Decidme, amores, ansias, decidme lo que quiero,
decidme si es la oscura nostalgia de la tierra
o si es que sueño acaso con praderas ligeras
o si es sencillamente que quiero reposar !

Hay días, hay mañanas en que el aire ¡limitado
me hace todo ramas, cabellera tendida ;
hay otros en que huele la tierra mojada
y me quedo en lo oscuro, raíz estremecida.

Así vivo flotando, flotando sin sentido,
viviendo con la luz, con la tierra y la luz,
obediente a su impulso, negando mi existencia,
matándome o buscando una vida total.

Lo que cruje con ternura, lo que pasa
resbalando en caricia o en huida,
lo que sonríe simplemente, lo que calla,
todo me ofrece el amor en. entrega.

¡ Oh tristeza. serena, dulcísimo silencio,
suave muerte de brisas y de arena !,
con los párpados bajos escucho tu latido,
esa vida infinita que niega nombre y tiempo.

Gabriel Celaya

Rafael Gabriel Juan Múgica Celaya Leceta nació en Hernani, Guipúzcoa, el 18 de marzo de 1911.
Fue uno de los más destacados representantes de la conocida como «poesía comprometida» o «poesía social».
Entre 1927 y 1935 vivió en la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde conoció a Federico García Lorca, entre otros intelectuales que lo llevaron al mundo de la literatura, decidiendo dedicarse a tiempo completo a la poesía.
Durante la Guerra Civil Española combatió en el bando republicano, siendo detenido y recluido en un campo de concentración en Palencia.
En 1946 fundó en San Sebastián, con su inseparable Amparo Gastón, la colección de poesía «Norte», desde entonces abandonó su profesión de ingeniería y su trabajo en la empresa de su familia.
En la década de 1950 se integró en la estética del compromiso, muestra de ello son sus libros «Lo demás es silencio», de 1952 y «Cantos Iberos», de 1955, considerado como la verdadera biblia de la poesía social.
Junto a Eugenio de Nora y Blas de Otero, defendió la idea de una poesía no elitista: «al servicio de las mayorías, para transformar el mundo».
En 1956 obtuvo el Premio de la Crítica por su libro «De claro en claro».
Fue galardonado con el Premio Nacional de las Letras Españolas por el Ministerio de Cultura en 1986.
Murió en Madrid, el 18 de abril de 1991.

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Bibliografía poética:

Marea del silencio, 1935
La soledad cerrada, 1947
Movimientos elementales, 1947
Tranquilamente hablando, 1947 (firmado como Juan de Leceta)
Objetos poéticos, 1948
El principio sin fín, 1949
Se parece al amor, 1949
Las cosas como son, 1949
Deriva, Alicante, 1950
Las cartas boca arriba, 1951
Lo demás es silencio, 1952
Paz y concierto, 1953
Ciento volando (con Amparo Gastón), 1953
Vía muerta, 1954
Cantos iberos, 1955
Coser y cantar (con Amparo Gastón), 1955
De claro en claro, 1956
Entreacto, 1957
Las resistencias del diamante, 1957
Música celestial (con Amparo Gastón), 1958
Cantata en Aleixandre, 1959
El corazón en su sitio, 1959
Para vosotros dos, 1960
Poesía urgente, 1960
La buena vida, 1961
Los poemas de Juan de Leceta, 1961
Rapsodia eúskara, 1961
Episodios nacionales, 1962
Mazorcas, 1962
Versos de otoño, 1963
Dos cantatas, 1963
La linterna sorda, 1964
Baladas y decires vascos, 1965
Lo que faltaba, 1967
Poemas de Rafael Múgica, 1967
Los espejos transparentes, 1968
Canto en lo mío, 1968
Poesías completas, 1969
Operaciones poéticas, 1971
Campos semánticos, 1971
Dirección prohibida, 1973
Función de Uno, 1973
El derecho y el revés, 1973
La hija de Arbigorriya, 1975
Buenos días, buenas noches, 1978
Parte de guerra, 1977
Poesías completas (Tomo I-VI), 1977-80
Iberia sumergida, 1978
Poemas órficos, 1981
Penúltimos poemas, 1982
Cantos y mitos, 1984
Trilogía vasca, 1984
El mundo abierto, 1986
Orígenes – Hastapenak, 1990
Poesías completas, 2001-04

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  • Reply Bitacoras.com marzo 18, 2012 at 12:07 pm

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  • Reply Gabriel Celaya: Momentos felices » Trianarts | Trianarts enero 9, 2013 at 5:57 pm

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  • Reply Gabriel Celaya: Despedida » Trianarts | Trianarts enero 26, 2013 at 10:45 pm

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  • Reply Gabriel Celaya: Quien me habita » Trianarts | Trianarts febrero 5, 2013 at 6:12 pm

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  • Reply Gabriel Celaya: Los otros - Trianarts enero 5, 2016 at 12:29 am

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